Masacres: ¡Es la coca, estúpidos!

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero

'Es la coca, estúpidos', el combustible que desde los años 80 mueve el conflicto en Colombia, desplazando otras economías ilegales que combinan con destreza, como 'todas las formas de lucha'. Clic para tuitear

Robert Posada Rosero

Como no hay manera de hacerle entender a una franja del país el origen de las masacres, solo nos queda parafrasear la célebre frase de James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton, quien aclaró con atino,  ‘Es la economía, estúpido’, en la exitosa campaña que en 1992 le dio la presidencia de los Estados Unidos.

‘Es la coca, estúpidos’, el combustible que desde los años 80 mueve el conflicto en Colombia, desplazando otras economías ilegales como el secuestro, la extorsión, el robo de tierras y ganado, la marihuana y la minería ilegal, entre otras economías ilegales que combinan con destreza, como ‘todas las formas de lucha’.

El mismo combustible que le ha permitido subsistir a la dictadura cubana después de la caída de la Unión Soviética, no por nada el Cartel de la Habana es uno de los más antiguos, aliado en su momento con personajes como Carlos Lehder, Pablo Escobar y Manuel Antonio Noriega, entre muchos otros, sociedades que van renovando hasta nuestros días.

De ahí que en la claudicación de Colombia ante las Farc en el mal llamado proceso de paz de La Habana, plan ejecutado con filigrana por el tartufo Juan Manuel Santos guiado de la mano por su hermano Enrique Santos, la aspersión aérea de cultivos con glifosato fue un inamovible, ni Farc, ni el Cartel de los Soles y mucho menos Fidel Castro, iban a renunciar a esa lucrativa fuente de divisas.

Quieren hablar de ‘guerra’, pues bien hagámoslo, pero no es contra el Estado Colombiano, es por el control de la droga y del poder, la droga es el fin y el poder el medio para conservar el negocio, las Farc con sus ideólogos a la cabeza y sus aliados quieren los dos, un anhelo que empezó a volverse realizable con la irrupción e influencia de Hugo Chávez en Latinoamérica.

Sus impulsores saben que nunca antes como hoy han estado más cerca de lograrlo, Alfonso Cano al frente del PC3 hizo bien la tarea, logrando infiltrar a todos los estamentos de la sociedad colombiana: ya tuvieron entre los suyos un presidente, dos fiscales generales de la nación, magistrados, jueces, fiscales, periodistas y hasta miembros de la Fuerza Pública, por ello ahora quieren ir por todo.

El muro de contención que se los ha impedido es Álvaro Uribe Vélez, y hoy creen tenerlo arrinconado, derrotado, vencido, lo que los impulsa a no escatimar en gastos económicos y métodos para lograr su cometido, un objetivo que en sus cálculos les dejaría el camino libre para implantar el modelo soñado, el mismo que empobreció a Cuba y Venezuela, solo por hablar de la región.

En esa estrategia resulta rentable para sus fines debilitar al Estado, capitalizando el repudio generalizado al señalar al gobierno de Iván Duque como responsable del regreso de las masacres, tal como lo hicieron con los falsos positivos en el gobierno Uribe, se trata de mover la opinión pública a su favor desviando la atención del verdadero problema.

Así que dejemos la hipocresía y los falsos moralismos, y llamemos las cosas por su nombre, las masacres son responsabilidad de grupos armados ilegales dedicados al narcotráfico o al servicio de los narcos, y casi en la misma medida de quienes los defienden y de un Estado débil que timorato abandonó la seguridad democrática y les otorgó impunidad.

Las cifras no mienten, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito,  en 2019 el área sembrada de cultivos ilícitos se redujo en 9% respecto al 2018, es decir, el país pasó de 169.000 a 154.000 hectáreas sembradas, pero persiste la elaboración de estupefacientes, al punto que en 2019 el potencial de producción de clorhidrato de cocaína pura se estimó en 1.137 toneladas métricas, un aumento de 1,5% frente al año anterior.

Y a que no adivinan qué territorios de Colombia son los más afectados por la presencia de cultivos y de grupos criminales que se pelean su control: Nariño, Cauca, Valle del Cauca, Norte de Santander, Arauca, Antioquia y Putumayo, los primeros cinco departamentos, donde vaya coincidencia, se registraron las últimas masacres, un dato que no puede pasar desapercibido ni ser ignorado.

Así que no insistan en buscar el muerto río arriba, ‘Es la coca, estúpidos’, negocio cuyo control es responsable de la masacre de Llano Verde en Cali y de miles de asesinatos a lo largo y ancho del país, del deterioro de las familias, la inseguridad en las ciudades, la corrupción galopante, el desprestigio de la justicia y de la pérdida de nuestro principal capital, nuestros jóvenes.

¡Es la coca, estúpidos!

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 19 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.