Su talante de estadista, su integridad, caballerosidad y señorío, contrasta con la perfidia de su antecesor y con el odio, el rencor y el resentimiento que caracteriza a su sucesor. Clic para tuitear

Así como soy afecto a la reflexión propositiva y a la crítica constructiva, soy enemigo del halago meloso y más, de la intriga canalla y destructiva; pero ante la gestión desplegada por el presidente Iván Duque en medio de la más grave contingencia sanitaria que haya padecido la humanidad, sumada a los desmanes solapadamente promovidos por la otrora y mal llamada Colombia Humana y ahora denominada Pacto Histórico, es deber reconocer su decidida y meritoria gestión, afincada en hechos y realizaciones, y en comprobados indicadores.

Los esfuerzos comprometidos por el presidente Iván Duque para afrontar, atenuar y tratar de abatir la devastación social y productiva de la nación, merecen reconocimiento, encomio y admiración.

Que no se olvide, que el imponderable sanitario que aún seguimos padeciendo, obligó a todas las naciones a adoptar medidas de todo tipo para minimizar su impacto adverso y que los años 2020 y 2021 serán referentes de recesión y más que eso, de decrecimiento.

Tampoco se debe olvidar que, a causa de la pandemia, la economía colombiana en el año 2020 se contrajo 6.8%, siendo el peor año desde que empezaron los registros, quedando el país devastado por el endeudamiento, el déficit, el desempleo y la dificultad para atender las necesidades más apremiantes de la población.

Pero contrario a muchas predicciones y gracias a la intervención y medidas adoptadas por el Gobierno Duque, la economía logró revertir su desempeño y alcanzar una tasa de recuperación y crecimiento sin antecedentes.

El COVID apareció, justo cuando el Gobierno trabajaba en ordenar las finanzas públicas y hacer frente a la súbita y masiva migración de 1.7 millones de venezolanos que buscaron refugio en Colombia como consecuencia de la permanencia del desvencijado y ruinoso Socialismo del Siglo XXI en el gobierno de Venezuela.

Las estadísticas pudieron haber sido peores, de no haber el gobierno diseñado y puesto en marcha instrumentos de salvamento económico, como el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), el cual resultó decisivo para salvar cientos de empresas y cientos de miles de empleos, al igual que el Programa de Apoyo a Empresas Afectadas por el Paro Nacional (AEAP).

No se debe ignorar, que son muchas las empresas que hoy subsisten, gracias al apoyo que recibieron del Gobierno Nacional. Nunca antes un gobierno había extendido de manera tan oportuna y generosa su mano salvadora al sector productivo, ni afrontado con mayor valor, coraje y determinación una crisis sanitaria de semejante magnitud, ni un vandalismo criminal que llegara a paralizar la nación durante tanto tiempo.

El resultado de los esfuerzos del gobierno Duque son claros y concretos, y permiten que, al concluir su mandato, Colombia alcance una tasa de crecimiento cercana al 10% y que la industria y el comercio inclusive la superen.

Las políticas del Gobierno no solo permitieron revertir la crisis, sino que, además, prospectaron un sendero promisorio de desarrollo que devuelve la esperanza y la confianza en el futuro de la nación.

Dentro de los innumerables logros del gobierno Duque, merece reconocimiento:

  1. Realizar la mayor inversión en educación de la que se tenga historia, y que, a partir de ahora, la matrícula universitaria pública sea gratuita para los estratos 1, 2 y 3.
  2. Destinar la mayor cantidad de recursos en infraestructura y ejecutar obras de la mayor importancia para la nación.
  3. Realizar la mayor inversión en vías rurales y terciarias de la que se tenga noticia.
  4. Lograr que más de dos 2 millones de colombianos y por primera vez, tengan servicio de agua potable.
  5. Ser el gobierno con más títulos de propiedad rural entregados; más de 52.000 títulos en cuatro años.
  6. Suministrar oportunamente vacunas gratuitas contra el Covid-19 a más del 70% de la población.
  7. Diseñar y ejecutar uno de los más ambiciosos procesos de transición energética a nivel mundial, multiplicando por 100 la capacidad de la nación en la producción de energías renovables.
  8. Lograr que el 70% del territorio nacional disponga de servicio de Internet de alta velocidad móvil y domiciliario.
  9. Lograr una reactivación económica con el mayor crecimiento económico registrado en la historia del país.
  10. Decretar aumento de 10% del salario mínimo, casi doblando el IPC del año anterior (5.5%), lo que puede constituir el comienzo del llamado “Estado de Bienestar”, que es el aumento de la capacidad de compra de la población y la nivelación gradual de los servicios de salud y educación, así como de oportunidades de progreso en aras de lograr el cierre gradual de la brecha económica y social que distancia los colombianos.

Pero que para que el comienzo del “Estado de Bienestar” no se frustre, se hace necesaria una rigurosa vigilancia y control de las autoridades del mercado, de manera que el aumento del salario no se siga diluyendo por el abusivo aumento de precios concertados por productores y distribuidores.

De igual manera se requiere, que el Banco de la República modifique su errática política de contracción monetaria e intervenga en favor de la reducción de las abusivas tasas de interés que cobran los establecimientos de crédito, las cuales encarecen el endeudamiento de la población y aumentan los costos financieros de las empresas.

Colombia entera y en especial el sector real, le debe reconocimiento y gratitud al presidente Iván Duque, a quien le correspondió enfrentar sin populismos ni aspavientos, un imponderable sanitario sin precedentes y una oposición agresiva, injuriosa y perversa, solapadamente alentada por Juan Manuel Santos y sus corifeos, entre ellos, funcionarios y corruptos contratistas de su gobierno, así como por el presidente electo, quien ahora trata de borrar la falacia, la mentira, la falsedad, la deslealtad y la amenaza de un estallido social que caracterizó su campaña, e intenta mostrarse como conciliador, corregidor de la corrupción, mesías del perdón y redentor de la paz con impunidad, a pesar de estar acompañado por algunos apóstoles que apestan a perversidad y corrupción.

Con todo y sus patrañas, ojalá que a Petro le vaya bien; aunque, sin empezar su gobierno, ya se avizoran los problemas que tendrá que enfrentar con sus mismos seguidores, así como para articular sus obtusas e insostenibles propuestas populistas, las que de seguro serán rechazadas por la inmensa mayoría de la nación.

Gracias presidente Iván Duque; gracias por devolverle a los colombianos la esperanza en el gobernante y por fundir las bases de un futuro mejor. Su talante de estadista, su integridad, caballerosidad y señorío, contrasta con la perfidia de su antecesor y con el odio, el rencor y el resentimiento que caracteriza a su sucesor.

Rafael Rodriguez Jaraba
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Rafael Rodríguez Jaraba

Abogado Esp. Mg.

Consultor Jurídico & Asesor Corporativo.

Especialización en Derecho Comercial. Maestría en Derecho Empresarial.

Conjuez de la Sala Civil del Honorable Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.- Arbitro y Conciliador del Centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Cali.- Mediador en Conflictos de Gobierno Corporativo certificado y acreditado por Global Corporate Governance Forum. Banco Mundial. IFC.- Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.- Catedrático Universitario.