Los secretos de la cumbre uribista

MILLER SOTO

@millersoto

Los secretos de la cumbre uribista Columna de Miller Soto Clic para tuitear

Miller Soto Columnista

A propósito de la inquietud de algunos con la reunión de tuiteros uribistas el pasado 5 de septiembre en un bello lugar de la capital, revelaré -en primicia- los detalles más relevantes de ese escabroso encuentro y develaré la identidad de varios de los asistentes y su respectivo rol.
Me perdonarán mis colegas de la secta secreta por transgredir la reserva de nuestro nefasto encuentro; pero a decir verdad, tantas conspiraciones juntas me dejaron traumas que sólo podré superar sacándolos a flote.
La reunión empezó a eso de las 10:00 am. Todo parecía normal, aunque inquietaba un poco desconocer su propósito. Cada uno de los asistentes, a excepción mía, se sentó en una de las sillas acomodadas tipo teatro; yo, en cambio, que llevé mi propio trono, me limité a parquearlo en primera fila. Ya acomodados y en silencio, tomó la palabra un hombre de ojos azules cuyo nombre no recuerdo. Su mirada penetrante y malévola hacía juego con un discurso bárbaramente guerrerista. Me puso los pelos de punta. Sentí escalofríos. Entre las cosas que dijo, no se me olvidará nunca (tiemblo al recordarlo) la premisa con la que arrancó esa terrible mañana:—¡Señores tuiteros, vamos a tuitear con decencia! —¡Por Dios!, exclamé interiormente. —¿Qué es esto?, me pregunté. Y pensar que ese era sólo el comienzo. ¿Cómo es posible que a alguien se le ocurra incitarnos a ser decentes?
Para resumirles la historia, les cuento que todo se fue poniendo más espeluznante. El señor de ojos azules, que era uno de los panelistas (los demás también lo éramos, pues todos comimos panela), nos dio la instrucción de asumir un papel en la batalla tuitera de acuerdo a nuestros respectivos perfiles. Se preguntarán Ustedes cuál batalla; pues bien, resulta que el principal objetivo de nuestra causa es acabar con todas y todos las abejas, los abejos, los aguacates y las aguacates de este país. Pero no se preocupen veganas, veganos, animalistas y animalistos; no se trata de una batalla real sino virtual. Una batalla en el marco de la cual llamaremos ‘bots’ a nuestros vulgares enemigos.
La ejecución de tamaña tarea, pone en peligro el espectro cibernético de buena parte de nuestra Colombia tuitera. Es una gran amenaza para líderes como Petro y áulicos como Gustavo Bolívar. Una lucha, aunque muy difícil, nada imposible para quien está determinado (eso nos decían para motivarnos).
Entre los asistentes, había un carpintero de nombre Argiro, un hombre aficionado a los caballos que se comprometió a construir cinco mil drones de caoba para la búsqueda de ‘bots malhablados’ y la vigilancia de las bodegas petristas. También asistió un actor de apellido Cárdenas cuya presencia puso en evidencia su destreza para atraer al enemigo, pues no habría uno solo que no sucumba ante la tentación de tomarse una selfie con él o de putearlo (recuerden que al enemigo es mejor tenerlo cerca). Otro de los asistentes fue el abuelo emberracado, un anciano que camina chueco al que se le asignó la tarea de identificar a los ‘bots’ más indecentes. En fin, a cada uno se le asignó una tarea.
Durante la reunión, nos brindaron costosísimos platillos y suculentos postres. Fueron tres pausas que nos permitieron oxigenarnos, pues tantas instrucciones nos dejaban exhaustos. En medio de una de las pausas nos hicimos un par de fotos en grupo. Todo ese ejército tuitero hizo un enorme esfuerzo para sonreír ante las cámaras. No fue fácil dado que el terror carcomía nuestras entrañas. Al final lo logramos y le enviamos una foto al Presidente Uribe, que decidió publicarla en twitter a pesar de que lo amenazamos para que no lo hiciera. Pero ya saben cómo es, paga’o de su gusto.
Ani Abello, John Milton, Sergio Araújo, Juan M. Jaramillo, los hermanos Sanín, Mónica Soto, Lina García, Sofy Casas, El Republicano, Fénix, la mujer del vino y yo, entre otros, la pasamos muy mal. Difícilmente superaremos las impresiones que nos dejó ese encuentro plagado de amabilidad y buenas intenciones.
Nota final: hablé con Argiro. Aún no lo supera. Lleva cinco días comiendo chicharrón porque quiere olvidar el salmón. Pobre. (Lo importante es que ya está haciendo los drones de caoba).

hablé con Argiro. Aún no lo supera. Lleva cinco días comiendo chicharrón porque quiere olvidar el salmón. Pobre. (Lo importante es que ya está haciendo los drones de caoba). Clic para tuitear

Miller Soto
Acerca de Miller Soto 9 Articles
Miller Soto es un abogado guajiro-barranquillero de 42 años que ha dedicado su vida a la política y a la docencia universitaria. A sus 15 años, en La Guajira, fue víctima de un secuestro en cuyo rescate hubo un enfrentamiento armado entre las autoridades y sus captores haciéndolo blanco de un disparo que afectó su columna dejándolo parapléjico. Estudió Derecho en Barranquilla, ciudad que lo convirtió en el Concejal más joven de su historia (19 años) permaneciendo allí tres periodos consecutivos. En el año 2003 viajó a Italia para adelantar estudios de posgrado. Allí vivió ocho años en los que despertó su pasión por el estudio y la docencia, regresando a Colombia después de terminar su doctorado. Actualmente se desempeña como profesor universitario, columnista, consultor y activista político. Próximamente, será publicada su primer libro bajo el título “La batalla por la paz”.