Si bien la política se ha distanciado de la ética a causa de conductas inmorales como la de Petro, la sociedad no debe renunciar a que la ética se restablezca en ella, y que la presidencia sea oportunidad para hacerlo. Clic para tuitear

 

Si algo deja claro la actual campaña presidencial, es la diametral diferencia entre la conducta de Federico Gutiérrez y Gustavo Petro frente a la ética y la moral.

Mientras que Petro, como practicante del “todo vale” ha engañado y mentido a más no poder, se mantiene rodeado de voraces depredadores de la hacienda pública y de criminales de lesa humanidad, y trata infructuosamente de desvirtuar su oscuro pasado terrorista, de mimetizar su familia, de opacar su compañera de fórmula vicepresidencial y de barnizar su paupérrima gestión como alcalde de Bogotá; Federico Gutiérrez presenta con humildad y orgullo su hoja de vida, sus ancestros, su hogar, su trayectoria, sus realizaciones, su brillante gestión como alcalde de Medellín y a su compañero de fórmula vicepresidencial.

Las diferencias entre Petro y Gutiérrez son medulares y abismales, y las plataformas de sus aspiraciones igual. Mientras que Petro afinca su aspiración populista en la ilusión, la mentira, el engaño, el odio, la improvisación y la expropiación, Gutiérrez lo hace en la búsqueda del bien común, el mantenimiento de la libertad y el fortalecimiento de la democracia, la educación, la productividad y el desarrollo sostenible.

Sobre política, bien común, ética y moral, Federico de Amberes dijo:

“La política es el arte construir el bien común y hacia él se deben encaminar todas las acciones de la civilización, y para alcanzarlo, es indispensable contar con un gobernante con carácter y decidido a lograrlo, cuya conducta moral frente a la ética no discrepe.”

Luego agregó:

“El fin último del bien común, es la felicidad de la población, entendida como la plena satisfacción de sus necesidades, y solo un gobernante virtuoso observante de la ética, puede hacer realidad este fin con hechos y realizaciones, no con mentiras y falsas ilusiones.”

Si bien la política se ha distanciado de la ética a causa de conductas inmorales como la de Gustavo Petro y otros, la sociedad no debe renunciar a que la ética se restablezca en ella, y que la actual carrera a la presidencia sea oportunidad para hacerlo.

Si bien los hechos ocurridos en la cárcel La Picota de Bogotá son censurables y develan, aún más, la conducta sinuosa e inmoral de Gustavo Petro y sus corifeos, también constituyen una oportunidad para que la nación desenmascare de una vez por todas las patrañas y felonías de este mesiánico fletador de turbas y su intención de hacerse elegir dentro de la democracia para luego acabar con ella.

Al momento de escribir estas letras y luego de transcurridos más de ocho días, Petro sigue sin explicar de manera coherente la presencia de su hermano Juan Fernando Petro en la cárcel La Picota para reunirse con algunos reclusos condenados por corrupción, entre ellos, Iván Moreno Rojas y Álvaro García Romero.

Han resultado infructuosos todos los esfuerzos de Petro y de su séquito, para explicar lo ocurrido y antes que aclararlo, con cada versión que rinden, crean más confusión, desconfianza y razonable duda acerca de los asuntos tratados por su hermano con los delincuentes que visitó durante más de seis horas.

Y es qué a decir de la campaña del mal llamado Pacto Histórico, el hermano de Petro fue a La Picota para atender una invitación formulada por Iván Moreno a la llamada “Comisión Intereclecial de Justicia y Paz”, dizque para tratar la manera de implementar el “perdón social” propuesto por Petro y que, al parecer, no es nada distinto a condonar penas a delincuentes para obtener de ellos el voto de sus seguidores a favor de Petro, lo que de ser así, sería la más despreciable y repudiable transgresión a la ética y la moral de la sociedad.

No siendo pocas las contradicciones, la llamada Comisión Intereclesial promulgó un comunicado informando, que fueron invitados a La Picota con la mediación de un abogado de apellido Niño, quien estuvo acompañado de Danilo Rueda y Juan Fernando Petro y que se entrevistaron con Iván Moreno Rojas, con Álvaro García Romero y con otros condenados.

Para contradecir lo propalado por la Comisión Intereclesial, la señora Cielo Rusinque, dirigente nacional del Pacto Histórico, afirmó, que la invitación de Iván Moreno Rojas y sus amigos reclusos, llegó directamente a la campaña de Gustavo Petro, ante lo cual surge naturalmente la pregunta. Si eso fue así, entonces: ¿Juan Fernando Petro se reunió con Iván Moreno Rojas y los demás condenados como miembro oficial de la campaña presidencial de su hermano o como miembro de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz? ¿O en ambas calidades? o ¿asistió como hermano y persona de confianza de Petro?

Para volver a contradecir lo informado por su propia campaña, Gustavo Petro manifestó, que su hermano no hace parte de la campaña, ni es dirigente de ella, y de ser así, como se explica que Juan Fernando Petro aparezca en varios videos y fotografías de dominio público, portando uniformes y emblemas de la campaña de Petro.

Las mentiras y argucias de Petro son desvergonzadas, pero no son nuevas ni novedosas; Petro es un mitómano compulsivo e incorregible. No se entiende como personas educadas, formadas e informadas puedan seguir a semejante charlatán.

Rafael Rodriguez Jaraba
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Rafael Rodríguez Jaraba

Abogado Esp. Mg.

Consultor Jurídico & Asesor Corporativo.

Especialización en Derecho Comercial. Maestría en Derecho Empresarial.

Conjuez de la Sala Civil del Honorable Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.- Arbitro y Conciliador del Centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Cali.- Mediador en Conflictos de Gobierno Corporativo certificado y acreditado por Global Corporate Governance Forum. Banco Mundial. IFC.- Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.- Catedrático Universitario.

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