Qué vergüenza

Armando Barona Mesa

@BaronaMesa

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No, no puedo sentir orgullo de ser colombiano, cuando por los criminales se llega a convertir a esta patria en el primer país productor de coca en el mundo y algo peor, campeones en narcotráfico. El narcotráfico, ciertamente, es el mayor crimen colectivo del mundo contemporáneo. Abominable. Pero todo eso pasa tristemente en Colombia. 
Las Farc y demás guerrillas, todas han sido narcotraficantes. En sus integrantes no ha habido, ni lo hay ahora, ninguna actitud romántica y revolucionaria que busque un destino mejor para el país. No, la combinación de todas las formas de lucha del marxismo stalinismo han llegado al extremo de legalizar conductas demasiado criminales como el secuestro, el genocidio, los atentados y los ataque ecológicos. Han sido malos y sin escrúpulos y algo peor, todos han sido narcotraficantes, como es de dominio público.
 
 Pero el gobierno Santos permitió alevosamente que, para ofrecer una impunidad vergonzosa a los malandrines, se permitiera la conexidad de todos estos crímenes con el delito político. Exabrupto mayor no puede hallarse.  El delito político es noble y altruista. 
Y así, en los acuerdos de paz, lograron establecer el apotegma de que el narcotráfico también es delito conexo y por lo tanto acreedor a la impunidad. Eso lo vivimos antes y lo estamos viviendo. 
Desde luego que el señor expresidente Santos, de mala fe, se inventó el cuento de que quienes discrepábamos de esas atrocidades éramos enemigos de la paz. Y ellos, los de la entrega total, sus amigos. Disyuntiva tramposa que llevó a la polarización del país.
 
Toda esta trapisonda va entregando sus frutos. Esa “jurisdicción” que acoplaron con pago de altos honorarios un señor comunista español de apellido Santiago y el actual rector de la Universidad Externado de Colombia, Juan Carlos Henao, para consagrar con una apariencia de legalidad, muy cara al país, de modo absoluto la impunidad, viene dando sus frutos oprobiosos.
 
Los casos han venido sucediendo paulatinamente.  Hace unos meses descubrieron en un video innegable a un fiscal de la Jep recibiendo dineros para ayudar a los narcos y en especial a la causa del señor Pausanias -o algo así- con nombre de combate Jesús Santrich. El hombre y algunos más están detenidos. A más de eso se han venido dando hechos aislados que marcan la inclinación sesgada de los integrantes de ese embeleco.  
 
Pero lo que acaba de ocurrir con la decisión de no extraditar y poner en libertad a aquel sujeto, se sale de todos los linderos de la decencia. Es increíble que tres magistrados -los otros dos con probidad salvaron su voto y expresaron su desacuerdo- hayan desconocido las pruebas. Que se hubieran hecho los locos expresando, con la sofisticación de palabras técnicas, que no había prueba de que el tal Santrich hubiera negociado un gran envío de cocaina.  
 
Descaradamente dijeron que no era un elemento de convicción el video en el que, con otros cómplices que están presos, hablan con personajes camuflados de la Dea sobre un negocio claro de producción de una cantidad de diez toneladas de cocaína y su valor. Santrich habla en la reunión y habla claro y directo, como si fuera el jefe, sobre ese asunto.
 
Pero los “magistrados” -¿si lo serán en el sentido justo de la palabra ?- rechazan esa prueba amañadamente, vulgarmente, y en un escrito muy largo resuelven proclamar que no hay elementos probatorios. Y fallaron en ese sentido. Y cuando la tierra, el presidente, el fiscal y los hombres informados y honrados se estremecieron ante el prevaricato, con la mayor tranquilidad siguen apareciendo como personajes respetables.
 
 Inconcebible que esto pase aun en una “justicia” acomodaticia.
 
Ah, pero los que dicen ser los amigos de la paz no ocultan su satisfacción. Allí están los Roisbarreras, los Iváncepedas, los Petros,  que también sabe contar dinero en cajas, las  Claudiaslópez y un mundillo de calanchines que desempeñan sin reticencia el oficio de “idiotas útiles”, palabras con que los llaman con desprecio los mismos comunistas. 

        !Vergüenza!, !Vergüenza!, “Vergüenza”. Como dijera Vargas Vila, ya ni en la paz de los sepulcros creo.

Armando Baron Mesa
Acerca de Armando Baron Mesa 1 Article
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.