Esa situación exige la prudencia del gobierno que no podría pensar en esa nueva reforma tributaria sin crecer aun más la inflación y de pronto llegar a la temida recesión con su catástrofe. Clic para tuitear

 

He expresado en esta columna las diferencias que me separan del hoy presidente electo Gustavo Petro Urrego. Mis opiniones eran sinceras. Pero no puedo ahora desconocer que éste ganó limpiamente, acorde a las profusas normas que rigen la democracia. Conforme a ellas se le expidió la credencial respectiva.

Eso hace que yo, al igual que millones de compatriotas, reconozca su triunfo como el resultado del movimiento pendular que gobierna el sistema electoral en este país. Y de mi parte, como colombiano, deseo que las cosas le salgan bien. El relevo escogido por el pueblo es la democracia.

Debo además decir que, no obstante que muchos veíamos con horror la llegada de Petro al poder, sus pasos iniciales de convocatoria al diálogo y el anuncio de mantener el estado de derecho, al tiempo que la convocatoria a Uribe para escuchar su criterio y asegurar, como parece estar ocurriendo, que una mayoría parlamentaria decida el futuro de las iniciativas del gobierno. Es esperanzador. No odio a nadie aunque suelo discrepar con formas civilizadas. Si Petro acierta he de reconocerlo con gratitud como colombiano.

La mejor prueba de ese deseo de acertar es el nombramiento inicial de un ministro de Hacienda tan calificado como José Antonio Ocampo. Se sabe que éste no propiaciará nada que vaya en contra de la economía sana del país. Es una garantía. Y debo decir, no obstante que tuve debates con él en el Congreso, que Alvaro Leyva Durán es igualmente un ministro capacitado altamente, especialmente en los asuntos de la paz. Creo que nadie podría llegar con el escurridizo ELN a un acuerdo de paz como Leyva. Por lo demás, a mi modo de ver, sabrá defender en las esferas internacionales con lucidez los intereses del país. Esto no obstante aquellas diferencias políticas de momento que tuvimos en el pasado, cuando tanto él como yo éramos miembros del Congreso de la República.

Me gustan las ejecutorias de las ministras Carolina Corcho en Salud, Patricia Ariza, antigua nadaísta y actriz, en Cultura, Susana Muhamad en el Medio Ambiente y Cecilia López en Agricultura, cargo que ya había desempeñado con acierto. A última hora se nombra a Alejandro Gaviria, Educación, a Alfonso Prada, en Interior y otros dos. Sí, esas designaciones dicen cómo será el gobierno y yo, como tantos compatriotas, miro con esperanza esos desarrollos.

Empero, hay una coyuntura mundial desfavorable casi en todos los aspectos. La pandemia dejó marcas y cicatrices, fuera de la estela de muertos. Sin duda la manejó bien el presidente Duque. Pero no era suficiente. Y de modo simultáneo sacude al mundo el impacto agresivo de Putin. Los ataques despiadados a un país de paz como Ucrania, que solo quería protegerse del imperialismo ruso buscando pertenecer a la Otan.

Los efectos económicos y los cuadros macabros de destrucción de las bellas ciudades perseguidas con saña criminal y cohetería moderna por el dictador, más la amenaza a la Otan de desatar una guerra atómica sin que nadie pudiere impedirlo, han desatado el encarecimiento de los insumos de la agricultura y por supuesto la subida de los precios de todo el comercio, especialmente de los Estados Unidos. Se acerca la recesión que en Colombia se comienza a notar con el aumento del precio del dólar y los menores ingresos por la baja del petróleo, al igual que la disminución de las compras.

Esa situación exige la prudencia del gobierno que no podría pensar en esa nueva reforma tributaria sin crecer aun más la inflación y de pronto llegar a la temida recesión con su catástrofe. Hay allí un gran peligro silencioso pero caminante. Que Dios nos libre. Menos mal que habrá un gobierno bien asesorado.

Armando Barona Mesa
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Abogado, escritor, periodista, historiador, excongresista, exembajador