Respuesta pública a las declaraciones de la Sra. Camila Fabbri de Saab columna por Salvatore Lucchese Clic para tuitear

Señora Camila Fabbri de Saab, sus lágrimas de cocodrilo no me conmueven, usted sabía desde un principio de donde provenía la exorbitante fortuna de su esposo “Alex Saab”, y no le importó.

Me permito recordarle que su esposo era un vendedor de llaveros publicitarios, un digno oficio como cualquier otro trabajo honesto, pero de la noche a la mañana amasó una dantesca fortuna ($€) gracias a los favores recibidos de la ex senadora colombiana Piedad Cordoba, defensora empedernida, confesa y oportunista de narcos guerrilleros colombianos; por medio de esa “dama”, es que me cuesta un montón escribir ese calificativo inmerecido hacia ella, su esposo “Alex” llegó a Venezuela a hacer “negocios” a costa del hambre y la muerte de miles de venezolanos de bien y con la infame benevolencia de su nuevo protector, el destructor de mi país, su país, Hugo Chávez.
Yo a usted su carita de ingenua no se la compro, perdone usted, pero las he visto mejores administradas y no me han engañado.

Su recorrido por la “Dolce Vita” gracias a la “Mala Vita” está tan bien documentado que de nada le sirvió borrar todas las evidencias fotográficas de sus redes sociales, y si, aclaro, MALA VITA, para los que desconocen esta expresión de origen “siciliano”, que usted debe de conocer perfectamente por su descendencia italiana, significa la buena vida que se dan “por un tiempo limitado” todos los delincuentes mafiosos de la mal llamada “Cosa Nostra”; parásitos vividores, incapaces de progresar honradamente, utilizando como medio para enriquecerse la extorsión, secuestros, narcotráfico, robos, sicariatos , estafas, contrabando y sumando… sin impórtales la devastación humana que dejan a su paso en las personas de bien.

Yo a usted su carita de ingenua no se la compro, perdone usted, pero las he visto mejores administradas y no me han engañado. Clic para tuitear

Su esposo “Alex” ha sido un digno representante diplomático de los narcos genocidas venezolanos en su máxima expresión, no lo digo yo, a las pruebas públicas y notorias me remito; usted en Italia vivía mejor que una princesa de cuentos de hadas, a sabiendas de donde provenía la fortuna de sangre y sufrimiento de miles de venezolanos, de su “¿amado?” esposo.

Así que me despido sin antes expresarle mi más profundo repudio hacía su esposo y usted, tomándome la libertad de hacerlo en nombre de millones de venezolanos de hoy que viven y mueren en la miseria, gracias a su esposo y el maldito socialismo del siglo XXI.