Menos Egoísmo en los tiempos del Covid

Julio Mario Salazar Restrepo

Julio Mario Salazar
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Julio Mario Salazar

Dos temas de esta semana me llamaron mucho la atención: representan dos maneras diferentes de enfrentar problemas globales y nuestra capacidad de cooperar o no como seres de una misma especie. Por el lado positivo, la Unión Europea llegó a un acuerdo para solidarizar entre los países miembros, el riesgo crediticio de la deuda que se necesita para financiar los trastornos económicos de la pandemia. Por el lado negativo, la competencia entre países que nos anuncia Luis Guillermo Plata, existe ya por conseguir las dosis requeridas de la vacuna contra el Covid-19. Ese acuerdo europeo me da esperanzas; la carrera por el control de la vacuna, me genera pavor. 

Después de la que fue catalogada como la reunión más larga en la historia del Consejo Europeo (se tomaron 5 días deliberando) llegaron a un acuerdo que sienta un precedente importantísimo: La Unión Europea, actuando como un solo bloque, responderá de manera solidaria por la deuda que se emitirá por 750 mil millones de euros. Lo más importante del asunto, es que esa plata se repartirá entre los países miembros que más la necesiten para contrarrestar los estragos de la pandemia. Es como si Colombia pide plata prestada emitiendo bonos que inversionistas internacionales compran bajo la promesa de unos intereses y una eventual devolución del capital que el estado colombiano respalda; pero la plata se usa para atender una emergencia en el eje cafetero. El hecho de que sea el estado colombiano y no el departamento del Quindío quien respalda la deuda, da mucha más confianza a los inversionistas y por tanto la plata que se necesita sale mucho más barata. El eje cafetero no son quindianos o risaraldenses: son colombianos. 

Hasta hace unos meses, esto era un escenario imposible. Los países “frugales” se rehusaban a ser codeudores de los países “despilfarradores”. Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria se preguntaban por qué tenían que, siendo ellos tan juiciosos y ahorrativos, respaldar a España, Italia y Grecia que no son capaces de mantener un déficit fiscal decente. Y estos últimos, abogaban por una unión que busca solidaridad entre los pueblos y el hecho de que juntos somos más fuertes. La idea de la unión es que gracias a ella, todos los países tienen acceso a un mercado común que, por ejemplo, permite a los productores de Dinamarca venderle a clientes en Madrid en las mismas condiciones como venden en Copenhague. Economías de escala, más oportunidades de empleo, mayor poder geopolítico… son muchos los beneficios de estar unidos. Unión que solo es factible si la integración es tal que se piensa como “nosotros los europeos”, y no como, “ellos los daneses”, “ellos los españoles”. Es el escenario gana-gana ideal siempre y cuando nadie se defina como un grupo de quien se está abusando; error que cometió una parte del pueblo inglés al dejarse convencer de los políticos populistas de que el Reino Unido estaba siendo manoseado por la Unión Europea para tomar ventaja de ellos. 

Sobre el reciente acuerdo, hicieron bien los europeos en poner una pequeña restricción sobre la forma como se gaste el dinero, de manera que sea verificado por un comité controlado por los frugales. De esta forma, los populistas holandeses no pueden salir a vociferar que se les entregó un cheque en blanco a los españoles.

Fue una negociación difícil, pero sin duda, cuando se logran estos acuerdos, el mundo progresa. En cambio, cuando prima el egoísmo, como especie perdemos. Es natural que cada individuo, grupo o nación, jale para su lado y que defienda sus intereses; pero cuando se abusa de ese comportamiento y los demás toman nota, la humanidad pierde. Esa actitud de primero nosotros, segundo nosotros, y tratemos de que lo que sobre, también para nosotros; lo único que logra es que las partes que negocian se enrranchen en su posición y los problemas comunes nunca tengan espacio para ser atendidos. 

¿Qué tanto estamos listos como especie para enfrentar las grandes amenazas que ya acechan a la humanidad para los próximos 50 años? El calentamiento global, la falta de empleos (que tantos se perderán por los avances tecnológicos con robótica e Inteligencia artificial), y la creciente desigualdad en la riqueza y acceso al poder político; son temas que si no somos capaces de enfrentar con un enfoque solidario y cooperativo, harán que vivamos una muy tumultuosa segunda parte del siglo XXI con unas consecuencias imprevisibles. No se me ocurre un eslogan de campaña más dañino para la historia de la humanidad que el “Put America First” de Donald Trump. Si eso lo hace Nicaragua, pues como que no tiene tanto problema, pero que lo haga el presidente del país más poderoso y aventajado del planeta, ya nos deja en situación de apague y vámonos. No hay forma más rápida de acabar la confianza entre partes que tienen que llegar a un acuerdo, que decir en voz alta: yo vengo primero y usted después. 

Estados Unidos pagó a la alianza Pfizer-Biontech 1.950 millones de dólares para garantizar que a ellos se les entreguen las primeras 100 millones de dosis de una posible vacuna. Lo mismo hicieron con el tratamiento Remdesivir acaparando el 90% de las existencias mundiales. Y los que no tengan plata para pagar, pues que se jodan… ¡Así no es! Si el virus queda vivo en otros países, pues tarde o temprano se regresa a los Estados Unidos. En un mundo globalizado no hay como aislarse por completo: el problema es común y por tanto la solución tiene que ser común. Pero la gente es egoísta y vota por el que “me va a poner a mi primero”, así ganó el Brexit y así obtuvimos 4 años de Trump; y es así como los pueblos se hacen daño así mismos pensando que el egoísmo es una solución sostenible. 

Una solución multilateral es aquella en la que todos los países aportan al fondo Covax (cuyo objetivo es “garantizar un acceso rápido, justo y equitativo a las vacunas covid-19 para todos los países del mundo, ricos y pobres”) y luego, todas las existencias de la vacuna quedan centralizadas y se reparten proporcionalmente al número de casos en cada país, con énfasis en los mayores focos de infección. Esta es sin duda la manera más eficiente de acabar con la enfermedad en todo el planeta. Hay que mirar más hacia la Europa de Merkel y Macron, y menos hacia la América de Trump. 

Julio Mario Salazar
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Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!