Por la paz, olvida a tus muertos

David Ghitis

David Ghitis
Exigirles a las víctimas que perdonen, es fácil. Es que es muy fácil decir que por la paz es necesario dar impunidad a los máximos líderes terroristas que ordenaron miles de crímenes e ignorar el dolor de las madres de esos muertos. Clic para tuitear
David Ghitis

Perdonar los muertos de otros es fácil. Exigirles a las víctimas que perdonen, es fácil. Es que es muy fácil decir que por la paz es necesario dar impunidad a los máximos líderes terroristas que ordenaron miles de crímenes e ignorar el dolor de las madres de esos muertos. O el dolor de las viudas y los huérfanos.

He repetido hasta el cansancio que se debe estar loco para no querer la paz y yo loco creo que no soy, pero igualmente no creo que sea muy sano privilegiar a la impunidad con tal de obtener paz.

Los que apoyan ciegamente el tratado FARC-Santos se engañan a sí mismos cuando dicen que las FARC si pasarán por la justicia cuando lo que vemos es todo lo contrario. La frase de Santos “Señora, ¿me prestaría su hijo para la guerra?” es una frase muy vendedora. Es una lástima que no le hicieron contrapeso con algo como “Señora, ¿invitaría usted a almorzar a quien raptó a su hija de 10 años, la violó muchas veces, la obligó a abortar otras tantas y la mató cuando ella se quiso volar?”.

Álvaro Uribe propone un referendo para mejorar la administración de justicia incluyendo la eliminación de la JEP y por supuesto que los defensores de la JEP ya se sacuden enfurecidos. Y es que el antiuribismo es como una venda en los ojos que les impide ver los hechos pues es un hecho que en 4 años de existencia de la JEP su único logro ha sido el gastar año tras año una gran fortuna en funcionamiento sin que se haya dado una sola condena contra las FARC. Y por respeto al lector no voy a repetir el relato del trillado caso Santrich.

Cuentan que Tiro Fijo fundó a las FARC como una forma de lucha contra la impunidad y la violencia. Pues hoy, gracias al tratado de la Habana, el país ve la impunidad de los cabecillas de las FARC. El país es hoy testigo de la violencia que florece en los campos sembrados con coca y que está enlutando al país día tras día. Impunidad y violencia. Escenario parecido al que utilizó Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, para crear el “bloque sur”, base sobre la que se construyeron las FARC. Impunidad y violencia. ¿La historia empieza a repetirse?

Cuando el gobierno Uribe llegó al acuerdo de desmovilización de los paramilitares, los combatientes, los rasos, se reintegraron a la sociedad mientras sus cabecillas fueron a la cárcel. En el tratado con las FARC Santos les dio curules en lugar de celdas a los cabecillas de las FARC y los combatientes rasos pasan necesidades por las promesas incumplibles. Me parece muy bien la reinserción a la sociedad de los jóvenes que fueron reclutados a la fuerza y que cometieron toda clase de crímenes bajo órdenes de los cabecillas, pero no me parece que esos cabecillas, autores intelectuales de miles de crímenes, se pavoneen y hoy quieran hacerse ver como grandes defensores de la vida, la niñez y los derechos humanos.

El tratado FARC-Santos concedió impunidad a las FARC así los defensores de ese tratado no lo quieran admitir ya sea por vergüenza o por ignorancia del contenido del tratado. Y es que la falta de empatía con las verdaderas víctimas pareciera que es parte del tratado pues las víctimas no han sido reparadas mientras los cabecillas, los victimarios, se volvieron grandes próceres de la patria.

Yo apoyaré el referendo que planteó Álvaro Uribe. La paz es derecho y es una obligación, pero la justicia a las víctimas también lo es. Lo que dividió al país fue que Santos nos llamó enemigos de la paz a quienes pensamos que las víctimas no se pueden ocultar y que sus muertos merecen justicia.

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Acerca de David Ghitis 57 Articles
Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.