No quieren la paz, quieren el poder.

Julián Buitrago

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“Si extraditan a Santrich se hace trizas la paz”, con esa lapidaria frase los lobistas del narcoterrorismo chantajearon a todo el país y coaccionaron a las instituciones para que facilitaran la fuga del bandido, esos mismos que hoy piden respeto por las cortes y sus polémicos fallos, esos que condenan las declaraciones del Presidente Duque porque supuestamente presiona a la rama judicial.

No nos engañemos más: el tal acuerdo con las FARC no era sino otra fase en el plan para la toma del poder por parte de la izquierda radical, que incluía como condición la entrega de la cabeza del líder que tuvo la osadía de enfrentarlos y diezmarlos. Por años mantuvieron al país arrodillado y eran el verdadero poder en amplias zonas. Solo cuando Alvaro Uribe decidió combatirlos con todas las herramientas legítimas del Estado se demostró que eran derrotables. Eso es lo que no le perdonan.

Para la firma del acuerdo nos dijeron que debíamos tragarnos el sapo de la impunidad, que había que darles poder político, emisoras, tierra y cuanta cosa pidieran, porque era mejor eso a que siguieran dando bala en el monte. Después de 3 años de tan magnífico arreglo ya no hay una sino cuatro Farc: el brazo político al que le regalaron 10 curules en el Congreso, aparte de sus fichas infiltradas en otros partidos, el brazo judicial con la JEP, la Corte Suprema que persigue a sus contradictores y la Corte Constitucional que avaló el esperpento negado en las urnas, impide que les fumiguen la coca y seguramente tumbará la cadena perpetua contra ellos, los violadores de menores. El brazo armado con las mal llamadas disidencias, que siguen cometiendo todo tipo de crímenes, asesinan líderes sociales y manejan el negocio del narcotráfico. Por último el brazo de propaganda, con una comisión de la verdad conformada por ideólogos cercanos más un poderoso grupo de periodistas afectos a su causa o fletados, que se encarga de defenderlos en medios mientras destruyen la imagen de Uribe y su partido sembrando odio a través de micrófonos, columnas y caricaturas.

Piden respeto por las instituciones, pero desconocen el triunfo de Duque, que  tuvo la mayor votación de la historia y para referirse al Jefe del Estado utilizan todo tipo de insultos como subpresidente, cerdo, genocida. Pusieron el grito en el cielo cuando la Corte Constitucional falló a favor de Andrés Arias una tutela por su derecho universal a una segunda instancia, después que la “Honorabilísima” CSJ se lo negara. Descalifican a nuestras FFMM y hacen todo lo posible por desmontarlas. 

Si en realidad quisieran la paz tratarían de contribuir a la reconciliación, con verdad y reparación para sus víctimas, pero no, mientras incumplen sistemáticamente el acuerdo con la no entrega de bienes y mienten descaradamente como cuando niegan el reclutamiento de menores, simultáneamente exigen que el político más influyente del último siglo, el que lleva 20 años ganando elecciones y poniendo presidentes, sea encarcelado porque es un peligro para la sociedad, ellos que tienen varias condenas por delitos de lesa humanidad, se pasean orondos exigiendo cárcel para Uribe.

No nos puede extrañar que el farcpolítico Iván Cepeda termine reconocido como víctima, después de recorrer todas las cárceles buscando testimonios falsos contra el Expresidente. En el país del realismo trágico las víctimas de las Farc con sus impuestos están pagando las curules y la vida de ricos de sus victimarios.

Nada más peligroso en esta coyuntura que abandonar al Presidente Duque. Está teniendo que dar una batalla contra enemigos sin escrúpulos que seguirán combinando todas las formas de lucha para sacarlo del poder o presionarlo para que gobierne con la agenda de ellos. Solo una reforma profunda a la justicia puede quitarles su principal arma y restablecer el equilibrio de poderes, indispensable para que nuestra democracia sobreviva.

Al Presidente Uribe toda la admiración y el respeto. Como no pudieron derrotarlo en las urnas ni matarlo en ninguno de los múltiples atentados, decidieron acabarlo por la vía judicial, con un montaje burdo, pero victimizándolo sólo conseguirán que el pueblo lo rodee y defienda su legado. Los que vivimos el antes y el después de sus gobiernos solo tenemos palabras de agradecimiento y esperamos que al final triunfe la verdad.

Julián Buitrago
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Administrador de Negocios, economista.