No es la polarización, es la ilegalidad

JORGE LUIS CALLE

No es la polarización, es la ilegalidad Columna de Jorge Luis Calle Clic para tuitear

Los recientes y dolorosos asesinatos de candidatos y líderes políticos y sociales, han generado un intenso y necesario debate nacional sobre las causas de los mismos. Gran cantidad de opiniones recopiladas de la radio, la prensa y las redes sociales, advierten que el ambiente polarizado que  vive el País, ha sido el principal generador de esta ola de violencia que nos transporta a la Colombia del pasado.

Es una teoría que encuentra mucho respaldo pero que no comparto, ¿por qué?

Es cierto que desde que tengo memoria, jamás sentí tanta división en nuestra sociedad. Recuerdo que al finalizar 2010, la mayoría de ciudadanos compartían una visión de País, los violentos eran rechazados y perseguidos, había una sensación general de esperanza, unidad y deseo de continuar el camino recorrido en los 8 años anteriores.

Gran cantidad de opiniones recopiladas de la radio, la prensa y las redes sociales, advierten que el ambiente polarizado que vive el País, ha sido el principal generador de esta ola de violencia Clic para tuitear

Tanto así, que quien prometió dar continuidad a las políticas de gobierno de entonces, resultó elegido Presidente. Pero todo cambió en los dos cuatrienios posteriores: en medio de unas negociaciones con un grupo armado, decidieron clasificar a los colombianos entre amigos y enemigos de la paz, y como si fuera poco, resolvieron hacer caso omiso a la voluntad popular expresada en las urnas  cuando invitaron a refrendar lo acordado, negaron la posibilidad de construir un gran consenso nacional alrededor de lo pactado, e impusieron un acuerdo con reformas estéticas pero con el fondo que en democracia había sido rechazado. ¿El resultado? Una profunda división que alimentaron todas las partes y que aún hace parte de la vida nacional. Pero, ¿es la polarización la causante de tantas muertes violentas?

No lo creo. Si bien se extraña la convergencia social de hace una década y sería ideal coincidir en un modelo de País,  está permitido en democracia pensar diferente, expresar opiniones contrarias y debatir con argumentos. He compartido escenarios familiares, académicos y profesionales, con personas que no piensan como yo, que miran la realidad con otros ojos, que tienen una visión de sociedad distinta; y jamás, ni ellos ni yo, hemos recurrido a la violencia para defender nuestras posturas. Sé que también esto ocurre en los círculos de quienes me leen, sé que en ocasiones es posible perder la calma y que las discusiones pueden tornarse acaloradas, sé que en época de elecciones la moderación escasea y se intensifica lo que describo. Pero necesitamos dejar de creer que “nos estamos matando” por esto. ¡No nos equivoquemos! A nuestros líderes los están asesinando los violentos de siempre, los que quieren controlar los rentables negocios de las drogas ilícitas y la extracción ilegal de minerales, y encuentran una amenaza en las posiciones de representantes de la comunidad que añoran y trabajan por un futuro de legalidad.

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Dejemos de culparnos unos a otros, sigamos disintiendo con respeto y debatiendo con altura, entendamos que en la ilegalidad, y no en la polarización, está la raíz del problema; y que para ello, tal vez para lo único, debemos coincidir en un rechazo contundente hacia quienes hacen daño  y en un deseo de justicia y de ausencia de impunidad para todos los violentos.