Los ojos de la oscuridad, ¿un libro premonitorio?

J. Sebastián Gutiérrez Herrán

@SebastianGutih1 

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Causa por estos días de total aislamiento y cuarentena, el huroneo permanente por un libro, a tal punto que se ha disparado en ventas las últimas 2 semanas, hablo pues de un escrito de hace 40 años, más específicamente 1981, del escritor Norteamericano Dean Koontz; se trata entonces de la novela “Los ojos de la oscuridad” (cuyo título original en inglés: The eyes of the darkness) y que narra como historia paralela a la central el caso de un virus creado en laboratorios Soviéticos llamado “Gorki-400” y que sería un arma biológica para enfrentar el mundo occidental y el control poblacional; causa escozor esta novela que raya dentro de la ciencia ficción ya que posteriormente en su desarrollo y ediciones posteriores a 1989 (con la caída del muro de Berlín) como el mismo texto se adapta y cambia algunos elementos, por ejemplo, el virus ya no sería propiamente Ruso sino que tendría un origen Chino, y es más interesante aún porqué habla explícitamente de la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei al sur oriente de esta enorme nación Asiática, y es entonces motivo de asombro no solo por la especificidad geográfica que nombra el libro sino también por los elementos condensados en la cronología de la historia, donde es también una coincidencia premonitoria el hecho de que el año que transcurran los sucesos sea el particular 2020 de nuestros días.

También es motivo de curiosidad que las ediciones posteriores de dicho libro (los ojos de la oscuridad) a 1991 tengan como nombre de dicho virus “WUHAN-400”, una clara muestra de la especificidad casi que genial que plasma el autor para categorizar dicha arma biológica. Sé qué muchos de antemano se preguntaran por qué la ambigüedad de un tema sobre un simple libro de ciencia ficción que curiosamente, paralelamente coincide en gran medida con sucesos reales que casi 40 años después estamos viviendo. Pues bien me permito dar una respuesta amplia y aclaratoria que surge de las reflexiones propias de estos días de cuarentena:

En primera instancia no seré yo gran amigo de las ideas conspiracioncitas y esa entelequia de recursos narrativos y discursivos distopicos que buscan explicar la realidad de las cosas, con elementos como la tierra hueca, los reptilianos, los illuminati o esas cosas. Trato de encaminar esta columna por el sendero de una reflexión sobre la naturaleza misma de la literatura de ciencia ficción como recurso premonitorio. Algunas veces en redes vemos las conjeturas de algunos hablando de la serie animada, los Simpson, o la clásica Star Trek y de su carácter casi que adivinatorio sobre ciertos hechos y procesos históricos; pero hay que ir más allá y pensar sobre el fenómeno que hoy por hoy nos toca directamente, y no estaría de más ni mal punto plantearse preguntas hipotéticas, el juicio de valor sobre si son descabelladas o no lo tiene cada uno particularmente. -Puede ser un arma biológica que se salió de control el COVID-19? Puede la ficción superar o encontrarse, coincidir en algún momento con la realidad? – Como termina esta pandemia del COVID-19? Lograremos sobrevivir? 

Muchos de estos cuestionamientos nos abordan en nuestro confinamiento, nos atañen cada día de estos que vivimos, en nuestros hogares, nos asfixian en las noches y algunos casi que nos roba de los brazos de Morfeo, es entonces donde el insomnio, la zozobra y la imaginación empiezan a ser amos y señores de nuestras mentes atónitas y expectantes al fenómeno único que vive la realidad mundial en este momento. 

J Sebastian Gutierrez Herran
Acerca de J Sebastian Gutierrez Herran 77 Articles
Padre de Viko, nieto de Flaminio Herrán. Caldense por fortuna de Dios; Padre Manizaleño y Madre del oriente de Caldas. Coaching en Trabajador Social empresarial y organizacional. Tres años de experiencia laboral en el sector privado y un año en proyectos del sector público. Aficionado amateur de la filosofía-política, la Historia, la sociología el Derecho. Me gusta el cine clásico de John Wayne, Ford y Clint Eastwood. Amante de la música de Vikernes, Piazzolla y Antonio Aguilar.