¿Legalizar la Cocaína?

Julio Mario Salazar Restrepo

Julio Mario Salazar
Hace una semana el senador Iván Marulanda (con respaldo de congresistas de Cambio Radical y del partido Liberal) presentó un proyecto de ley para regular la producción y distribución de cocaína en Colombia. Clic para tuitear
Julio Mario Salazar

Hace una semana me enteré que el senador Iván Marulanda (con respaldo de congresistas de Cambio Radical y del partido Liberal) presentó un proyecto de ley para regular la producción y distribución de cocaína en Colombia. Su idea es que el estado Colombiano monte un esquema para comprarle toda la producción a los campesinos y así quitarle el negocio a los criminales. En este escenario, se les entrega a los consumidores su dosis (de muy alta calidad y a través del sistema sanitario) para que; según sus palabras, puedan ejercer “el libre desarrollo de su personalidad”.  El resto de la producción campesina (con lo que se puede producir alrededor de 1200 toneladas de producto refinado) se debe usar para armar una oferta de uso medicinal promovida por el estado colombiano. Ya no hay que fumigar, ni hay que tener soldados haciendo incautaciones, y los 3800 muertos al año que alguna vez se estimó causaba la guerra contra las drogas, se acaban de inmediato.

Francamente no sé ni qué hacer con esta propuesta. No sé ni por dónde empezar… pero bueno; son los padres de la patria así que veamos qué es lo que hay que hacer si la ley pasa.

Lo primero es que en el presupuesto de la nación tenemos que crear un rubro para comprar la coca. Según estimé en una columna anterior, las más de 230 mil familias de campesinos que viven de la coca, reciben de los traficantes algo así como 5 billones de pesos al año. Esas cifras habrá que puntualizarlas, pero el orden de magnitudes es correcto.  Esto quiere decir que el estado tendrá que gastarse en 230 mil familias más o menos lo mismo que se gasta para el programa de Ingreso Solidario que cubre 3 millones de familias. Pero bueno, la idea es ser justos y crear un país más igualitario.

Luego, tenemos que lograr que las bandas criminales se crucen de brazos y dejen entrampados a sus 18 millones de clientes en el mundo. “Lo sentimos; ya no conseguimos coca porque los campesinos de Colombia se la vender al estado”. ¡No seamos tan pendejos! Lo que va a pasar es que se arma un mercado negro en el que se sobrepaga la hoja y la pasta de coca.  El estado entraría a competir con los dueños de las rutas a punta de precio, y estos mismos criminales, buscarán cultivar con su propia gente en otras zonas más recónditas. El margen es tan grande, y el precio final que los consumidores pagan es tan inelástico, que igual los traficantes encontrarán la manera de producirla ellos mismos; especialmente si ya no hay ejercito persiguiéndolos. Los colombianos, para seguir con esta absurda idea, tendremos que destinar cada vez más y más recursos del presupuesto nacional para poder acaparar toda la producción de los campesinos sin que esto realmente impida que el negocio continúe.

Al final del día, lo que lograría este proyecto de ley es que Colombia unilateralmente deje de pelear la guerra contra las drogas. Le estaríamos diciendo al resto del mundo: nos cansamos de poner los muertos así que… ¡Jódanse! El honorable congresista Marulanda está convencido que el resto del mundo va a entender que son ellos los reales culpables de todo este rollo porque son ellos los consumidores, y que comprenderán que esto era lo único que Colombia podía hacer. Temas como desertificaciones o sanciones económicas no es importante tenerlas en cuenta dentro de los costos de este proyecto porque los demás países van a seguir poniendo sus varios miles de muertos al año por sobredosis. Van a aceptar el daño psicológico y social a sus ciudadanos; la indolencia motivacional con que los adictos viven, cuadros psicóticos serios y potencialmente irreversibles, la comisión de conductas riesgosas (accidentes de tránsito) y hasta criminales (robos, asaltos, violaciones). El poder geopolítico de Colombia es tan grande que seguro podemos hacer lo que nos dé la gana sin ser penalizados por la comunidad internacional.

Quienes defienden este proyecto hablan de dejar atrás el “moralismo vergonzante”. Dicen que hay que asumir de una vez por todas que Colombia es sinónimo de cocaína… que esa es una realidad con la que tenemos que vivir. Esto es algo con lo que de verdad tampoco sé qué hacer. Yo no sé si es que el tema de valores es diferente entre estos personajes y yo, o si es que soy muy godo y no lo sabía. Pero si a uno le preguntan que qué hace para ganarse la vida, realmente no me parece ni cinco chévere decir que participo en un negocio que mata miles de personas al año y que además es ilegal. Me dirán que es que soy muy privilegiado y puedo darme el lujo de escoger, pero la realidad es que el que quiere ser un pícaro lo es, independientemente de su condición económica. O si no pregúntenle a los de Interbolsa, y a los millones de colombianos de bajos recursos que todos los días toman la decisión de ganarse la vida de manera honesta sin hacerle daño a nadie.

En Colombia hay del orden de 200 mil personas que consumen cocaína. Si lo que pasó al legalizar la marihuana en Estados Unidos es un buen predictor de lo que pasaría al legalizar la coca, estamos hablando de duplicar ese número por cuenta de un respaldo implícito de la sociedad al consumo recreacional… “al libre desarrollo de su personalidad”. Parte de la razón por la que hicimos cuarentenas era para proteger a las personas de hacerse daño a sí mismas. Supongo yo que a los adictos a la cocaína se les puede dejar más a su libre albedrío, y con algo de terapia y educación, se resuelve el problema.

Los defensores de estas ideas dicen que la guerra es completamente inocua y que el combate contra las drogas no ha tenido ningún resultado. Lo que sinceramente me pregunto es ¿Cómo hace uno para ganar una guerra que dejó de pelear? A mí si me parece mucha coincidencia que los actores con los que se negoció la paz hagan parte de los promotores de legalizar la coca. Se suponía que tenían que ayudar a derrotar el narcotráfico una vez entregaran las armas; pero en vez de dar información de sus alianzas con agentes del gobierno venezolano, y de los muchos dueños de rutas internacionales que conocen; su principal iniciativa sea impulsar la producción legal de droga. Aparentemente, lo que quieren es que ese negocio que tanto poder les dio, se vuelva el sello colombiano en el mundo y nuestro mayor aporte a la humanidad.

 

 

Julio Mario Salazar
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Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!