¿Quién Está Detrás? ¿Quién Da la Orden?

Jorge Luis Díaz Martínez

Jorge Luis Díaz Martínez
En una época donde la mezquindad trata de reescribir la historia, es necesario hablar de falsos positivos y cómo las percepciones más comunes son falsas y estás han sido ampliamente aceptadas por jóvenes incautos. Clic para tuitear

 

Cuando uno se va a dar cuenta ya hasta los temas más delicados terminan calando en el opinadero de la insensatez de quienes tienen como estrategia acabar a toda costa al oponente político; tristemente los colombianos hemos normalizado hablar de temas que no sabemos y nos dejarnos llevar por lo que escuchamos. Cualquiera que leyera la introducción de esta columna podría pensar que estoy hablando de los conocimientos en materia tributaria del Senador Bolívar, pero no, hoy pretendo esbozar generalidades sobre un tema muy delicado, el fenómeno de los falsos positivos y como las percepciones más comunes son falsas, pero han sido ampliamente aceptadas por jóvenes incautos.

Los falsos positivos fueron actos atroces en todo el sentido de la palabra y deben ser castigados con la mayor contundencia, esa es una posición que debería ser compartida por todos, sin vacilación. Nunca podría yo defender a alguien a quien se le comprobara haber manchado el uniforme que tantos colombianos aprecian y apoyan en el territorio, menos siendo educado yo bajo el consejo, la amistad y el acompañamiento de grandes oficiales y suboficiales, hombres que en cierto sentido forjaron mucho de lo que hoy soy y de lo que quisiera llegar a ser.

Me he cruzado con compañeros y amigos, incluso de la universidad que no saben qué fueron los falsos positivos, desde el desconocimiento los comentarios son siempre los mismos: “los falsos positivos del gobierno Uribe”, “los supuestos incentivos económicos a militares por bajas”, “la política guerrerista de la seguridad democrática” e incluso la negación de lo innegable, la evidente disminución de la inseguridad en todo el territorio nacional. Este es uno de los muchos temas con los que se ha tratado de manchar el gobierno de quien a hoy ha sido el mejor presidente de nuestra historia reciente, muchas de ellas entramadas por amigos y evidentes compañeros de botas de narcoterroristas.

Aun recuerdo la cara de una compañera cuando le conteste en clase que la ley 100 no era de autoría de Álvaro Uribe sino una iniciativa del Gobierno de Cesar Gaviria, estaba estupefacta, fue casi la misma cara que hizo cuando le conté que en Colombia se datan casos de falsos positivos desde 1978 y que si no me creía buscara el caso de Luis Arcenio Ramírez o los hechos del barrio contador; para esa época Álvaro Uribe era un muchacho de 24 años, casi que recién graduado de su pregrado y trabajaba como jefe de Bienes de EPM. Al parecer, los falsos positivos no sucedieron solo en el Gobierno Uribe, sino también en el Gobierno Turbay, Betancourt, Barco, Gaviria, Samper y Pastrana, algunos liberales y otros conservadores.

Particularmente eso me recuerda la famosa pregunta de ¿Quién dio la orden? y como los pregoneros de la insensatez la formulan en contra de Uribe, pero ¿por qué no formularla para los siete presidentes que también vivieron esta situación, o a los veintiún ministros de defensa? Allí se demuestra el rasero selectivo con el que pretenden acabar políticamente a quien es el gran elector. Dicho esto, se da paso a desmentir otro artificio, la afirmación de que las exigencias de Uribe en materia de los resultados llevaron a las tropas a actuar de esa manera, ¡mentira enorme! Como se puede evidenciar, ese tipo de prácticas ya se venían realizando veinticuatro años antes de 2002, ninguna presión indebida del ejecutivo causó la acción. Ahora, no sé cómo sería la actitud de los colombianos frente a un presidente que no exigiera resultados en un país a punto de convertirse en Estado fallido, y con narcoterroristas sitiando los principales centros urbanos y rurales del país, atemorizando, asesinando, secuestrando y extorsionando a la población en todo el territorio.

Otra mentira repetida es: “Uribe prometió recompensas a militares a cambio de bajas”, y la verdad es que no, a hoy no hay prueba alguna de que el presidente hubiese impartido tales directrices y los esquemas de permisos existen casi desde la misma creación y consolidación del Ejército Nacional, incluso antes, ¿Será indebido darle un permiso a un soldado que podría estar meses enteros en una guarnición militar sin ver a su familia y viviendo las crueldades más difíciles del conflicto? ¿Qué sería más sano para la salud mental del soldado? ¿Es el presidente de la República el encargado de vigilar a quien se le da o no permiso en las guarniciones? la respuesta le queda a usted, estimado lector. Tal vez también sea buen momento para enseñar que los resultados operacionales se traducen en capturas, desmovilizaciones, e incautaciones y no solo en bajas. Además de afirmar que hoy ningún alto mando o ministro ha hablado sobre alguna directriz indebida del Gobierno Nacional en ese sentido.

Tampoco se puede decir que la doctrina de la Seguridad Democrática se fundamentó netamente en las bajas de los insurgentes, todo lo contrario, se fortaleció la desmovilización, lo dicen precisamente algunas cifras referentes a los resultados operacionales donde se puede hablar de un 51% de desmovilizados, 31% capturas y solo 13% de bajas. Frente a los falsos positivos se puede decir que el Gobierno del Presidente Uribe fue el que enfrentó contundentemente este flagelo de corrupción de la Fuerza Armada, y lo dice en entrevista el mismo Juan Manuel Santos: “ quienes tomamos las decisiones que acabaron con ese problema fuimos el presidente Uribe, el comandante de las Fuerzas Militares y yo, como ministro de Defensa”, ojala alguien le informe eso a Martin, que al parecer quiere hacerse a la política con un legado funesto y más bien inexistente.

Lo dicho por Santos es una de sus pocas verdades, en ese Gobierno la investigación de las bajas en Combate se comenzó a hacer de manera independiente por la Fiscalía y los levantamientos los hacían miembros del CTI, en el ánimo de evitar presuntas alteraciones del lugar de los hechos. Otros datos importantes son que antes del Gobierno Uribe se culpaba de los falsos positivos a la aplicación del Estatuto de Seguridad o que fue en el periodo de Uribe Vélez que se promulgó la Política Nacional de Reintegración Social y Económica, que a grandes rasgos buscaba la reincorporación veraz de todos los desmovilizados y sus familias a la vida civil, incluso generando oportunidades productivas para los mismos.

Los mezquinos enemigos del presidente Uribe, algunos que al mismo tiempo resultan ser amigos y compañeros de botas del narcoterrorismo, ahora buscan incautos que crean el discurso de que las evidentes mejoras en materia de seguridad se hicieron a costa de vidas inocentes y no de delincuentes. Pero si no se actuó contra los delincuentes ¿Como se disminuyó el secuestro entre 2002 – 2010 de 2882 a 282 casos; el homicidio, de 28837 a 15817; el asesinato a Sindicalistas, de 196 a 15; de periodistas de de 15 a 1; y las masacres de 115 a 10? Misterio sublime.

Sin duda hay preguntas muy acertadas frente a muchas situaciones en Colombia ¿Por qué el ánimo de acabar con Uribe? ¿Por qué gestar emboscadas con testigos falsos y amigos magistrados? ¿Por qué el interés de opositores liberar y buscar beneficios para militares culpables de falsos positivos, a cambio de qué? ¿quieren construir la verdad? ¿Por qué achacarle crímenes que nunca cometió, mientras se defiende a delincuentes probos? ¿Por qué los burdos montajes antes de las elecciones? ¿Por qué el interés de cambiar la historia a favor de los victimarios? ¿Por qué quieren invisibilizar a las víctimas? ¿Con qué interés? y sobre todo : ¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS? ¿QUIÉN DA LA ORDEN?