Les salimos a deber

FABIAN MENDOZA A.

@Fabianmendoza 

Les salimos a deber Columna de Fabian Mendoza A. Clic para tuitear

Cada día se confirma todo lo que el uribismo, en cabeza del presidente Álvaro Uribe, pronosticó pasaría si «el mejor acuerdo posible» se implementaba al pie de la letra.

Pero esa visión del expresidente que casi raya en lo profético no es gratis, ni tampoco un presagio producto de la adivinación. Es consecuencia de tener certeza del país que merecemos, de entender lo que implicó alcanzar cada logro institucional, económico, social y de seguridad, y conocer hasta la psiquis de los enemigos de la patria, luego de haberlos combatido y reducido a su mínima expresión, pero, además de entender que los propósitos de los criminales de marras siempre tuvieron una doble intención de satisfacer sus intereses más oscuros, como por décadas los vimos y escuchamos en sus videos grabados en el monte. Para ellos la paz era sólo una pantalla, nunca fue una convicción.

Tenía uno que ser muy, muy, muy… inocente, como ciudadano, para creer que la convicción de paz era la misma del otro lado y no entender, que el simple hecho de que esa fuera la base de la negociación, garantizaría las más profundas y dolorosas decepciones a corto, mediano y largo plazo, como en efecto hoy, estamos padeciendo todos los colombianos.

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Pero esa andanada de situaciones inverosímiles, que ya pasan de lo ridículo para tornarse caóticas, nauseabundas, están superando las predicciones más salvajes que hayamos podido visionar; porque además, con lo que no contábamos era que cada metida de pata, cada grosero incumplimiento, cada acción criminal de los «amigos de la paz» firmantes, no sólo no sería repudiada con contundencia, por aquellos defensores en la civilidad de ese acuerdo de impunidad (ciudadanos, políticos, jueces y medios) al ver esa grotesca tomadura de pelo, sino por el contrario, serían justificadas y vendríamos a ser quienes las advertimos de mil formas, los culpables.

Francamente ya dan grima sus argumentos retorcidos para ocultar que les han visto la cara de ingenuos y la soberbia de no reconocer su error, se estrella con la dura realidad que hoy vivimos.

Dicen que «Duque quiere hundir la paz» al no implementar el acuerdo, solo porque es lo que dice, Iván Márquez, Santrich, Victoria Sandino o Lozada, es decir, le siguen comiendo cuento a los que los engañaron, cuando la realidad es que, en lo que verdaderamente importa, como sería la reinserción de la base guerrillera, en la mitad del tiempo, el presidente Duque ha entregado resultados infinitamente mayores que los que dejó el artífice del adefesio; resultados avalados por la OEA y la ONU, que básicamente certificaron la voluntad del gobierno y su seriedad en proceso de implementación.

Sin embargo, a cambio de reclamar contundentemente a los criminales que decidieron fundar una «segunda Marquetalia», salen con la vulgar argucia dizque de «Ahí tienen la guerra que querían».

Son como esa gente que cuando un hombre defiende a una mujer que no conoce, pero que está siendo ultrajada por otro hombre, generalmente su pareja, le dicen “¡no sea sapo! ¡No se meta en lo que no le importa!” Y si de pronto termina golpeado por defender a la mujer, le dicen “ah vio, ¡eso le pasa por sapo!».

Es exactamente el mismo tipo raciocinio, de ser conscientes que la situación es inaceptable, pero tal vez por indiferencia o cobardía, prefieren que las cosas sigan así, temen levantar su voz. Preferían que los criminales siguieran cultivando coca exponencialmente a enfrentarlos para frenar la disparada en las hectáreas de esa droga. Preferían que la justicia en pleno blindara un criminal reincidente, que protestar por el evidente incumplimiento y preferían no exigir el retiro de todo beneficio a una justicia que solo ha dado muestras de negligencia, o como mínimo de lentitud aberrante en sus decisiones, y hoy, gracias a ese blindaje, a esa lentitud, tenemos un “nuevo” grupo terrorista conspirando en contubernio con el dictador del país vecino, el otrora «garante de la paz», para planear ataques contra nuestra nación.

Mientras que los críticos del acuerdo exponían en la campaña del plebiscito las falencias y peligros de lo que estaba escrito en el documento del pacto de La Habana, pidiendo leerlo en totalidad para no votar engañados, sus defensores, increíble e irresponsablemente, invitaban a no hacerlo («Por favor, no lean el acuerdo» tituló su artículo uno de ellos). Ahora cuando vemos las consecuencias, cuando los que no leyeron descubren lo que advertimos los que sí lo hicimos, les salimos a deber.

De verdad que había que ser muy, muy, muy… ingenuo para creer que una «paz» en la que los criminales podían cultivar coca a sus anchas por todo el territorio, una justicia cómplice, plagada de corrupción y áulicos ideológicos de los «ex» criminales, o “gordis” como los llaman cariñosamente, unos «garantes» dictadores y represores de su propio pueblo, unos políticos con la caradura de pedir limosna, para pagar sus deudas, luego de recién recibir y contar con multimillonarios ingresos y recursos, y un artífice del adefesio que compró medio país y recibió plata de cuanta multinacional se la ofreció, a cambio de millonarios contratos, era la «paz imperfecta» que nos merecíamos luego de 6 décadas de dolor; y entonces, cuando la caja de Pandora se abre, los culpables de todo, no son los que fraguaron y consintieron esa mezcla de negligencia, brutalidad, ingenuidad, corrupción, complicidad y criminalidad, sino que, ¿la culpa es del expresidente Uribe, el presidente Duque y todos los que prendimos las alarmas a tiempo?

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Lo mejor sería que algunos aterricen, y dejen de leer libros como ese de las Venas Abiertas de América, del cual hasta su autor al final de sus días se arrepintió de escribir, y se lean mejor “La Culpa es de la Vaca”, así tal vez aprendan a hacerse responsables de sus decisiones.

Fabian Mendoza Alzate
Acerca de Fabian Mendoza Alzate 14 Articles
Publicista, Máster en Marketing Digital y Comercio Electrónico de la Universidad de Barcelona y la EAE Business School Apasionado por la transformación digital. Escribe en diferentes portales y blogs sobre temas como tecnología, redes sociales o educación, y cuando la ocasión lo amerita, de política.