Presidente Duque, salvador de empresas y empleos.

Rafael Rodríguez Jaraba

Rafael Rodríguez - Jaraba

Bien saben mis escasos lectores, que soy más amigo de la crítica constructiva y propositiva que del halago obsecuente, así como enemigo de la intriga destructiva, la que repudio, rechazo y condeno. Pero ante la aguda y cada día más amenazante contingencia sanitaria que afrontamos, es de justicia reconocer los ingentes esfuerzos que el presidente Iván Duque ha venido comprometido para afrontar y atenuar la devastación del sector productivo nacional, así como para mitigar la calamitosa situación que padecen millones de colombianos.

El año 2020 develó una realidad sanitaria, social y económica insospechada, y dejó nuevas lecciones que no debemos olvidar ni desaprovechar para lo que está por venir que sigue siendo impredecible e imprevisible, sin que con ello debamos renunciar al optimismo y entregarnos al pesimismo.

Es claro que sin habérnolo propuesto y bajo apremio, hemos ingresado a la llamada sexta revolución industrial, la que mirábamos a futuro y en la que el mundo se movería de manera digital en tiempo real. Pero no; la calamidad sanitaria que vivimos nos acortó el camino a su articulación y desde hace un año, lo presencial se volvió supletorio y lo digital principal.

En mi caso particular, llevo más de un año asistiendo a audiencias judiciales y arbitrales de manera virtual, atendiendo consultas en forma remota, asistiendo a consejos directivos, asambleas de accionistas, juntas de socios, foros y conferencias a distancia, e impartiendo clases en universidades privadas y públicas por medio de plataformas virtuales, con resultados aceptables y con tendencia al mejoramiento.

Es evidente que el COVID-19 conminó a todas las sociedades a adoptar medidas de todo orden para minimizar su impacto adverso en los sectores productivo, educativo y social, así como en la distribución de alimentos y abastecimiento de bienes y servicios para evitar un mayor desplome en la demanda y por ende en la oferta del mercado. El 2020 y el 2021 serán años referentes de recesión y más que eso, de decrecimiento mundial.

El año pasado, para esta época, voces o expresiones como “confinamiento”, “aislamiento preventivo u obligatorio”, “uso de mascarillas” y “distanciamiento social” eran inusuales para la sociedad, y hoy forman parte de nuestro vocabulario cotidiano, entretanto, el contagio sigue afectando todos los aspectos de la vida en sociedad.

Durante los últimos 12 meses, la pandemia ha perjudicado en mayor medida a los más pobres y vulnerables, y podría empujar a la pobreza a millones de personas más. Este año, tras décadas de avance constante en la reducción del número de personas que viven con menos de USD 1,90 al día, el COVID marcará el primer revés en la lucha contra la pobreza extrema en una generación.

En los análisis más recientes se advierte, que el virus ha llevado a 88 Millones de personas a la pobreza extrema, y que esa cifra es apenas un punto de partida. En el peor de los casos, podría llegar a 115 Millones.

El Banco Mundial prevé que el mayor porcentaje de “nuevos pobres” estará viviendo en Asia meridional y que África y Suramérica se disputarán el segundo lugar. En la última edición del Informe del Banco Mundial sobre Pobreza y Prosperidad se dice: “Es probable que muchos de los nuevos pobres trabajen en los servicios informales, en la construcción y en la manufactura, sectores en los que la actividad económica se ve más afectada por los confinamientos y otras restricciones a la movilidad, lo que supone un aumento exponencial de la informalidad”.

Las restricciones dispuestas para controlar la propagación del virus y aliviar la presión sobre los sistemas de salud vulnerables y sobrecargados, han tenido un enorme impacto en el crecimiento económico.

De igual manera, en reciente edición del Informe Perspectivas Económicas Mundiales se reseña: “El COVID-19 ha desatado una crisis mundial sin precedentes, una crisis sanitaria mundial que, además de generar un enorme costo humano, está llevando a la recesión mundial más profunda desde la Segunda Guerra Mundial”. En este informe se prevé, que este año la economía mundial y los ingresos per cápita se contraerán y convertirán a millones de personas en pobres extremos. De todas las recesiones mundiales ocurridas, la provocada por el coronavirus ha generado las bajas más pronunciadas y rápidas en los pronósticos de consenso sobre el crecimiento.

La desaceleración económica provocada por la pandemia ha tenido un profundo impacto en las empresas y los empleos. En todo el mundo, las empresas, sobre todo las micro, pequeñas y medianas de los países en desarrollo, se encuentran sometidas a una intensa presión, dado que más de la mitad de ellas están en mora en el cumplimiento de sus obligaciones o probablemente lo estarán dentro de poco tiempo.

Por su parte la economía de Colombia se contrajo un 6.8%, de acuerdo al DANE y el 2020 fue el peor año desde que comenzaron los registros en 1905, dejando al país devastado por una deuda creciente, desempleo masivo y hambre. Al parecer, la economía no recuperará su nivel de producción hasta fines de 2022 y es probable que el ritmo de la recuperación económica se desacelere en el primer semestre de este año, luego de que el aumento en la infección ha obligado a las autoridades a imponer de nuevo algunas restricciones.

El gasto relacionado con la pandemia y la caída de los ingresos fiscales hicieron que el déficit fiscal aumentara a alrededor del 9% del PIB en 2020, frente al 2,5% del año anterior. Esto tiene en riesgo la calificación crediticia de grado de inversión de Colombia y deja al Gobierno buscando formas de aumentar los ingresos. La deuda pública se elevó al 68% del PIB el año pasado. Como es bien sabido, ya el Gobierno planteó la necesidad de una reforma tributaria que aplicaría a partir de 2022.

El gran golpe de la pandemia se produjo justo cuando el país luchaba por hacer frente a las consecuencias de la crisis de Venezuela, que ha llevado a unos 1,7 millones de migrantes a buscar refugio en Colombia como consecuencia de la permanencia en el gobierno del mal llamado Socialismo del Siglo XXI.

El DANE revela que hoy el 29% de los hogares no toman tres comidas al día, en comparación con el 11% antes de la pandemia. Más de un millón de puestos de trabajo fueron destruidos en el transcurso del año 2020, dejando a Colombia con una tasa de desempleo urbano cercana al 16%.

Por su parte el Banco de la República como formulador de políticas monetarias, cambiarias y crediticias, ha mantenido las tasas de interés en un mínimo histórico de 1,75% durante varios meses continuos, pero el mes pasado, dos miembros de su junta pidieron una disminución adicional.

Colombia publicó sus cifras de PIB antes que la mayoría de sus pares. La contracción del país en 2020 se compara con caídas esperadas de 12% en Perú, 6% en Chile y 4,5% en Brasil, según analistas encuestados por Bloomberg.

Los resultados de los reportes y estadísticas serian peores, de no haber el Gobierno diseñado y puesto en marcha el denominado Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), el cual resultó un instrumento decisivo de salvación para cientos de empresas y de miles de empleos, y que probablemente se mantendrá entretanto continúe la emergencia.

Nunca antes como ahora, un gobierno había extendido de manera tan oportuna su mano salvadora al sector productivo y afrontado con mayor valor y determinación una crisis como la actual.

Colombia entera y en especial el sector real y los gremios de la producción, le deben reconocimiento y gratitud al presidente Iván Duque y a su valeroso gobierno que le ha correspondido lidiar sin populismo ni aspavientos, un imponderable sin precedentes en la historia de la humanidad.

Gracias presidente Iván Duque.

Colombia entera y en especial el sector real y los gremios de la producción, le deben reconocimiento y gratitud al presidente Iván Duque y a su valeroso gobierno que le ha correspondido lidiar sin populismo ni aspavientos. Clic para tuitear

RAFAEL RODRÍGUEZ-JARABA
Acerca de RAFAEL RODRÍGUEZ-JARABA 45 Articles
Abogado consultor, asesor y litigante. Especializado en Derecho Comercial de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Maestría en Derecho Empresarial de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali y del Centro de Estudios Garrigues de Madrid, España. Diplomado en Arbitraje, Litigio Arbitral y Conciliación. Certificado como Mediador de Conflictos de Gobierno Corporativo por Global Corporate Governance Forum, IFC y World Bank. Conjuez. Árbitro. Conciliador. Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Valle, Universidad Icesi y Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. Autor de artículos investigativos y científicos publicados en revistas indexadas. Analista y Consultor jurídico, corporativo y financiero. Ex columnista de El Pueblo, Occidente, El País y Semana.