¡Nada que temer!

Jorge Pérez Solano

@JorgePerezSolan

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Hace algunos años, el escritor Adam Cohen, escribió en su libro “Nada que temer”, los desafíos que tuvo que afrontar el entonces presidente de los EE.UU., Franklin Delano Roosevelt al inicio de su mandato en el año 33 después de la Gran Depresión del 29, recibiendo un país con un sistema financiero y bursátil quebrado y desintegrado, un incesante pago de la deuda pública por la insolvencia y la iliquidez, una producción agrícola desabastecida, cientos de trabajadores que perdieron sus empleos, miles de familias en la hambruna y en la pobreza absoluta, el inusitado incremento de la criminalidad y la indigencia como muestra de semejante desgracia que continuó por décadas y que se agravó aún más con la llegada de la II Guerra Mundial.  

Durante estos 91 años, pareciera que la historia repitiera su mismo formato con distintos protagonistas y en diferentes escenarios de la política y la economía; la revaluación de la divisa, la crisis del precio del petróleo, los efectos contagiosos por el flujo de capitales volátiles, las especulaciones, el incumplimiento de la deuda en el mercado por parte de algunos países, y en su defecto, el infortunado nuevo actor de las pandemias generadas por la insalubridad y los riegos sanitarios de los países desarrollados, auspiciado por la irresponsable forma en que algunos laboratorios farmacéuticos cobran igual participación para acentuar más el desastre en beneficio propio como ya estaba previsto en recomendaciones de la OMS y algunos documentales que se anticiparon al daño. 

Durante estos 91 años, pareciera que la historia repitiera su mismo formato con distintos protagonistas y en diferentes escenarios de la política y la economía; la revaluación de la divisa, la crisis del precio del… Clic para tuitear

Decía el mismo Cohen, que estábamos en las horas más oscuras. Y efectivamente, cientos de naciones se encuentran en las mayores encrucijadas de orden presupuestal, por los pocos recursos y elementos para enfrentar con respecto a una situación que no ha tenido precedentes, más en estos tiempos de modernidad que se creían superados por los numerosos avances tecnológicos y científicos que nos obligaban a desafiar lo desconocido. 

Lo único prudente que les ha sobrevenido a los gobiernos en su inmediata acción, en particular el nuestro, es el confinamiento, el aislamiento total de la población para mitigar el contagio, con el inconsecuente agravante, dado el caso, de los efectos de una desaceleración, de una recesión inmediata en el mediano plazo por la reducción del PIB, de una parálisis en el aparato productivo, de una reducción del ingreso y su impacto en el consumo de bienes y servicios.

Pareciera que Roosevelt, al igual que Duque, hayan coincidido en las mismas épocas, con los distintos actores y las mismas medidas.

Dirán los extremistas opositores con dolor visceral, que el liderazgo de Roosevelt frente al de Duque son incomparables, por las fechas de los hechos, por la dimensión del problema, por los escasos y diferentes caudales de la época, por las circunstancias de orden militar que acompañaban la segunda guerra y las consecuencias del escenario que sucedió con la guerra fría, y porque uno y otro, en cuanto a sus perfiles estaban distanciados en la experiencia y la inexperiencia de los años por la intervención en política. 

Duque en tan solo 13 días, a diferencia de los 90 días que se tomó Roosevelt para negociar con el Congreso, ha expedido más de 45 decretos de orden legislativo, reglamentario y ejecutivo para contrarrestar lo que se avecina; protección de las zonas francas (411); cierre de fronteras (412); declaratoria de emergencia económica, social y ecológica por 30 días, y suspensión de clases académicas (417); coordinación con los entes territoriales el orden público (418 y 420); compensación y exenciones en el IVA sobre la población más vulnerables y ciertos artículos de especificaciones técnicas para salud (419 y 438); ampliación del calendario mercantil y tributario para pagos y la renovación de la garantías aduaneras para los exportadores (434, 435 y 436); reconocimiento de la deuda pública para subsidiar los estratos 1 y 2 en los servicios públicos de energía, gas, agua y alcantarillado, y el reconocimiento de la bonificación judicial (437, 441 y 442); contratación de urgencia (440); se creó el FOME y se toman recursos del FONPET para asignar recursos a la población más vulnerable (444, 458 y 486); se extienden los plazos para los deudores del icetex y garantizar la alimentación de la 1era infancia (467 y 470) y la línea de créditos que pueden realizar los entes territoriales (468). 

Decisiones que en gran medida se adelantan a los acontecimientos al que no deseamos llegar y del muy pocos logran imaginar por los impactos negativos en la economía en el largo plazo; incentivos de créditos por más de $90 billones a los distintos sectores, protegiendo el empleo, la micro, pequeña y mediana empresa.   

Cabe señalar, que lo irrealizable se volvió realizable sin la intervención del congreso, que por cierto esta cesante con ocasión a la prevención, sin someter cada disposición al debate gaseoso de comisiones y plenaria, al quorum deliberatorio y decisivo, a los aplazamientos y a las descalificativas intervenciones de largas horas hasta la medianoche, que solo se basan en las bondades del acuerdo de las FARC y a la falta de superación de las almas perdidas en el gobierno anterior. En resumen, el control político ha perdido vigencia por su propio autocontrol como legislativo, por su falta de renovación, por su indelicadeza de verificar su credibilidad ante los nuevos retos de la democracia y ante la falta de iniciativas que vayan de la mano de las realidades del país; muchos sobran y pocos hacen falta.  

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No obstante, lo preocupante ya no está en la intervención del constituyente derivado, por el control automático que hace la Corte Constitucional de los decretos que vaya expidiendo el ejecutivo, sino de las facultades concedidas a los alcaldes y gobernadores, sin la intervención de las asambleas y concejos, por cuanto solo pueden verificar el manejo del presupuesto en lo que respecta a la emergencia. 

Sin embargo, existen denuncias y quejas por parte de concejales, diputados y ciudadanos, de que algunos alcaldes y gobernadores están destinando los presupuestos para realizar contrataciones directas sin existir la necesidad, endeudamientos sin tener la capacidad para realizarlo, modificando los planes de alimentación para la 1era infancia con fines politiqueros, destinando rentas específicas para otros fines, reduciendo los impuestos con objetos distintos a lo que se plantea en las potestades, extendiendo subsidios para los estratos 4, 5 y 6 en lo que se refiere a servicios públicos. 

Es inimaginable el grado de torpeza y de equivocaciones en que han caído los alcaldes y gobernadores, vanagloriándose de poderíos limitados que los han convertidos en ilimitados, en jurisdicciones independientes y autónomas, sin importar el desbalance que le producirán a la cuenta corriente de la nación en las vigencias futuras y el enorme sacrifico que tendrán que asumir los colombianos para solventar el faltante originado en la feria persa y bizantina de ciudades y municipios con alto grado de corrupción. 

Entonces así, existen motivos suficientes en las mismas condiciones de la emergencia, para encender las alarmas y que los órganos de control actúen de forma rápida, inmediata, detectando las irregularidades y los actos en que han incurrido los locales, por cuanto el temor no está en quienes señalan al presidente de su retraso para tomar las disposiciones, porque se tomaron en tiempo, sino en los que se están aprovechando en estas circunstancias para indisponer y allanar un ambiente enrarecido y culpar en exclusiva al gobierno.

No hay que temer, insistía Adam Cohen, porque el tiempo se encargará de demostrar si en realidad la tarea se hizo bien. A Franklin Delano Roosevelt la historia se lo demostró. A Duque solo le basta esperar para corroborar que no era a él a quien debían temerle. 

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Con esta experiencia de la pandemia, es necesario evaluar la conformación de un congreso en menor número; el teletrabajo y el trabajo en casa entre los sectores judiciales, empresariales y no gubernamentales resultan de mejor provecho para todos a través de las nuevas tecnologías, junto con los mínimos trámites, volviendo la vida laboral y familiar más sencilla y eficiente de la mano con el medio ambiente. 

¡La vida nos cambió!

JORGE MARIO PEREZ SOLANO
Acerca de JORGE MARIO PEREZ SOLANO 11 Articles
Abogado,Especialista En Derecho Administrativo, ha sido asesor y consultor en el sector nacional y territorial socio en Safey & Lawyers SAS - Bogota. Fue columnista en el hoy diario del magdalena, bloguero en kienyke,columnista en seguimiento.co. Samario de nacimiento,Barranquillero y Bogotano por adopción;su domicilio y residencia están en Bogotá y Barranquilla