Quebrar el espíritu del criminal

CÉSAR AUGUSTO BETANCOURT RESTREPO

Columnista

@C88Caesar 

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Columnista

El Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, ha manifestado en varias oportunidades su frustración porque a pesar de que la Fuerza Pública captura a los delincuentes, una vez presos, desde las cárceles siguen delinquiendo.

Esta no es una problemática que solo se presenta en Medellín, pues ocurre lo mismo en muchas prisiones del país y del mundo entero ¿Ha fallado el sistema penitenciario?

No es algo nuevo y aquí no se está descubriendo el agua tibia, los criminales siguen manejando sus oscuros negocios aun estando presos. Parece que los tentáculos de los delincuentes escaparan a los barrotes que los contienen y la pregunta es ¿Qué debemos hacer?

Primero hay que entender que un delito ataca no solo a una persona sino a una sociedad entera que vive y se rige bajo un contrato social, y en ese contexto, la sociedad tiene derecho a defenderse del criminal, remendar la ofensa y evitar que se propague, por esto mismo existe el castigo, y ese castigo hoy se conoce como la privación de la libertad.

No es algo nuevo y aquí no se está descubriendo el agua tibia, los criminales siguen manejando sus oscuros negocios aun estando presos. Clic para tuitear

Nos preguntamos entonces ¿Hay una verdadera noción de castigo en nuestra sociedad? ¿El castigo cumple las funciones de resarcir a la sociedad, sancionar al delincuente y persuadir al posible malhechor de cometer sus fechorías?

Resulta, en primer lugar, circense que muchos de los peores criminales de la historia de nuestro país hayan tenido penas irrisorias y hoy caminen libres, o que incluso hayan llegado a altas estancias de la esfera política y pública sin haber pagado si quiera un solo día de cárcel. Desde ahí se empiezan a romper las reglas básicas del castigo.

Además, vemos una insuficiente labor de las autoridades judiciales, que muchas veces se quedan cortos a la hora de comprobar los delitos de los criminales, y por tanto, los jueces, ante la falta de evidencia, no pueden imponer penas mayores ni más severas.

Un ejemplo concreto es el del capo de la banda criminal la Terraza, Mauricio Alberto Zapata Orozco, alias Chico, quien siendo un destacado delincuente, lo peor de lo peor del crimen organizado de Medellín, tan solo recibió como pena 5 años de prisión en el 2012 por el delito de tráfico de armas ¿Dónde estaban los otros crímenes comprobados? ¿Dónde quedó el castigo verdadero?

Cuando no hay severidad en el castigo, el castigo mismo pierde sentido, pierde valor, pierde toda la carga simbólica que debe tener para que sea efectivo, y esto no solo sucede hacia afuera de las cárceles, sino hacia adentro.

El criminal que aun siendo apresado no se siente castigado, es un criminal viviendo en la impunidad, y un Estado que no puede garantizar el castigo a los ofensores de la sociedad es un Estado frágil y débil frente al delincuente.

Entonces la columna vertebral del problema aquí es la incapacidad de castigar del Estado, porque aunque se aprese al delincuente, no hay un castigo real (en la mayoría de los casos), por lo que primero debemos resignificar el concepto de castigo, y entender que para doblegar al delincuente ante la ley, hay que quebrar su espíritu delictivo.

Hoy las cárceles no ofrecen método alguno para quebrar ese espíritu delictivo, es más, en muchas de ellas, los delincuentes terminan degenerándose, al punto que se vuelven aún más criminales que antes.

Tampoco hay que pensar en métodos arcaicos de castigo, no estamos en la edad media en que el cuerpo del capturado era torturado como medio para resarcir a la sociedad, pero sí que podemos pensar en alguna forma de afectar la psique del criminal, y así arrodillarlo ante el Estado.

¿Y qué podemos pensar para quebrar la psique del criminal? En Estados Unidos se utiliza la práctica del confinamiento solitario, un castigo que sin duda es ejemplar ¿Qué tal si en Colombia pensamos en castigar a los peores delincuentes con confinamiento solitario por décadas enteras?

Pensemos un momento en esos violadores de niños y niñas encerrados de por vida sin contacto humano (ni parientes ni conyugues) por décadas. No me imagino una mejor forma de quebrar el espíritu de un delincuente que privándolo de la más primitiva de las necesidades humanas: La interacción… la comunicación.

Pero la tarea no queda aquí solamente, pues como lo mencioné anteriormente, muchas veces el Estado no puede comprobar un delito aunque sepamos que se haya cometido, por lo que debemos fortalecer con todos los insumos, recursos y capacitaciones posibles a los miembros del Estado que se encargan de judicializar, recolectar pruebas y todo el material probatorio, con el fin de obtener justicia. Esto aplica también a los jueces, que pareciera muchas veces que velan más por el interés de los delincuentes que del resto de ciudadanos.

No podemos esperar resultados diferentes si seguimos aplicando los mismos métodos. Necesitamos imponer un imperio de la ley fuerte y poderoso que no se doblegue ante criminales, mafiosos, ni terroristas, o si no, seguiremos viendo una y otra vez como los peores delincuentes de Colombia (incluidos los corruptos y ladrones de cuello blanco)  terminan teniendo más garantías que cualquier otro colombiano inocente de toda culpa.

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César Augusto Betancourt Restrepo
Acerca de César Augusto Betancourt Restrepo 45 Articles
Soy Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista hasta los tuétanos, ciclista amateur enamorado de Medellín y admirador de Oscar Wilde, Freddy Mercury y Salvador Dalí. Escribo con alma, vida y sombrero. #DogLover #MejorEnBici