Regeneración o Catástrofe

Juan Camilo Vargas

Regeneración o Catástrofe

@JuanCVargas98 

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Con esta histórica y valiente frase decidió el cartagenero Rafael Núñez dar respuesta a las circunstancias decadentes de una Patria que se aniquilaba a sí misma, haciendo gala de su legado hispánico. Ante un límite histórico supo este gran líder canalizar la energía del País hacia la promulgación de una nueva Constitución Nacional que pusiera fin a la conmoción interna, al desorden civil, a la polarización y la destrucción, a la enemistad y al libertinaje que hacían mella en aquellos agitados años de nuestra historia.

Fue entonces promulgada la mejor Constitución que hemos adoptado en lo que ha corrido desde nuestra inesperada Declaración de Independencia hace ya dos siglos. Al amparo de la unificación y de un orden que no se había visto quizá desde los remotos tiempos virreinales, Colombia vivió algunos de sus años más justos, morales y rescatables, aunque también tomara tragos amargos, de esos que nunca han faltado en nuestro País. Guiándonos por los caminos de la legalidad y aquella senda que marcaba nuestra nueva ley suprema supimos caminar hasta el borde de la catástrofe en 1991, estancándonos en un peñasco que hoy sólo inspira rechazo, desorden y debilidad estatal. La promulgación de una Constitución para satisfacer a unos cuantos inconformes nos ha pasado la cuenta estos últimos años y, próxima a cumplir 30 años, no sigue siendo sino un esperpento de las leguleyadas del Derecho que han imperado en este País desde las Leyes de Indias.

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Hoy vemos las consecuencias de la provisionalidad y de una mentalidad que siempre nos exhorta a realizar hasta las más simples tareas con el único objetivo de ofrecer soluciones y de «curar» el problema, sin preocuparnos siquiera por sus repercusiones o por posibles repeticiones. Aunque en su momento la Constituyente del 91 haya sido el milagro legal y social de Colombia, hoy no es más que un documento anacrónico que no fue pensado para el futuro y para las generaciones venideras. Lejos de establecer el orden y mostrarse como elemento jurídico y legal inmodificable, nuestra Constitución Nacional se presenta hoy como la puerta abierta al libertinaje que se deja modificar a diestra y siniestra.

Es innegable que existe una inestabilidad constitucional en nuestro País, las bases de nuestra Carta Magna son como el tejido de arlequín y la falta de solidez sólo da fe de nuestra inmadurez política, o incluso, dejando al lector la libertad de interpretación, nuestra incompatibilidad con la democracia. Así lo prueba una constitución que, hasta el año pasado, con una vigencia de 26 años, había sufrido más de 46 reformas en su contenido. Lejos estamos del ejemplo constitucional de países como Bélgica, que en 186 años tan sólo ha realizado 13 reformas, o de España, tan solo dos reformas desde 1975; sin siquiera mencionar al País por el que todo régimen liberal se desvive, Estados Unidos. El País que ha ejercido mayor hegemonía en los últimos siglos ha modificado su constitución 77 veces, pero en 230 años de historia.

Es menester, con base en este recuento histórico y el empirismo de las últimas décadas, convocar una Asamblea Nacional Constituyente que dé prioridad a los planes de los próceres de la Patria, que mantenga una constitución sólida y no dé paso a la colcha de retazos y reformas que hoy tenemos por Constitución. Es deber nuestro rescatar lo fundamental de la Constitución de 1886 y aplicarlo para mitigar el descontrol legal, jurídico, social, civil, cultural y hasta libertino que existe hoy. No me refiero aquí a implantar el Estado confesional al que estuvimos ligados tanto tiempo, ni a desgranar rosarios cada noche como prueba de nuestra fidelidad a nuestra Patria, sino a recoger todos aquellos principios y el conjunto de valores sobre el que fue fundado occidente para concebir una nueva visión en la que nuestra «Libertad y Patria» realmente estén implícitas en el contenido de la Constitución Nacional y no se les ignore, como se ha venido haciendo, o se les dé interpretaciones erróneas.

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Virtuoso será de una Constituyente que no permita interpretaciones modernas y ambiguas que acomoden el Estado y la Administración a nuestros deseos, sino que debamos los ciudadanos colombianos, por una vez en la historia, acatar de buena gana los mandatos de la ley y adaptarnos a una nueva manera de conectarnos con los principios más elementales de nuestra Patria. El camino está marcado, tarde o temprano requeriremos reformar la Constitución Nacional.

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Joven santandereano de nacimiento, Huilense por adopción. Estudiante de Política e Historia en Hillsdale College, ubicado en Michigan, Estados Unidos. Ganador de las becas “Hillsdale Merit Scholarship”, “Weber International Private Enterprise Scholarship” y “Gogel Scholarship, Werner J & Mar”. Caballero Andante, poeta inquieto, enemigo de la corrección política y defensor de la tradición moral y las buenas costumbres. Haciendo Patria