Mi conocimiento de las Farc y Uribe no es virtual

Robert Posada Rosero

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Mi conocimiento de las Farc y Uribe no es virtual. Por Robert Posada R. Clic para tuitear

Robert Posada Rosero

Reconocer el legado del ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez y su rescate del país y pedir un trato justo de parte de una justicia que ha dado muestras inequívocas de parcialidad y actuar afín a la agenda política e ideológica de las Farc y la izquierda radical es suficiente para ser tildado de uribestia y paraco.

Para hablar claro, no milito en el Centro Democrático ni me considero uribista, lo que sí puedo afirmar con orgullo es que comulgo con principios de derecha como el respeto por la autoridad, la institucionalidad, el orden, la libre empresa y la libertad con apego a la ley y las normas.

Aclarado este punto para los miles de contradictores (insultadores) que pretenden conocer la historia del país a través de memes o publicaciones abiertamente afines a las guerrillas y partidos de izquierda radical, que no presentan un respaldo histórico real, haré un recuento de mi experiencia con las Farc y lo que representó Uribe para los colombianos.

Corría el año 2003, trabajaba en el diario El Liberal de Popayán, Cauca, cuando recibí una llamada de la esposa de mi hermano, quien atacada en llanto me informaba que acababa de ser secuestrado por el frente 22 de las Farc con presencia en Cundinamarca, y específicamente en Anolaima, población donde está ubicada la finca en la que lo secuestraron.

Intentaba disfrutar un fin de semana de campo con su esposa, su hijita de solo 2 años y dos amigos más, pues a último momento el dueño de la propiedad, quien lo invitó, no pudo ir por compromisos laborales de última hora. De este lugar, muy cerca de Bogotá, lo sacaron hombres armados con fusiles y pistolas automáticas al mando de alias ‘Tatareto’.

Previendo lo peor y en contra de la posición de mi cuñada, a quien advirtieron que si denunciaba lo mataban, reporté su secuestro al Gaula Ejército, mientras con uno de mis hermanos decidimos poner en venta, a sus espaldas, la casa de mi mamá, único bien que poseía la familia en ese momento, para intentar reunir la suma que exigían por su liberación.

La intermediación ante el propio presidente Uribe de Ignacio Cruz, accionista del periódico y del ex ministro de Trabajo y Defensa Guillermo Alberto González, director, lograron mover de manera oportuna y efectiva a las autoridades, reacción que hizo el milagro de devolvérnoslo a salvo al seno de nuestra familia.

Durante los casi tres años que trabajé en el Cauca, contrariando las recomendaciones de mis jefes y compañeros, cada 15 días me jugaba la libertad y la vida viajando por carretera desde Popayán a Cali para pasar uno o dos días con mi familia, desafiando las llamadas pescas milagrosas, que no eran otra cosa que retenes armados de esta guerrilla para secuestrar indefensos ciudadanos.

No era la primera vez que conocía del accionar de los criminales de las Farc, nací en el corregimiento de La Moralia, a 25 minutos del casco urbano de Tuluá, y desde niño era consciente de su presencia en Monteloro, un corregimiento ubicado muy cerca de este lugar y que era territorio vedado para policías y militares.

Con los años la presencia de los farcos se extendió montaña abajo hasta los corregimientos de Venus y La Moralia, donde hoy son amos y señores, incluso llegaron a hostigar el puesto de policía de La Marina y hasta la Estación Tuluá, sumando desplazados, ajusticiamientos, despojos de tierras y muertes en su avanzada, situación que se agravó con la llegada de los AUC a la zona.

Podría hacer una lista interminable con las personas desplazadas o asesinadas por las Farc en la zona, donde hoy alias Pablo Catatumbo dicen posee una inmensa finca, tierras que dudo haya adquirido de manera legal, empero se dieron mañas para ubicar en el caserío de La Moralia un monumento a la memoria de las víctimas de la arremetida paramilitar, dejando para la posteridad y las nuevas generaciones las memorias de sólo una versión de la historia.

Mi padre, Santiago Posada Posada, además fue asesinado en un supermercado de su propiedad en Tuluá, por criminales que al igual que los hoy congresistas de las Farc y sus pares ‘Paras’ también desprecian la legalidad como forma de subsistencia y no tienen miramientos en arrancarle la vida a cualquiera que no acceda a sus pretensiones.

Todas estas experiencias me dan derecho a expresar libremente la Verdad que viví y sufrí en carne propia y controvertir con respeto la posición de quienes quieren creer la versión fraccionada, mentirosa e ideologizada que repiten responsables de execrables crímenes cometidos bajo el ropaje de subversivos, de manera que cualquier esfuerzo por convencerme de su corta y miserable visión de país se estrellará siempre con las convicciones de quien conoce la Historia.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 19 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.