Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta

David Ghitis

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Los líderes de la izquierda pescan en rio revuelto mientras son ellos los que revuelven el rio. Recordemos que Petro, formó parte de un grupo de personas que asesinaban a quienes pensaban distinto a ellos. Clic para tuitear
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Petro desde su cuenta de Twitter llamó a salir a rodear los CAIs, mensaje que fue ciegamente obedecido por sus seguidores. Esto desembocó en vandalismo y muerte. CAIs quemados en todo el país, buses de transporte masivo incinerados, vitrinas rotas cuando los almacenes y restaurantes están tratando de salir a flote después de una cuarentena que dejó muchos negocios quebrados.

Javier Ordóñez, estudiante de derecho que murió en manos de la policía, fue solo el “florero de Llorente”. Las investigaciones de mensajes en redes sociales llevados a cabo por algunos medios de comunicación muestran una gran organización para llevar a cabo estos disturbios. Grupos anarquistas apoyados por frentes urbanos de FARC y ELN que tienen como meta la desestabilización del estado y apoyar candidaturas de izquierda.

La legislación colombiana es garantista y consagra el derecho a la protesta, pero la izquierda ha logrado camuflar como protesta los actos de vandalismo. Ahora vemos como la Corte Suprema de Justicia decide una tutela y en un exabrupto la Corte decide regular las funciones del ESMAD posiblemente extralimitándose y asumiendo funciones de la Corte Constitucional y del Ministerio de la Defensa.

En paralelo a las protestas que terminaron en violencia y vandalismo, vimos a un grupo de indígenas querer borrar la historia al derribar la estatua a Don Sebastián de Belalcázar, quien fuera nombrado adelantado y gobernador propietario vitalicio de Popayán en 1540. Fundador de Cali, Popayán y Quito. Claro que estos conquistadores españoles trajeron muerte a las comunidades indígenas nativas de los sitios que conquistaban y por eso, casi 500 años después, los indígenas deciden derribar la estatua con el aplauso de la izquierda para la que los actos de vandalismo se pueden justificar. En Colombia, país de leyes, estado de derecho, seguramente no habrían tenido problema en encontrar a más de un abogado dispuesto a llevar ante los tribunales el caso para ordenar el retiro de la estatua o presentar una solicitud para una consulta popular que llevase a remover dicha estatua, pero optaron por un medio menos civilizado y más mediático: el vandalismo.

No hemos visto a líderes de izquierda hacer llamados a parar el vandalismo, por el contrario, los vemos avivando el fuego citando a más marchas. Si le preguntamos a la gente que sale a marchar ellos no saben cuál es el motivo de la convocatoria y cada uno tendrá su propia justificación: Odebrecht, corrupción, las masacres, la no implementación del acuerdo de paz, presionar a la legalización de la droga y mil razones más. Pero ninguna de esas razones puede justificar el vandalismo. Mientras tanto le hacen el juego a quienes saben que esa gente inconforme son los peones que requieren para que voten por los cambios que ellos buscan imponer. Y mientras lo consiguen, no les importa la violencia que sus palabras promueven. La izquierda, representada por personajes oscuros como Gustavo Petro, quienes no reparan en unos actos de violencia. Recordemos que él gustosamente formó parte de un grupo de personas que asesinaban a quienes pensaban distinto a ellos. El respeto a la vida no era exactamente lo que promovían. Hoy no empuña armas, pero sus valores morales siguen siendo los mismos de aquellas épocas.

Los líderes de la izquierda pescan en rio revuelto mientras son ellos los que revuelven el rio.

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Acerca de David Ghitis 56 Articles
Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.