Proceso de paz “hecho en revolución”

ROXANA DA SILVA

Proceso de paz “hecho en revolución”

@DaSilvaRoxy

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La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad

Thomas Mann

Después de 4 años de conversaciones entre las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana, Cuba para mediados 2016 se firmó el acuerdo que a finales del año -luego de que mayoría de colombianos votaron no en el plebiscito- sellarían en un acto protocolario para el mundo.

A partir de ese momento, al menos 7.000 miembros de la guerrilla se desmovilizaron y entregaron, en promedio, un arma por cada hombre pasando así a  participar en la vida democrática del país. De ser las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (las Farc), pasaron a ser el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (la Farc).

Las alertas se hicieron eco cuando comenzaron a saltar las disidencias.  Para el gobierno de Santos representaban un pequeño número, algo común como resultado de un proceso de paz posterior a un conflicto armado que duró más de medio siglo.

 El exministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, aseguró hace dos meses que el número de disidentes de las Farc que había en Colombia, “por información de inteligencia” llegaba a 1.200 hombres. Además agregó que “los grupos ilegales siempre tienen intención de consolidarse”. Cierto, siempre y cuando no se sobrepase a un total del 20%, que es lo usual en los procesos de paz que se han llevado a cabo.

Por otra parte según el último trabajo publicado por The New York Times en septiembre, la organización Insight Crime estimó que había unos 2.800 guerrilleros disidentes de las Farc; cifra que representa casi el 40% de todos los milicianos que tenía el grupo antes del proceso.

El total de hombres que continúan en armas se encuentra entre los cientos y miles; en todas las negociaciones hay quienes se rehúsan al cambio o sienten el fracaso ante el nuevo contexto y, por ende, prefieren huir. Desde que se firmó el acuerdo, el país sigue en expectativa ante el futuro que se pretende construir en paz.

Esta situación tiene tal envergadura que es imposible conocer los números reales, además, a este problema se le suma el aumento de las hectáreas de cocaína. De acuerdo con las últimas estadísticas de los Estados Unidos durante el 2017 se alcanzaron las 209.000 hectáreas de coca sembradas en Colombia.

Este ambiente permite a los grupos criminales darle forma a una nueva dinámica fortaleciendo el control de los cultivos de coca y el tráfico de cocaína nutridos por los grupos disidentes.

Este ambiente permite a los grupos criminales darle forma a una nueva dinámica fortaleciendo el control de los cultivos de coca y el tráfico de cocaína nutridos por los grupos disidentes. Clic para tuitear

Juan Manuel Santos durante el mes de julio, antes de salir del poder, aseguró que las disidencias se habían “reducido”. El expresidente dijo que las disidencias de las Farc, según cálculos de inteligencia de las Fuerzas Militares, se habían reducido en un 10% (desde el último informe). Curioso porque, según organizaciones e investigadores independientes se asegura que las disidencias han venido expandiéndose desde la firma del acuerdo.

Con respecto a los cultivos de coca, Juan Manuel Santos a finales de junio dijo: “Muy fácil venir a criticar a Colombia porque aumentaron los cultivos ilícitos, mientras los consumidores siguen consumiendo y se legaliza el consumo de muchas drogas que se están produciendo”. Es decir, evadió dar respuesta a la raíz del problema, aunque posteriormente lo reconociera y se excuso diciendo que no existe gobierno perfecto.

Desde el 2016 hasta el presente año fueron asesinados más de 300 líderes sociales. Ante esta situación, el expresidente también admitió que la protección prometida a los líderes sociales en diversas partes del país fue poco eficaz; sin embargo, hasta allí quedó su actuar.

Infinidad de cosas tienen pensando a los colombianos sobre el verdadero estado de la paz que firmó el gobierno de Santos. Entre la solicitud de extradición para Santrich, los exguerrilleros que se encontraban desaparecidos, la aparente división entre partido Farc y los funcionarios de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) investigados por la Fiscalía.

Problemas entre vecinos

Cuando Uribe se despidió del poder en el año 2010, las relaciones con quien era presidente de Venezuela, Hugo Chávez, estaban totalmente deterioradas. Esto se debía a la política de seguridad ciudadana y la lucha global contra el terrorismo que el expresidente venezolano consideraba amenaza para su país y la región.

Desde el año 2000 Colombia recibe apoyo de los Estados Unidos para lograr la eficacia en la lucha contra el narcotráfico. Chávez aseguraba que la presencia ‘gringa’ en territorio colombiano se había “convertido en una excusa del imperio (estadounidense) para intervenir en Colombia y amenazar desde allí a Venezuela». Por esta razón llegó a asegurar que “una incursión militar sería causa de guerra (con Venezuela)”.

Venezuela dejó hace mucho de ser el territorio en el que los militantes de lo que era las Farc se ocultaban ocasionalmente y evitaban la persecución de las autoridades colombianas, o en el que se adentraban para realizar secuestros y extorsiones que después capitalizaban en Colombia; para convertirse, desde el chavismo en un frente activa utilizado para trasladar drogas, víctimas de secuestros y suministrar armas a los grupos que operan en la frontera.

Desde hace más de 5 años el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos ha identificado a Venezuela como uno de los principales países de tránsito de los cargamentos de cocaína que se dirigen hacia norteamérica.

El informe del Departamento de Estado de Estados Unidos ha identificado a Venezuela como uno de los principales países de tránsito de los cargamentos de cocaína que se dirigen hacia norteamérica. Clic para tuitear

Las Fuerzas Armadas se plegaron al proyecto político del chavismo, cuyo gobierno pasó a ser un operador político en la agenda internacional del otrora grupo armado. Los miembros de lo que fueron las Farc dejaban de ser un huésped incómodo para ser recibidos con los brazos abiertos.

  Para Chávez y ahora para Maduro, la guerrilla es la concreción alzada en armas de los ideales bolivarianos y revolucionarios, mientras que el gobierno legítimo colombiano representa a la peor oligarquía del continente.

Las objeciones y críticas emitidas desde Colombia y Estados Unidos hacia Venezuela no fueron escuchadas o, simplemente, fueron descalificadas, atribuyendo que estas formaban parte de una supuesta campaña orquestada desde Washington para desprestigiar la política venezolana.

Juan Manuel Santos conocía muy bien la situación en el país vecino mientras estuvo a cargo del ministerio de Defensa durante el gobierno de Uribe, ya era inminente lo que existía entre guerrilleros y gobierno de Venezuela. Pero pareció haberlo olvidado cuando entró a la presidencia y comenzó a calificar a Hugo Chávez como su “nuevo mejor amigo” y, posteriormente, utilizó a Nicolás Maduro como enlace para alcanzar el acuerdo de paz. Santos quería firmar la paz, era su principal objetivo, sin importar a quiénes tuviera que aliarse.

Una vez firmado el acuerdo y habiéndole agradecido reiteradas veces a Venezuela por su colaboración, Santos se distanció de Nicolás Maduro -este último, para aquel momento, ya era fuertemente cuestionado y criticado internacionalmente debido a los asesinatos durante las protestas entre los años 2014 y 2017-. Y Maduro, en respuesta al rechazo, aseguró que “ese logro (la paz) fue gracias a Hugo Chávez”, su único logro en 8 años se lo debía a Venezuela.

Entendido el contexto entre colombia y venezuela: ¿Cómo pudo ser Venezuela garante del acuerdo? ¿Cómo puede la paz ser sostenible en el tiempo? ¿Cómo podrían las disidencias no ser un peligro para colombia si la cifra jamás disminuyó? Sin duda, los hombres que han decidido regresar a las armas encuentran espacio en venezuela -en compañía de otros grupos armados- y, en cuanto al tráfico, se les ha hecho mucho más fácil trabajar si cuentan con miles de hectáreas de cultivos ilícitos en territorio colombiano que pueden sacar con facilidad desde venezuela.

Esto lo sabía Juan Manuel Santos cuando decidió trabajar por la paz, pero abandonó la lucha férrea contra el tráfico de drogas. No lo combatió. Tampoco fue directo, mucho menos enfrentó al chavismo y a su complicidad con el crimen, hasta acabar el proceso.

Hoy las principales ciudades fronterizas de Venezuela son el refugio de comandantes guerrilleros y disidentes Farc. Esta situación pone en peligro mayor la estabilidad del Estado colombiano.

Entonces, ¿existe realmente la paz para Colombia? Mientras el narcotráfico y el poder en Venezuela sigan siendo una amenaza, muy difícil.

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¿Ahora qué?

Mientras tanto, la frontera colombo-venezolana es la que más sufre. A diario ocurren secuestros, desapariciones, asesinatos, extorsiones, contrabando. Nada cesó.

Los vínculos y solidaridad del presidente venezolano con la guerrilla resultan un hecho verificable y una realidad imposible de ocultar. El Estado venezolano  ha cedido sus espacios a los subversivos, al hampa común y al narcotráfico.

Todo aquello que busque acabar con la violencia es bienvenido. Y no, ninguno es perfecto. Pero se debe ser coherente con las acciones, además de trabajar en distintos frentes que permitan alcanzarla en su totalidad.

El expresidente, consciente de la situación en Venezuela prefirió, apremiado por la necesidad de firmar la paz, hacerse la vista gorda. Mientras tanto, fue indiferente al libre tránsito de drogas entre su país y el del vecino con el objetivo de ayudar a financiar a las organizaciones criminales. Esto de ninguna manera es, a mediano plazo, paz para Colombia.

Las diferencias entre gobiernos serían tolerables si no existiera, de parte del poder venezolano, un plan de expansión continental que tiene a Colombia como objetivo. Si no tuviera Venezuela a un régimen del mal. Si no estuviera el crimen organizado respaldado por el Estado venezolano.

Se sabía que la paz en Colombia iba a afrontar dificultades. Era predecible para un país que sigue teniendo al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos criminales que amenazan a la población civil. Pero poco se logra si el desmantelamiento del principal grupo insurgente no se acompaña de políticas y medidas que representen una reorientación de los propósitos del Estado.

Por su parte, el presidente Duque aseguró que no se aceptará que “exista repetición ni más violencia” y que todo aquel que regrese o haya regresado a las armas recibirá todo el peso de la justicia. Hay que ser vigilantes y críticos para asegurar que estas medidas se cumplan.

Tanto el Gobierno del actual presidente como el de sus sucesores debe encarar y buscar soluciones al tema de los cultivos y el tráfico de sustancias ilícitas. Además, debe presionar y afrontar con un talante, una determinación y claridad estratégica al régimen venezolano y su vínculo consolidado con organizaciones criminales que afectan la seguridad colombiana.

Se deberán cumplir los compromisos con las víctimas y los desmovilizados y, sobre todo, impulsar las medidas pensadas para prevenir la reinstauración del conflicto armado. La suma de todo esto permitirá que Colombia pueda sobrellevar la incertidumbre y trabajar por una paz duradera.

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Acerca de Roxana DaSilva 8 Articles
Periodista independiente. Comunicadora Social. Leo, redacto e informo sobre lo político y social.