Reflexiones de un amigo

Miller Soto

Miller Soto Columnista

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Miller Soto Columnista

Esta columna surge de una charla con un amigo riohachero con el que comparto preocupaciones por la realidad de La Guajira y con el que coincido al verle indignado cada vez que injustamente nos estigmatizan.

En esta ocasión, le escuché palabras certeras en relación con la consulta. Me dijo que considera injusto que se gradúe de ‘corruptos’ a los 24 millones de colombianos que no votaron la consulta. Que no se explica cómo nadie ha dicho que muchos de los que no concurrieron, no participaron porque hubieran preferido votar en blanco y los privaron de esa opción; que muchos no quisieron servir de idiotas útiles para alcanzar un umbral que serviría a propósitos politiqueros particulares, considerando, además, que antes de la consulta ya existía un clara determinación partidista y gubernamental para sacar adelante proyectos de ley que fortalecen la lucha contra la corrupción sin que impliquen el enorme costo que esta consulta le ha significado al Estado; que ya habiendo afrontado ese gasto y teniendo en cuenta el resultado, es absurdo ver cómo hay quienes piensan que los únicos ganadores de esta consulta son los López, los Lozano, los Antanas y los Petros, cuando es innegable que un Presidente recién posesionado junto a su equipo de gobierno y buena parte de quienes lo eligieron ofrecieron pleno apoyo a la consulta; que es mezquino negar, si de alguna forma se interpreta que el país ganó algo con este certamen a pesar de no haber superado el umbral, que la “victoria” es de todos; que es exagerado insistir en el embeleco de que la consulta ha sido la máxima expresión política al registrarse más de 11 millones de votos, siendo que para las elecciones presidenciales la votación estuvo cercana a los 19 millones.

Me dijo que considera injusto que se gradúe de ‘corruptos’ a los 24 millones de colombianos que no votaron la consulta. Clic para tuitear

Y específicamente, en cuanto a la baja participación de los guajiros en la consulta, afirmó cosas no menos interesantes. Me dijo que una de las principales razones por las cuales nos señalan despectivamente, es el desconocimiento absoluto que tienen de La Guajira, especialmente, de las áreas indígenas y de nuestra distribución poblacional. Que relacionar la corrupción en La Guajira con el resultado que aquí obtuvo la consulta, es hacer caso omiso, entre otros factores, de las condiciones de los carreteables, la dispersión de la población, el nivel de escolaridad y la falta de acceso a medios de comunicación. Que no tienen la más pálida idea de que las comunidades indígenas constituyen no menos del 50% de la población total del Departamento; que si omitiéramos los porcentajes de votación de los municipios mayoritariamente indígenas, el porcentaje de votación del Departamento de La Guajira sería del 18% y no del 12%; que si aplicáramos los tozudos criterios e interpretaciones de algunos comentaristas y personajes políticos que no nos conocen, incurriríamos en la injusticia de calificar a nuestra raza indígena de corrupta, dado que en Uribia, la capital indígena de Colombia, por ejemplo, sólo votó el 4% del potencial electoral; que es equivocado pretender medir con la misma vara, los porcentajes de participación entre una elección en la que se escogen candidatos y una consulta con siete interrogantes cuando se trata de personas con un precario nivel académico, muchos de los cuales desconocen el castellano, sobre todo a la hora de leerlo.

Me dijo que una de las principales razones por las cuales nos señalan despectivamente, es el desconocimiento absoluto que tienen de La Guajira, especialmente, de las áreas indígenas y de nuestra distribución poblacional. Clic para tuitear

 

En fin, mi amigo y sus reflexiones, me hizo reafirmar lo que por otras razones ya había pensado: los colombianos no guajiros que nos conocen, son escasos. A diferencia de los muchos que, sin conocernos, nos sindican, nos juzgan y nos condenan.

¡Cuánta razón tiene mi amigo!

 

Miller Soto

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Acerca de Miller Soto 10 Articles
Miller Soto es un abogado guajiro-barranquillero de 42 años que ha dedicado su vida a la política y a la docencia universitaria. A sus 15 años, en La Guajira, fue víctima de un secuestro en cuyo rescate hubo un enfrentamiento armado entre las autoridades y sus captores haciéndolo blanco de un disparo que afectó su columna dejándolo parapléjico. Estudió Derecho en Barranquilla, ciudad que lo convirtió en el Concejal más joven de su historia (19 años) permaneciendo allí tres periodos consecutivos. En el año 2003 viajó a Italia para adelantar estudios de posgrado. Allí vivió ocho años en los que despertó su pasión por el estudio y la docencia, regresando a Colombia después de terminar su doctorado. Actualmente se desempeña como profesor universitario, columnista, consultor y activista político. Próximamente, será publicada su primer libro bajo el título “La batalla por la paz”.