¿Los colectivos colombianos?

Jorge Mario Pérez Solano

Jorge Pérez Solano
ya los tenemos - en la casi extinta democracia colombiana, para reforzar y trasladar esa modalidad sediciosa y criminal que ya nos acompañan cada noche en las revueltas con asaltos armados Clic para tuitear
Jorge Pérez Solano

Con ocasión a un almuerzo familiar, fuimos sorprendidos con las crudas palabras de quien en su vasta experiencia como profesional en preescolar y estudios de especialización y maestría, le tocó huir del régimen del coronel y del “busetero”, para dedicarse en Colombia a la encomiable labor de servicios generales y sostener a su familia desde la distancia, agregándonos en el postre, que los recientes hechos de violencia originados por la muerte de un abogado por la policía y que desencadenaron ese vandalismo y terrorismo en Bogotá y en otras ciudades, resultan con los mismos antecedentes y tintes con que empezó la revolución bolivariana del hermano país.

Para nadie es un secreto, nos reiteraba esa venezolana, que el entonces presidente Hugo Chávez para consolidar su fracasada propuesta, tuvo que recurrir al reclutamiento de cientos de jóvenes venezolanos y de todas las edades, entregándoles armas, comunicaciones, transporte y la vigilancia estricta de algunas zonas e impidiendo el ingreso de las fuerzas del orden, contrarrestando con amenazas e infundiendo terror en esa población que creía que eran simples pataletas de muchachos afectados por la pubertad y la notable huerfanidad familiar con innumerables resentimientos.

Asimismo, nos manifestaba, que ese llamado a reforzar la ideología revolucionaria, se extendió entre las asociaciones culturales, artísticas y de diversidad sexual, con idénticas conveniencias de luchas de rechazo contra el supuesto régimen autoritario de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, discriminatorio de los derechos y libertades, y en efecto, estaban dispuestos a prorrogar la doctrina a cualquier precio entre las comunidades barriales y educativas, sin importar los costos axiológicos y ontológicos.

Igualmente, nos indicaba que ella fue objeto de la insistencia de algunos compañeros universitarios de tomar las riendas de la desestabilización institucional y social, para presionar el subsidio en contravención de la reivindicación laboral, sin exigir tanto esfuerzo de las fuerzas propias, porque era el estado quien debía solventar la deuda impagable con sus estudiantes. Hoy ellos, dice la intérprete, están muertos por esos que los incitaron a su revuelta.

En ese mismo orden, nos relataba que la tarea también se dirigió a las cárceles, buscando criminales condenados para acusar a inocentes y generar una rápida captura de los opositores, como pretexto entre infinitas denuncias sistemáticas sin fundamento, permitiendo capturar y sacar del camino a los que entorpecían los deseos de Hugo Chávez, sea con la ayuda de jueces y magistrados o de tribunales, listos a encarcelar todo lo que “apestara” en contra del mismo sistema.

Sin embargo, sigue siendo una metáfora esa relación entre la trágica historia del vecino con los recientes acontecimientos que se han venido denunciando por años, con la relación perversa entre la conyuntura del viejo discurso de la guerra fría, mezclado con coca y terrorismo, en contraposición con lo que insisten e insistimos, en qué más pronto que tarde, los deseos de foros e ideologías trasladas al zoom, están haciendo eco y metástasis en la débil institucionalidad colombiana.

Lo curioso es, que las Naciones Unidas y Human Rights Watch, en el pasado habían comulgado con esos colectivos, porque eran envidiables los apoyos a sus comunidades en la implementación de programas gubernamentales y de asistencia, pero, infortunadamente, no atendieron las advertencias de los verdaderos perseguidos, que esos colectivos, además de realizar actividades de vigilancia e inteligencia para las autoridades, se fueron convirtiendo en verdaderos grupos armados, que hoy no están ni en el radar y mucho menos en el control de Nicolas Maduro, ni de las fuerzas armadas venezolanas. Naciones Unidas y Human Rights Watch guardan silencio.

Solo falta un protagonista, unos protagonistas – ya los tenemos – en la casi extinta democracia colombiana, para reforzar y trasladar esa modalidad sediciosa y criminal que ya nos acompañan cada noche en las revueltas con asaltos armados y quemas de buses, auspiciados por dirigentes cercanos al narcogobierno de castro y compañía en Latinoamérica, con administraciones improvisadas que insisten en trasladar sus ineptitudes y fracasos en terceros, pagando cuñas y posiciones en medios que no existen por el monopolio criminal de la dictadura.

Procuremos que no sea tarde, como nos terminó de contar nuestra amiga venezolana, para no convertirnos en la eterna lamentación de los que hoy con infinitos títulos y bienestar de otrora, están añorando regresar el tiempo para no caer en los cantos de mentiras en que muchos están cayendo en el país.

Que no sea como solía decir James Russell Lowell: “una espina de experiencia vale más que un bosque de advertencias”.

JORGE MARIO PEREZ SOLANO
Acerca de JORGE MARIO PEREZ SOLANO 27 Articles
Abogado,Especialista En Derecho Administrativo, ha sido asesor y consultor en el sector nacional y territorial socio en Safey & Lawyers SAS - Bogota. Fue columnista en el hoy diario del magdalena, bloguero en kienyke,columnista en seguimiento.co. Samario de nacimiento,Barranquillero y Bogotano por adopción;su domicilio y residencia están en Bogotá y Barranquilla