“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

Luisa Gómez Grisales

Luisa Gómez
Luisa Gómez Grisales
Cuánta vigencia en las palabras de Jesús, luego de ver arder la Iglesia San Francisco de Borja y la Iglesia de la Asunción, patrimonios de nuestra fe católica y de la historia después de Cristo.
Surge una pregunta que parece trivial, pero conlleva respuestas que necesariamente tocan lo más profundo del ser humano: ¿Qué te hizo Dios para que profanes el templo, lo destruyas, lo quemes y sientas victoria? La respuesta también trivial y absurda, es que odian a los sacerdotes por ser hombres, que desprecian los mandamientos porque supuestamente vulneran el libre albedrío, que Dios es machista, que la iglesia representa al “heteropatriarcado opresor”, que la colonización trajo a la iglesia y América Latina no es por naturaleza católica, en fin, que les ofende la libertad de culto y que haya un Dios omnipotente en el que creemos profundamente. Por absurdo que parezca, esos personajes que supuestamente luchan por la libertad y los derechos, saben de muchas cosas, menos de respeto en la diferencia.
Nos asomamos como católicos al gran reto de amar y defender la fe aunque sea lo último que hagamos. Y viendo caer cúpulas, pensaba en las veces que cada uno de nosotros ha ofendido a Dios con faltas gigantes, grandes o pequeñas, hiriendo a la iglesia con nuestra incoherencia, literalmente pecando con el Padrenuestro en la boca. Seguro todos lo hemos hecho en algún momento y derribamos el templo donde ese Dios nos aguarda paciente y misericordioso para perdonarnos y renovarnos.
Desde esta reflexión, es necesario hacernos conscientes de lo que precisa la iglesia de cada uno en este momento. No basta conformarnos con rezar sin actuar, ni mucho menos bastan los lamentos. Este momento de la historia requiere amor, determinación y firmeza. Y para los que decimos sin filtro lo que pensamos, ahora es cuando.
Es que, quien siente rabia contra Dios debe ser visto como un enfermo, alguien con un alma vacía, entregada a la destrucción, detonada por un odio visceral y preguntas no resueltas que tendrían, sin duda, una respuesta en Cristo.
Tenemos el reto de estar a la altura de las enseñanzas que Dios ha impreso en nuestro corazón, como un legado divino de obligatorio cumplimiento: amar al prójimo como a nosotros mismos y a Él sobre todas las cosas. Presiento que ya no hay lugar para una fe callada ni vergonzante. Si este es el mayor regalo que hemos recibido, así mismo debemos defenderlo.
La oración sin acción, es poco para una coyuntura donde se ven arder y caer iglesias. Es momento de valentía, y de decir con orgullo: “creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica”, profesando nuestra fe y exigiéndonos a nosotros mismos ser ejemplo de unidad de vida, de comunidad para demostrar con obras que este es el pueblo de Cristo, formado, redimido y fortalecido hoy, más que nunca, como iglesia militante.
Nota: Ojalá los vándalos que se tomarán las calles como el año pasado, puedan respetar la fe de millones de católicos que hemos aguardado el regreso a los templos después de una pandemia, sin poder ir a confesarnos, sin poder visitar a Jesús en el Sagrario y sin poder asistir a la Santa Misa y comulgar, que es lo que más añoramos.
Luisa Gómez Grisales
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Jefe de prensa. Columnista en el @ParcheCapuchino Oposición con carácter. ¡Fe en la Causa! OPINIONES PERSONALES.