Mujeres en las Farc: Un infierno del que pocos hablan

Jennifer Arias Falla

Jennifer Arias Falla
las Farc deberían conmemorar estas fechas contando la verdad, indemnizando sus víctimas y garantizando la no repetición. Porque una infamia como esa no puede volver a ocurrir. Clic para tuitear

 

 

El pasado 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, es una fecha en la que resaltamos su rol en la sociedad, sus logros, sus luchas, y por supuesto, rechazamos la desigualdad que ha soportado el género a lo largo de la historia. Paradójicamente, ese día las FARC, o «Comunes» como se hacen llamar ahora, escribieron en su cuenta de Twitter un trino que dice: “Los derechos sexuales también son derechos humanos”

Pocas veces siente uno tanta repugnancia, como cuando un criminal pretende fungir de redentor, y eso fue lo que sentí ese día. Confieso que leer esta frase, que esconde tras de sí una historia de dolor como pocas, no solo me indignó, sino que me llevó a reflexionar acerca de ese cinismo de que suelen hacer gala los peores delincuentes de la humanidad; esos que hasta se ufanan de los crímenes, e incluso, se atreven a negarlos delante de sus víctimas.

Y es que hablar de las FARC, es hablar de unos bárbaros despiadados que durante décadas convirtieron en sujetos de guerra a miles de niños y niñas a los que arrebataron su inocencia, cambiándoles sus carritos y muñecas por fusiles y equipos de campaña.

Los testimonios de tantas mujeres que vivieron el horror al interior de las filas de esa guerrilla, dan cuenta del daño físico y emocional que sufrieron al convertirse en esclavas sexuales y aparatos de guerra de sujetos miserables cuya conducta bien podría compararse con la de Idi Amin y sus secuaces en la Uganda de los años 70.
El reclutamiento forzado y abuso sexual fue la constante en la historia de las Farc. La denuncia más antigua registrada en los sistemas de la Fiscalía data de 1973, y es precisamente de una mujer que vivió lo indecible, y que por miedo no se atrevió a denunciar sino 42 años después, aunque es consciente de que tal vez nada ocurra, pues ningún cabecilla aceptará su culpa, y este delito, el de la violencia sexual, es muy difícil de comprobar.

En total, la Fiscalía ha adelantado no menos de 4.200 investigaciones atribuibles a las Farc en todo el país, por delitos relacionados con el reclutamiento de 5.252 niños, niñas y adolescentes. El 61 % de esas investigaciones se concentran entre 1998 y 2010.

Y la JEP sabe de esto, la Fiscalía le entregó ese informe en julio de 2020, pero nada ha pasado, y nada va a pasar con un tribunal que, parece interesarse más en lavar los crímenes que por juzgarlos, tanto así que, para sus magistrados, el cuestionar la forma en que direccionan las investigaciones se considera “un ataque a la Justicia”.

¡Hágame el bendito favor!

Como si fuese poca cosa el horror que vivieron tantas mujeres reclutadas, sometidas a castigos físicos, esclavitud sexual, esterilización forzada, aborto forzado y hasta consejos de guerra que muchas veces terminaron en fusilamientos de niñas que no superaban los 15 años de edad.

Entre los muchos relatos de estas mujeres hay uno en particular que me estremece, el de alias ‘Mayerly’, reclutada por las FARC a los 9 años, en La Arabia, Putumayo.

“Yo estaba en el colegio estudiando lejos de nuestra casa, de por sí ellos estaban en el colegio siempre. A las dos que salimos nos dijeron que los acompañáramos, que yo tenía la edad suficiente para estar en el grupo, mi mamá reclamó, pero nunca me devolvieron, sino que me entregaron el uniforme normal, camuflado, botas y un AK 47 (…) Ingresé al frente 32. Nos llevaron a sitios diferentes porque ellos no les conviene que quedemos juntos.

Después con ‘Juaco Villa’ en una escuadra, yo tenía 10 años y fui violada por él (…) me trasladaron después al frente 48 al bajo Putumayo, La Hormiga, Orito. Mi alias en la organización era ‘Mayerli’, me lo puso alias ‘Ferney’ que estaba a cargo del entrenamiento. A los 10 años, me pusieron un dispositivo la T, en la unidad que estaba a cargo de ‘Juaco Villa’. Él decidió que a todas las mujeres se les ponía el dispositivo, no importaba la edad, si había tenido relaciones o no, para prevenir los embarazos, eso era para recortar gastos o evitar problemas.

(…) Normalmente los comandantes accedían a las niñas que estábamos ahí. Luego de 6 años y de planearlo mucho, un día decidí fugarme, eso no es tarea fácil porque la organización sabe todo de uno. Solo hasta que otro guerrillero se fugó pude hacerlo con él (…)”, cuenta.

Esas son las Farc; una recua de delincuentes que durante décadas descargaron en el cuerpo de centenares de niñas todo su odio, frustraciones y bajos instintos. Sujetos despiadados que, paradójicamente, hoy pregonan la igualdad entre hombres y mujeres, y hablan de la libertad, pero como ven ustedes los relatos de sus víctimas dicen todo lo contrario.

Detrás de cada historia contada por las mujeres víctimas de las Farc está la tragedia del oprobio, porque en esa organización delictiva las mujeres nunca son libres, no son iguales a un hombre ni tienen los mismos derechos, así sus cabecillas escriban en redes sociales frases como “los derechos sexuales también son derechos humanos”.

En lugar de postear frases que, viniendo de ellos resultan incoherentes, las Farc deberían conmemorar estas fechas contando la verdad, indemnizando sus víctimas y garantizando la no repetición. Porque una infamia como esa no puede volver a ocurrir.

Jennifer Arias Falla
Acerca de Jennifer Arias Falla 12 Articles
Ingeniera Industrial de la Universidad de Los Andes, con opción en Economía, Magister en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Externado en alianza con la Universidad Columbia de Nueva York. Es Representante a la Cámara, Periodo Constitucional 2018 - 2022 por el Departamento del Meta, obteniendo la mayor votación de la lista del Centro Democrático. Hace parte de la Comisión Séptima Constitucional Permanente, la Comisión Legal de Cuentas, de la que fue Vicepresidente en el periodo legislativo 2018 – 2019, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer, Comisión de emprendimiento, Bancada pro Bici, Comisión de la Niñez y Comisión para seguimiento de Conexión Pacífico-Orinoquia.