Mingueros: terratenientes dedicados al ocio y la contemplación

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
Los indígenas, por lo menos algunos en el Cauca, no sólo son terratenientes sino que se dedican al ocio y la contemplación de unas tierras que son altamente productivas para narcos y quienes se las alquilan o son sus socios. Clic para tuitear
Robert Posada Rosero

El pasado viernes varios medios de comunicación llenaron sus canales de twitter con titulares que rezaban que desde el partido de gobierno, el Centro Democrático, habían tildado de terratenientes a los indígenas que participaban de la Minga que llegó a la capital del país proveniente del Cauca.

Noticias Caracol tituló: El uribismo arremete contra la minga indígena: dice que son terratenientes. Titular que se repitió en varios medios sin que se profundizara en el tema, como si el interés fuera echar combustible a una protesta que cada vez adquiría más visos de manifestación política y menos de movilización con fines de reivindicaciones sociales.

Titulares y desarrollo de las notas se limitaron confrontar posiciones de lado y lado, privando a los lectores de información que permitiera hacer su propio juicio de valor sobre la realidad de esas comunidades que se desplazaban en chivas y hasta camionetas de alta gama por la vía Panamericana, como si lo único que pretendieran es llevar a sus públicos a tomar posiciones emocionales en favor de una minoría estigmatizada.

Ahondando en el tema, el diario económico La República, en publicación del 14 de octubre, indicó que ni la propia academia conoce cuál es el aporte de los 767 resguardos oficiales y reconocidos por el gobierno a la economía local y nacional, datos que son relevantes para iniciar cualquier diálogo serio sobre las condiciones socio económicas de cualquier comunidad.

El periódico además recogió el reporte de la Agencia Nacional de Tierras, ANT, según el cual las comunidades indígenas tienen 28,9 millones de hectáreas al corte del primer semestre de 2020. Es decir, 25,3% del total nacional, una cuarta parte del territorio, teniendo en cuenta que Colombia posee una extensión de 114 millones de hectáreas, cantidad de tierra que se divide, en su mayoría, entre los resguardos que hoy reclaman atención.

Otros medios informaron que a la fecha el gobierno ha cumplido con el 82% de la asignación presupuestal pactada en acuerdos anteriores; lo cual fue ratificado por los líderes de la minga en la reunión con los ministros. Las cifras son considerables: en 2019, la inversión fue de 93 mil millones, en 2020 fue de 250 mil millones y en 2021 será superior a los 296 mil millones.

Estos datos, verificables, llevan a cualquier lector desprevenido a cuestionarse cuál es el verdadero objetivo de una movilización indígena, que curiosamente coincidiría con el llamado de facciones de la izquierda radical a un paro nacional para desestabilizar a un gobierno elegido democráticamente.

Pero como se trata de encontrar cualquier disculpa que justifique este caos en medio de la peor pandemia de los últimos años en el mundo, también se esboza como arma de lucha y movilización el reclamo por la responsabilidad en las masacres de los últimos años, sin que el gobierno Santos o el de Duque hayan podido hacer algo para evitarlo.

Frente a este doloroso panorama gobierno, ONG y expertos en conflicto, coinciden en que la causa es el narcotráfico y las disputas entre grupos ilegales como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, el ELN y las mal llamadas disidencias de las Farc, para dominar la economía y hasta la política en los territorios ante la ausencia del Estado.

Aquí vuelve y se complica el asunto, pues no se entiende que los responsables de los atroces crímenes encuentren laxitud en los líderes de la Minga Indígena y sus participantes para dejar infiltrar su protesta por elenos y farcos, como denunciaron las autoridades tras la interceptación de comunicaciones radiales a alias ‘El Paisa’, uno de los antiguos desmovilizados que siguió en armas.

La denuncia no es menor, si se tiene en cuenta que los indígenas en el Cauca expulsan de sus territorios, es decir, los resguardos en donde son autoridad, a los miembros de la Fuerza Pública, en donde paradójicamente se encuentran sembradas 17.356 hectáreas de matas de coca, según informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en Colombia; cultivos que alternan con el cultivo de cánnabis.

Esta realidad también debería estar en la agenda nacional, de la Minga, y los grandes medios, ignorarlo es hacerle el juego a los grupos armados ilegales y los incendiarios que alientan el caos y la violencia a través del discurso de odio contra el gobierno nacional, las instituciones y la empresa privada, mientras el país se desangra en medio de un conflicto que encuentra el combustible que lo mantiene ardiendo en los narcocultivos y otras economías ilegales.

Este amplio panorama nos lleva a pensar, que los indígenas, por lo menos algunos en el Cauca, no sólo son terratenientes sino que se dedican al ocio y la contemplación de unas tierras que son altamente productivas para narcos y quienes se las alquilan o son sus socios, con las consecuencias ya conocidas.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 25 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.