Quieren reescribir la historia

Julián Buitrago

Julián Buitrago
Los que se tomaron el Palacio de Justicia lograron lavar su imagen y hacerse elegir mientras los militares héroes que defendieron la democracia pagaban duras penas. Ahora las Farc pretenden reescribir la historia. Clic para tuitear

 

¡Claro que existieron los falsos positivos! Nadie lo ha puesto en duda. El mismo Presidente Uribe ordenó sacar a 27 oficiales por su presunta responsabilidad en esos vergonzosos casos. La justicia ordinaria ha actuado castigando severamente a los responsables, incluso muchos soldados terminaron empapelados y hasta condenados injustamente por cuenta de organizaciones de izquierda que lograron hacer pasar como inocentes víctimas a bandidos caídos en combate. Ahora, lo que no se puede permitir es que haga carrera la narrativa de la izquierda: que esa infame práctica era una política de Estado.

Los que tenemos memoria recordamos cómo estaba el país en el 2002. La guerrilla y los paras dominaban extensas partes del territorio nacional. Más de 300 alcaldes debían despachar desde las capitales departamentales ante el riesgo de vivir en sus municipios. Estábamos secuestrados en las ciudades, no podíamos viajar por carretera porque podíamos caer en una “pesca milagrosa” nombre totalmente inapropiado para los secuestros masivos que practicaban el angelito Romaña y sus boyscouts. Gracias a la seguridad democrática la fuerza pública comenzó a recuperar el espacio y las estadísticas de delitos mostraron descensos significativos. Uribe siempre le apostó a la legalidad para que sus resultados tuvieran toda la legitimidad. Hubiera sido sencillo llegar a un acuerdo con los paramilitares y trabajar en conjunto para aniquilar a los terroristas de las Farc y el ELN. De hecho el gobierno de Gaviria se alió con los Pepes para dar de baja a Pablo Escobar. Curioso que los grandes moralistas de los medios hayan pasado de agache con semejante sinvergüenzada, que terminó en indultos para temidos criminales por su colaboración. Sin embargo Uribe decidió combatir a los paras por igual y logró desmovilizarlos. No tuvo que darles curules ni emisoras, ni siquiera impunidad. Los que hoy justifican que los bandidos de las FARC no pasen ni un solo día en la cárcel estaban horrorizados porque los paras solo pagarían penas de 8 años. Los grandes jefes terminaron extraditados, no para ocultar la verdad como dicen los activistas zurdos, sino para evitar que siguieran delinquiendo, como hicieron después Santrich, Márquez, el Paisa y Romaña, pese a las infinitas gabelas que les dio Santos, solo que ellos no fueron extraditados, la rama judicial los dejó escapar y hoy son una de nuestras mayores amenazas.

Gracias al gobierno de Alvaro Uribe se llegó a un acuerdo de paz con las Farc. Habría sido imposible que los narcoterroristas se sentaran a una mesa sin el debilitamiento que les produjo la seguridad democrática. Pero esa negociación fue excesivamente generosa con los bandidos y los negociadores de Santos terminaron cruzando unas líneas rojas que hoy no solo hacen que el acuerdo tenga serias dificultades sino que puso en peligro toda la institucionalidad. La creación de la JEP, monstruo diseñado por el comunista español Enrique Santiago, cuyos magistrados fueron escogidos por reconocidos activistas de izquierda internacionales, es una corte que en la práctica funciona como el brazo judicial de las FARC. Sus mayores objetivos son lavarle la imagen a los terroristas, inventando penas ridículas para sus crímenes atroces, suavizar el lenguaje para hacer ver menos horripilantes sus delitos, invisibilizar a sus víctimas para que sean olvidadas y por último, lo más grave, emitir condenas contra el Estado, igualando a las FFMM con los bandidos.

Las Farc quieren el poder, su sueño de montar una dictadura totalitaria como la cubana o la del vecino Maduro sigue más vivo que nunca. Saben que no será de un día para otro, por las armas ya no pudieron, por eso ahora necesitan coptar las instituciones lentamente mientras ideologizan a los nuevos votantes. Ya tienen gran parte de la rama judicial. Es imposible negar la afinidad ideológica de cientos de jueces y magistrados. Tienen alfiles en los medios lavándoles la imagen todos los días. Tienen un brazo militar que continúa enriqueciendo sus arcas con el narcotráfico. Y de ñapa tienen poder político con las 10 curules que Santos les regaló, más otros parlamentarios infiltrados en diferentes partidos. Ahora lo que necesitan es reescribir la historia. Meter preso a Uribe era parte fundamental del libreto. El presidente que los acorraló termina detenido mientras ellos hacen política sin pagar un solo día de cárcel es decirle al mundo que ellos son los buenos y el malo es el Estado. El desespero del senador Cepeda es porque el plan se les desmoronó, no contaban con que Uribe renunciara a su curul, para evitar la trampa que le tendió el cartel de la toga.

Al perro no lo deberían capar dos veces. Los que se tomaron el Palacio de Justicia lograron lavar su imagen y hacerse elegir alcaldes, gobernadores y hasta quedar de segundos en una elección presidencial mientras los militares héroes que defendieron la democracia pagaban duras penas en la cárcel. Ahora las Farc pretenden reescribir la historia, vendiéndose como unos nobles revolucionarios que no cometieron crímenes mientras los malos fuimos todos los demás. No podemos permitir que se salgan con la suya, es una canallada con las víctimas, es condenar al país a un futuro de miseria y muerte.

Julián Buitrago
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Administrador de Negocios, economista.