‘Petro el Pirómano’ y su Cóctel Mólotov

Karol Gutiérrez

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El pirómano, le apunta al descredito y a enlodar el nombre del Presidente y su cúpula, para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad; planteando una realidad tergiversada de lo que le conviene Clic para tuitear
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Gustavo Petro, es un pirómano en el sentido amplio de la palabra, es un hombre de naturaleza violenta e incendiaria, como ningún otro líder en Colombia. Desde el inicio del Gobierno Duque, se ha caracterizado por una oposición recalcitrante; en nada constructiva, y una sistemática estrategia que apunta a deslegitimar las instituciones y producir una profunda crisis política. Sus maniobras siniestras, están articuladas a la acción internacional de la izquierda radical,  y  encuentran su sostén en grupos subversivos y sectores  enemigos  del Gobierno Nacional.

El pirómano, le apunta al descredito y a enlodar el nombre del Presidente y su cúpula, para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad; planteando  una realidad tergiversada de lo que le conviene (basta revisar sus redes). Junto con sus aliados políticos, ha desatado  una feroz campaña de deslegitimación en contra del Gobierno,  utilizando ideologías  anacrónicas  ya desgastadas como el fascismo,  señalando al Gobierno de ser un régimen  autoritario, dictador y opresor,  construyendo  un discurso en contra de las Fuerzas armadas y de la policía,  y en el caso particular del estudiante Ordóñez, – un acto deleznable –, ha emprendido toda una propaganda sobre derechos humanos, generalizando un hecho individual para socavar a toda la institución policial. Todo esto, secundado por la prensa politizada, que tiende a polarizar más la sociedad;  por influencers,  blogueros, y artistas que se han convertido en ‘idiotas útiles’ de la izquierda. Ya sea por odio, por conveniencia, o por convicción, etc…

El proceso ha sido lento, el odio en contra del sistema y de las instituciones, lo ha estado inyectando hace años, y el dardo lo lanza a la población políticamente más influenciable, la juventud. Está dispuesto a que corra la sangre, a que se destruya la economía, los bienes públicos y privados –,  el fin justifica los medios, – y  él  quiere el poder. Convoca al colectivo de todas las ciudades, a la lucha activa  para que emprendan manifestaciones y protestas, a las que sólo asisten una ‘Gran’ minoría; células urbanas, que responden a los intereses del ELN, y FARC, con alta visibilidad por la capacidad de estruendo y daño, ‘Terrorismo Urbano’, que tiende a radicalizar la confrontación y amenazan la seguridad, generando un clima de ingobernabilidad. Son sus formas de preparar el terreno para el 22, incitando al caos y al desorden; es el Coctel Molotov que tanto deleite le produce.

La protesta y las manifestaciones son constitucionales, por supuesto. Y en Colombia nos sobran razones para manifestarnos, nuestro país  enfrenta muchas dificultades, retos, y deudas históricas, a nivel social, económico y cultural. No todos los que responden a los actuales llamados de movilización son violentos o se inscriben en una organización guerrillera; pero se adhieren a una lucha de reivindicaciones  por los derechos humanos, que en su trasfondo busca deslegitimar las instituciones, a través de una guerra psicológica, para justificar  acciones vandálicas, desmoralizar los organismos de seguridad frente a la sociedad, y exigir su desarme. El discurso de la democracia de Petro, le  apuesta a la confusión entre lo legitimo e ilegitimo. La autoridad jamás será un problema, sí los vándalos. Si se llegase a debilitar la capacidad coercitiva, de los organismos que protegen a los ciudadanos, podríamos caer en el peligro de la anarquía. A la policía, hay que dotarla de mejores herramientas, hay que fortalecerla, y hacerla más  ‘Grande’, y hay que  educarla más en cómo debe ser su relación con la ciudadanía.

Con respecto a la piromanía del senador Petro, le puedo decir que tiene cura – ojala sea su caso – solo debe someterse a un tratamiento; expertos de Gannon University, tras estudiar la forma de pensar de los incendiarios,  desarrollaron una terapia de comportamiento que consiste en “intervenir, retar y reestructurar ese pensamiento” que conduce a los pirómanos a creer que tienen derecho a ‘incendiar’. Quizás, eso necesite el senador, reestructurar su pensamiento, para transformar  su visión de país; porque de materializarse  algún día, de seguro llevará a Colombia a una debacle.

Karol Gutiérrez
Acerca de Karol Gutiérrez 1 Article
Cuento historias, y amo a Barranquilla. La vida la defino en una frase ‘Carpe Diem’.