¿Quién dio la Orden?

Eduardo Benítez Gaitán

@EduardoBenitezG 

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El Comité Nacional de un autodenominado “Paro”, que no es más que una pandilla de extorsionistas bien organizados y aupados por algunos medios de comunicación, pretende seguir con su estrategia de extorsionar al Gobierno Nacional mediante el terror de los bloqueos y los actos vandálicos contra comercios, transporte público, edificios públicos y contra pequeños y medianos negocios de Bogotá y en menor medida Cali, Medellín y Bucaramanga. 

Desde diciembre de 2019 anuncian “reuniones preparatorias” para relanzar un supuesto “paro” que ha mermado progresivamente limitándose básicamente a acciones de bloqueo y vandalismo en Bogotá y esporádicamente en Cali y Medellín, sin ninguna afectación sobre las principales vías nacionales, el abastecimiento de alimentos, infraestructura crítica o sectores productivos estratégicos, lo cual se refleja en las encuestas de opinión donde más del 60% rechaza el supuesto “paro”. 

Por fortuna las autoridades y la ciudadanía han reaccionado de forma prudente e inteligente a las agresiones e intenciones de la pandilla de extorsionistas (Comité de “Paro”), de un punto máximo el día 21 de noviembre con más de 300 acciones en alrededor de 140 municipios y 200 mil manifestantes, han pasado a acciones esporádicas de vandalismo limitadas prácticamente a Bogotá de un centenar de encapuchados denominados “Primera Línea”. 

Buscaban, similar al caso chileno y ecuatoriano, desbordar las capacidades de la Fuerza Pública a tal punto de formar turbas de personas que sobrepasaran a las de la policía, provocar la intervención del Ejército y saciar su sed de sangre con muertos atribuibles a los soldados y policías y generar así una espiral de indignación para reforzar su horda de destrucción en los días y semanas siguientes. 

Buscaban, similar al caso chileno y ecuatoriano, desbordar las capacidades de la Fuerza Pública a tal punto de formar turbas de personas que sobrepasaran a las de la policía, provocar la intervención del Ejército Clic para tuitear

Por el contrario, con sus acciones de vandalismo, la pandilla de extorsionistas no logró ganarse la solidaridad de la gente, sino reforzar el apoyo ciudadano a policías y soldados en Bogotá que salieron a imponer el orden, a disuadir a los criminales y proteger la vida, honra y bienes de una ciudadanía que hizo caso omiso a los delirios de Petro de conformar unas “Guardias Populares” bajo el convencimiento de que la Fuerza Pública iba a verse desbordada frente al vandalismo en Bogotá y Cali del 21 y 22 de noviembre de 2019. 

En su desespero y evidente fracaso, no tardo la pandilla en sacar y viralizar por redes sociales, teorías de la conspiración para adjudicar al Estado el vandalismo vivido en las ciudades y videos de supuestos integrantes de la Fuerza Pública respaldando el supuesto “paro”. 

El epilogo de las acciones de la pandilla fue  la apropiación arrogante de una representación ciudadana que nadie les otorgo, por el contrario tomaron figuración y atención del Gobierno y medios de comunicación por el uso del terror en torno a bloqueos y destrucción de Transmilenio, millones de ciudadanos marchando atemorizados a sus hogares, trabajos y estudios por las acciones de los vándalos, ciudadanos defendiendo sus negocios y hogares del “poder popular” que incita y excita a Petro y sus áulicos desde las redes sociales. 

A partir de dicha figuración mediática y política, con base en el terror al que sometieron principalmente a Bogotá, la pandilla de extorsionistas se quitó la careta para exigir como “clamor ciudadano” reinstaurar la mesa de impunidad para el ELN, los asesinos de 22 cadetes de policía en enero de 2019 y principales ecocidas de los ríos de Colombia con sus voladuras al oleoducto. 

Muchos de los que marcharon por un tratamiento para el cáncer, mejoras puntuales en educación o trabajo debieron sentirse utilizados y manoseados por la pandilla de extorsionistas cuya prioridad y principal petición es proteger en Cuba a la cúpula del ELN. 

Inicia el año 2020 y a partir de lo sucedido a finales del 2019 hay algunas inquietudes y lecciones aprendidas a tener en cuenta por las autoridades y la ciudadanía: 

PRIMERO: ¿QUIÉN DIO LA ORDEN?

Solo en la ciudad de Bogotá el 21 de noviembre de 2019 se programaron alrededor de 34 concentraciones y marchas, calculadas para hacer colapsar a la ciudad, sobre todo en las zonas más pobladas, así como en los intentos de tomarse el aeropuerto y afectar la zona del occidente cercana a la Central de Abastos de la ciudad. 

El día 22 de noviembre de 2019 fue la jornada más dura en términos de orden público, la destrucción de la mayoría de la infraestructura de Transmilenio, el terror en zonas pobladas del sur y occidente, los mensajes y panfletos virtuales y los hechos posteriores como la conformación del grupo terrorista “Primera Línea”, encapuchados que salen con escudos y actitud agresiva a bloquear vías e intentar vandalizar el transporte público, dejan claro que no son acciones esporádicas, hay una planeación, una organización, unas cabezas a las cuales las autoridades, medios de comunicación y ciudadanía están en el deber de identificar y sancionar política, judicial, mediática y socialmente de forma ejemplar. Lo que pasó en el 2019 no puede quedar en la impunidad y menos servir de germen para un nuevo Movimiento Revolucionario del Pueblo, grupo de universitarios radicalizados por el ELN que colocaron una bomba en el baño de mujeres del Centro Andino.

Queda claro que ante el fracaso parcial de la pandilla de paralizar el país, la única vía que les queda es retomar y buscar sostener acciones de bloqueo y vandalismo contra el transporte de los bogotanos, caleños y medellinenses en horas pico para captar la atención mediática y mostrar al Estado como agresor. 

SEGUNDO: EL PELIGRO DE LA RADICALIZACIÓN

Si en Europa están lidiando con la amenaza de la radicalización por motivos religiosos, en Colombia estamos ad portas de un proceso similar pero por motivaciones de extremismo político, en concreto de izquierda. 

Prueba de ello está en la instrumentalización de jóvenes por parte de los sectores de la pandilla organizadora del supuesto “paro”, lo que ha devenido en las acciones como la del estudiante de la Universidad de Antioquia que murió por acción de los explosivos que portaba como integrante del grupo radical JM-19 (inspirado en la guerrilla del ex terrorista Gustavo Petro), la convocatoria hecha por Petro a jóvenes de colegios para participar de las acciones violentas, entre los cuales estuvo el fallecido Dilan Cruz, y la más reciente conformación de la autodenominada “Primera Línea”, grupo terrorista de encapuchados con escudos inspirados en la experiencia chilena que en un primer momento bloquearon la Avenida NQS en la hora pico de la noche del 10 de diciembre  y que el 17 de diciembre en el bloqueo a la carrera 7 con calle 72 trataron de tomar e incendiar un bus de SITP, no sin antes agredir verbalmente a la ciudadanía que salía de sus trabajos en el sector. 

Si en Europa están lidiando con la amenaza de la radicalización por motivos religiosos, en Colombia estamos ad portas de un proceso similar pero por motivaciones de extremismo político, en concreto de izquierda. Clic para tuitear

Las autoridades, medios de comunicación y la sociedad estamos en mora de advertir y prevenir este fenómeno, teniendo como antecedentes históricos las milicias urbanas de las FARC y el ELN, el reciente caso del MRP o el hasta ahora impune asesinato de la estudiante de primer semestre de derecho de la Universidad del Atlántico, Madelayne Sofía Ortega Villa, quien apareció muerta el 18 de diciembre luego de una rumba entre los estudiantes que se tomaron el campus en el marco del “paro”. 

El padre de la estudiante manifestó que su hija, becada por el programa Generación E del gobierno Duque, inició en la universidad un proceso de radicalización y denunció acciones de reclutamiento con los jóvenes y que a la fecha ni los compañeros de su hija ni las autoridades dan la cara o una respuesta clara sobre la muerte de su hija. 

Lo anterior debe prender las alarmas de autoridades y sociedad en general, sobre todo padres de familia, sobre el tipo de educación y entorno en el cual se desenvuelven sus hijos en colegios y universidades, siendo utilizados, su sangre derramada o perdido hasta los ojos para satisfacer las ambiciones políticas de personajes como Gustavo Petro o la figuración mediática de “líderes” como Alejandro Palacio y Jennifer Pedraza, quienes gozan de suntuarios esquemas de protección a costa de los impuestos de los ciudadanos.

Surge así la necesidad de una estrategia para identificar y desmantelar esas redes y estrategias de radicalización.

TERCERO: LOS MEDIOS Y REDES SOCIALES 

Desde el momento de su convocatoria, la pandilla del supuesto “paro”, desplegó una hábil y eficaz estrategia en medios de comunicación y redes sociales, a tal punto que era políticamente incorrecto oponerse y no hablar a favor del “paro”, sumando los apoyos esnobistas de la Señorita Colombia o el mismo Carlos Vives. 

Desde el 21 de noviembre hasta inicios de diciembre tuvieron éxito en amplificar en la psiquis del país la sensación de una crisis nacional, que en realidad solo se limitaba a acciones de terrorismo y vandalismo contra el transporte de los bogotanos en las horas pico. 

Pero después del 21 de noviembre, algunos comunicadores como Luis Carlos Vélez, reconocieron públicamente haber caído en la trampa de la pandilla de extorsionistas, la cual a su vez se ha valido y seguramente se seguirá sosteniendo por redes sociales para viralizar convocatorias, noticias, audios y videos falsos para exacerbar y radicalizar a la ciudadanía y atemorizar a las mayorías de salir a trabajar, a sus hogares, a sus comercios, a sus empresas y a estudiar por temor a un bloqueo o saqueo. 

De ahí que se necesite una contraofensiva en medios para neutralizar las intenciones de la pandilla de extorsionistas de buscar amplificar en las pantallas y redes sociales sus acciones vandálicas contra Bogotá, develar que las intenciones de la pandilla de extorsionistas no van sino en la vía de cobijar con impunidad al ELN y reforzar las capacidades de ciberseguridad para denegar y judicializar el uso del ciberespacio para la planeación de acciones de violencia conspirativa y al difusión de información tendiente a generar pánico y terrorismo contra la ciudadanía. 

CUARTO: DEL MIEDO A LA INDIGNACIÓN Y LA RABIA

A los ciudadanos nos queda por convertir el miedo en rabia e indignación contra una pandilla de extorsionistas que no nos representan, que son unos burócratas que maman de la teta del Estado, o sea nuestros impuestos, que destruyen nuestro transporte público, nos bloquean las vías para usar nuestros vehículos, saquean nuestros negocios o generan temor para que los ciudadanos no salgan a consumir bienes y servicios, pretenden sembrar la anarquía en nuestros barrios.

Esa rabia fue la que floreció la noche del 22 de noviembre de 2019, cuando los ciudadanos estuvimos prestos a defendernos y cooperar con nuestra Fuerza Pública, así que no esperemos otro 22 de noviembre sino que actuemos desde ya, cooperando y previniendo que la pandilla siga utilizando a nuestros jóvenes para satisfacer sus ansias de poder, de camionetas Toyota, escoltas y subsidios a costa de nuestros impuestos. 

Eduardo Alberto Benítez Gaitán
Acerca de Eduardo Alberto Benítez Gaitán 15 Articles
29 años, politólogo de la Universidad Nacional de Colombia (2012) y magister en Seguridad y Defensa Nacionales de la Escuela Superior de Guerra (2018) con diplomados en Seguridad Multidimensional de la Escuela Superior de Guerra y en Liderazgo Político Y Social de la Universidad Sergio Arboleda. Se ha desempeñado como Secretario de Gobierno y Desarrollo Social del municipio de Nuevo Colón (Boyacá).