No podemos ser ajenos al peligro que corremos con movimientos y partidos cercanos y de pensamientos dictatoriales como el de la URSS una de la más feroces del mundo. Gustavo Petro, es una clara muestra de ello. Clic para tuitear

El mundo ha vivido un sinnúmero de transformaciones sociales y políticas que, si bien pueden ser analizadas como positivas o negativas, generaron y generan un impacto en las naciones y en las distintas sociedades lo cual sumado a la globalización, presenta un ambiente propicio para que los sucesos que se vivan en distintos lugares tengan repercusión en casi que todo el mundo.

Un acontecimiento global que ha marcado la época contemporánea fue el auge y “caída” (se pone caída entre comillas porque en realidad nunca desapareció) del comunismo, esta ideología que permeó la mayoría del mundo fue un tropiezo para el avance de la sociedad y generó un efecto en cadena que se sintió hasta en las zonas más alejadas de su centro de influencia manejado por el Comité Central del Partido Comunista en Rusia.

Tristemente los efectos de la implementación del socialismo – comunismo han sido peores que los efectos vividos por la pandemia, tan es así que después de varios años de la caída del Muro de Berlín se continúan sintiendo las repercusiones de esta nefasta ideología y sorprendentemente encontramos personas y grupos de influencia que luchan para revivir organizaciones que representan esta utopía fracasada y en Colombia tenemos fuertes exponentes de lo mencionado anteriormente, personajes que en su gran mayoría impulsaron los eventos de violencia vividos en las jornadas del Paro Nacional.

El siete de diciembre, los colombianos nos enteramos de una preocupante y desalentadora noticia, el Partido Comunista de Colombia había revivido formalmente ante la institucionalidad y ante la sociedad, los lectores se preguntaran el por qué se critica la aparición de un nuevo partido ya que muchos argumentaran que representa un punto a favor que fortalecerá la democracia y dará pluralidad a los procesos electorales pero el aspecto que la mayoría no reconoce es la peligrosidad que representa un partido que defiende banderas asesinas, banderas autoritarias y un sentido de miseria y pobreza para toda la sociedad. Es equiparable a que, dado un evento sin precedentes, se le otorgara personería jurídica al nacionalsocialismo de Adolf Hitler. Se encuentran al mismo nivel.

La decisión tomada por el CNE se argumentó en que los hechos de violencia presentados en un periodo de tiempo terminaron en la perdida de los derechos políticos y en la “persecución” de los militantes del Partido Comunista, todo lo anterior como consecuencia del conflicto armado en Colombia. Es curioso como un partido que es partidario de una forma de gobierno autoritaria y dictatorial pida garantías constitucionales y legales, siendo estos los primeros en atacar al Estado de manera violenta y también siendo los primeros en no acatar las decisiones que se toman de manera democrática y en un ámbito meramente institucional. Pareciera que la ley y las instituciones solo sirven cuando los favorecen de alguna forma y cuando no es el caso, atacan a diestra y siniestra sin fundamento alguno los estamentos estatales que nos rigen.

Los colombianos no podemos ser ajenos al peligro que corremos con movimientos y partidos cercanos y de pensamientos dictatoriales como el de la URSS una de la más feroces del mundo, su apoyo directo a la candidatura de Gustavo Petro, es una clara muestra de lo que representa este eterno candidato y el Partido Comunista de Colombia.

Juan José Salamanca
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