¿Por qué he dejado de ser Conservador? Parte I

Juan Camilo Vargas

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Escribo esta columna tras meses de reflexión, días de bastante meditación y extensas jornadas y noches en las que no ocupo mi mente más que en la tarea de hallar fundamento a mis principios «conservadores». En esta ocasión sólo pretendo narrar una experiencia propia en la transformación de mis creencias y mi filosofía, basándome en dogmas poco conocidos y que han sido fundamentales para este proceso en el que he ido forjando ideas propias sin caer en el simplismo político del que muchas veces somos víctimas. Quienes me conocen, particularmente en Colombia, podrán rotundamente afirmar que yo no soy conservador, sino «Godo», y razón tienen en hacerlo pues hasta hace poco esa era la etiqueta que quizá se asemejaba más a mis ideas y creencias. Pero considero que poco a poco he ido alejándome tanto de lo que se entiende por «conservador» en la actualidad, que prefiero abstenerme de una nueva etiqueta que ponga límites a mis postulados.

Pero considero que poco a poco he ido alejándome tanto de lo que se entiende por «conservador» en la actualidad, que prefiero abstenerme de una nueva etiqueta que ponga límites a mis postulados. Clic para tuitear

Como he mencionado antes, hasta hace muy poco consideraba el movimiento conservador (no el Partido), como la defensa de unos valores, principios e ideas que hacían eco de mi religión Católica y de la herencia Cristiana que es piedra fundacional de Occidente. Dentro de la francesa separación entre izquierdas y derechas no tardaba en presentarme como un férreo seguidor de los girondinos y enemigo a muerte del acecho jacobino, muy a pesar de esa profunda admiración sentida por don Antonio Machado. Pero con el tiempo me daba cuenta de que aquello en lo que yo creía no hacía parte de las plataformas o ideas fundamentales del actual movimiento conservador, que tiene ahora un enfoque mucho más económico y empresarial que cualquier otra cosa. Debido a la financiación que empezó a llegar a las campañas de diferentes políticos en el mundo, en muchos casos de grandes empresas que deciden tomar partido en temas como el aborto, supuestos derechos especiales para minorías, libertad religiosa u otros en los que sólo puede estarse a favor o en contra, los representantes de este movimiento han callado ante la sumisión de lo verdadero, bueno y bello a lo horripilante, necio y tergiversado.

Es importante resaltar que al experimentar un enorme crecimiento en la Fe, un crecimiento espiritual, concluía que era complejo poder seguir de manera acorde los principios Cristianos si me centraba en tratar de ser un buen conservador bajo los nuevos preceptos de el mismo. La lectura de Martin Heidegger, Aleksandr Dugin, Alain de Benoist, Bertrand De Jouvenel, Rod Dreher, Russell Kirk, Platón, Aristófanes, Oswald Spengler, Julius Evola, Nicolás Gómez Dávila, la encíclica Rerum Novarum y diferentes escritos teológicos de Belloc, Chesterton, el Padre Molina e incluso Alasdair MacIntyre, modificaron sustancialmente mi concepción de armonía entre la mirada a la política actual y el modo de vida a seguir por los dogmas Católicos. Debo citar aquí a uno de mis filósofos favoritos, José Ortega y Gasset, cuando dice en su obra «La Rebelión de las Masas» que «Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral». De manera que empecé allí por alejarme de la dicotomía nociva que se presenta entre ambas ideologías y que, aunque necesaria en ocasiones, cuando no existe una cultura republicana termina por degenerar en caos.

Entendí entonces que el rótulo de «Conservador» sí representaba algunos de mis principios, pero también dejaba fuera muchas de las preocupaciones que siento como joven, como colombiano y como ser humano. Conservador entendido como movimiento mundial, con exponentes como Ayn Rand, Henry Kissinger, Theresa May o incluso Angela Merkel. Si bien hay puntos en común, sus posturas se centran demasiado en asuntos económicos, viendo al mundo a través de una ideología hegeliana de desarrollo constante con claros matices materialistas y economicistas, pero deshumanizando fundamentalmente a los individuos que día a día hacen posible esa interpretación histórica basada en los pensamientos del antaño filósofo germano. En ese momento comprendí que mis ideas ya no comulgaban con los intereses de los Partidos que se aglomeran dentro del movimiento Conservador, mucho menos con aquellos que ni siquiera cuentan con una plataforma sólida y estructurada.

Entendí entonces que el rótulo de «Conservador» sí representaba algunos de mis principios, pero también dejaba fuera muchas de las preocupaciones que siento como joven, como colombiano y como ser humano. Clic para tuitear

Pero como la historia es extensa, espero continuarla pronto en mi próxima columna. Por ahora, si quieren tratar de entender un poco más mi posición, los invito a leer la introducción del libro “The Benedict Option” por Rod Dreher.

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Acerca de Juan Camilo Vargas 44 Articles
Joven santandereano de nacimiento, Huilense por adopción. Estudiante de Política e Historia en Hillsdale College, ubicado en Michigan, Estados Unidos. Ganador de las becas “Hillsdale Merit Scholarship”, “Weber International Private Enterprise Scholarship” y “Gogel Scholarship, Werner J & Mar”. Caballero Andante, poeta inquieto, enemigo de la corrección política y defensor de la tradición moral y las buenas costumbres. Haciendo Patria