¡Ni homicidio doloso ni culposo, legítima defensa!

JOSÉ IGNACIO LOMBANA SIERRA

@LombanaSierra 

¡Ni homicidio doloso ni culposo, legítima defensa! Columna de José Ignacio Lombana Sierra Clic para tuitear

El país se polariza por el supuesto “asesinato” de un menor que ingresó abruptamente en una unidad miliar con la clara intención de agredir a cualquiera de los soldados que encontrara a su paso, tal y como se ve en los diferentes videos que circulan por las redes sociales y medios de comunicación.

¡Asesinatos los que cometió usted señor Petro, si prefiere Aureliano! No olvide nunca que usted, es un bandido amnistiado y nada más. Nunca un inocente. Igual que las FARC.

Dejemos de lado el sofisma de que era un niño o que fue provocado, y vayamos a lo fundamental del asunto: en Colombia se nos olvidó que el soldado y el policía, además de ser los funcionarios más caros y sacrificados a la vez del Estado, son su representante en los lugares más recónditos de la geografía nacional, pero sobre todo, son seres humanos y merecen todo el respeto, consideración y gloria.

Pero claro, en Colombia lo normal hoy en día gracias a la Colombia Inhumana de Petro y a la izquierda que busca legalizar a las FARC, lo normal ya no es salir a las calles a protestar pacíficamente, sino que los “estudiantes”, esos en cuyas manos está el futuro, ya no se conforman con arengas y uno que otro grafiti, sino que para hacerse oír el vandalismo es su mejor argumento, llegando al punto de lanzar bombas incendiarias artesanales en contra de la policía antimontines.

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La falta de respeto a la autoridad es absoluta y absurda. Los indígenas han llegado incluso a secuestrar soldados, pero nos parece una forma lícita de protestar y pobrecitos los indiecitos, eso hace parte de su cultura. ¡Cuál cultura! Si el delito no puede ser parte de ninguna forma civilizada de convivencia, y en Colombia nadie, absolutamente nadie está por encima de la Constitución.

En cualquier parte del mundo el ingreso a una unidad militar o policial es por la guardia, que es lo mismo que la portería del edificio en donde vive cualquiera de nosotros, y quien no lo hace por el lugar apropiado o sin permiso del morador o de la persona legitimada para concederlo ha de atenerse a las consecuencias. Es simple.

En Derecho Penal, hace parte del derecho a la legítima defensa esa posibilidad de asumir válidamente que quien ingresa furtiva o abusivamente a un lugar de habitación o morada, y en este caso una unidad militar que hace sus veces además de las múltiples consideraciones que desde el punto del DIH se podrían hacer sobre una instalación de esta naturaleza, a nada bueno y honorable va y, por tanto, ya se considera suficiente agresión para autorizar a quien está dentro que haga uso de los mecanismos de defensa de los que pueda disponer, dejando de lado incluso la discusión sobre la proporcionalidad, pues de lo contrario la presunción sobre la que se estructura la legítima defensa privilegiada no tendría razón de ser.

En este asunto, señores mamertos con Petro a la cabeza, la Fiscalía General de la Nación en una rápida investigación, como deberían ser todas, con base en prueba técnica y analizando los videos y demás evidencias concluyó lo innegable: el joven ingresó a la base militar con clara intención de agredir a los militares, llevaba según se sabe un machete que es un arma blanca letal, y uno de los militares repelió el ataque.

¿Cómo se defendieron de la agresión los soldados? Eso también ya está claro. Hubo disparos de advertencia como lo mandan las normas castrenses. Y fueron realizados o realizado el disparo contra el suelo. La razón es muy simple: si el disparo se hace al aire se crea un riesgo mortal, pues todo lo que sube cae, con mayor velocidad y sin posibilidad de controlar el lugar de impacto, es decir, es una lotería el sitio al que vaya a parar el proyectil. Por eso los disparos disuasorios en cualquier parte del mundo se hacen contra un objeto que lo pueda contener en procura de no causar lesiones, siendo el suelo el más seguro. Lamentablemente se presentó un caso de un rebote, lo que es de lo menos frecuente, pues lo normal con un proyectil de fusil, que es de altísima velocidad (por encima de la velocidad del sonido) es que al impactar con una superficie dura como el suelo se desintegre o se fragmente en pequeños pedazos, sin que nadie pueda prever de manera razonable si habrá un rebote, o cuántas esquirlas se puedan producir o la dirección en que éstas puedan salir volando, entre muchísimas otras hipótesis, siendo entonces un caso fortuito que el proyectil o un fragmento de éste alcanzara al joven que resultó herido.

A lo anterior debe sumársele lo que ya sabemos todos, la gente del lugar no permitió que el joven recibiera in situ ayuda médica, y decidieron transportarlo por sus propios medios, lo que claramente puede ser una causa eficiente de la muerte, pues un herido de gravedad como se dice que estaba, no puede ser movido del lugar en donde se encuentra sin observar unos cuidados mínimos y básicos que cualquier persona entrenada en primero auxilios podría explicar, toda vez que de hacerlo sin la pericia adecuada esa buena intención de salvar al herido se puede traducir en la causa del fatal desenlace, como todo parece indicar fue lo que acá ocurrió.

Pero dejemos la sumatoria de eventualidades y fatales coincidencias para volver al asunto que debería ser punto de atención de todos los sectores de la sociedad, y es ese maltrato injustificado a la Fuerza Pública como forma de cualquier protesta y sin importar la causas.

No puede seguir haciendo carrera esa idea de que los soldados y policías se deben dejar agredir y hasta matar por quienes protestan. Que no pueden reaccionar con el uso de la fuerza y que siempre se les puede exigir un comportamiento diferente. SON SERES HUMANOS, igual a los que los agreden impunemente gracias a la legalización de todas las formas de protesta que pregonan Petro y sus esbirros de las FARC y adeptos que son capaces de clamar por la impunidad para los crímenes de lesa humanidad a cambio de una buena cucharada de mermelada y de la prisión para los soldados y policías.

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No podemos continuar permitiendo que se desbarajuste aún más el Estado y las instituciones legítimas que soportan y permiten el ejercicio de todas las garantías fundamentales como lo es la Fuerza Pública. ¿Qué es lo que le están enseñando a los niños en sus casas y en los colegios y universidades sobre cómo tratar al prójimo, pero a la vez a la autoridad? ¿O es que en Colombia ya no hay respeto a la autoridad? Seguramente es que ya no existe autoridad pues mientras el delincuente se salga con la suya, y lo premiemos incluso con el ser Congresista nada nos puede ya sorprender.

Está bien que los niños quieran tomarse una foto con un futbolista o con alguien de la farándula. Esto está bien. Muy bien. Pero debería producirles un profundo orgullo, una emoción superior el tomarse esa foto con un soldado, pues es gracias a él que hoy somos libres, que somos una nación. Es que los demás son importantes, y mucho, pero sólo el soldado y el policía están dispuestos a dar la vida a cambio de la suya solamente porque es su deber, asumido voluntariamente, su vocación.

Cada vez que en una carretera un soldado me saluda extendiendo su brazo y poniendo su pulgar hacia arriba, o hace la “V” de la victoria o me dirige el saludo marcial llevando su mano hacía su sien,  y me regala una sonrisa optimista a pesar de llevar horas al sol y al agua y sin comer incluso, sin importar si es de día o de noche, me hace cuestionar frente a mi actitud y la de toda una sociedad que cada muestra no merece su sacrificio por la libertad y la vida.

Me hace recordar cómo, cuando era un niño, mi mayor orgullo era contemplar las condecoraciones que mi abuelo había ganado cuando estuvo en la guerra con el Perú, o a lo largo de su carrera militar hasta alcanzar el grado de General de la República. Y de cuando en vez, con cierta picardía, pero nunca con irrespeto, me paraba frente al espejo para ver cómo me podía lucir alguna de esas medallas, esas que son toda la recompensa que sólo los valientes reciben a cambio de su vida.

Los grandes países, esos del primer mundo que vemos como lo que queremos ser algún día, comenzaron por poner al soldado en un sitial de honor e hicieron de sus ejércitos el pilar de la democracia y cuna de los más caros principios y valores de sus naciones.

Basta ver lo que ocurre en los Estados Unidos cuando un soldado uniformado cruza por un aeropuerto, lo que menos despierta son miradas de admiración. O un legionario en España o en Francia, y así en cualquier lugar. El sólo hecho de faltar al respeto en Inglaterra a un Guardia Real cruzando una simple línea dibujada en el suelo se considera una grave agresión que autoriza al soldado a emplear la fuerza letal si lo considera necesario. ¿Y en Colombia?

¡Gloria, gloria al soldado!¡ Y que su fama corra por el solar nativo, de crónica y cantar, y que solo a la recia medida de su pecho la patria del mañana se pueda edificar!

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José Ignacio Lombana Sierra
Acerca de José Ignacio Lombana Sierra 6 Articles
Abogado Penalista de la Universidad Javeriana y profesor de la misma Universidad. Tirador , cazador y coleccionista de armas por tradición y convicción.