Restauración

Juan Sebastián Tinoco

No existe nada más contrario al progreso que el progresismo; al tiempo que no existe nada más contrario a la virtud que el utilitarismo predominante en estos sectores. Clic para tuitear

En un principio, los griegos educaban a sus jóvenes sobre una base clara: la virtud. Este concepto tan amplio y ambiguo entrañaba en las más profundas raíces de la sociedad bajo la denominación de “areté”. Predominaba una visión poco materialista, y más aristocrática; el heroísmo moral de los nobles era traspasado de generación en generación fundamentándose en las increíbles virtudes de Aquiles, Odiseo, e incluso Telémaco.

Tenemos que en 2019, la pobreza en el país se ubicó en un 35,7% indicando que alrededor de 17,5 millones de personas en el país se encontraban en tal condición (EL TIEMPO). Lo que a su vez significa que 17,5 millones de personas viven con un ingreso inferior a 257 mil pesos, y que un porcentaje considerable de los mismos, viven en miseria (ingreso inferior a 117 mil pesos). Por otra parte, la población vulnerable, representada por aquellos que cuentan con ingresos que oscilan entre 257 mil pesos y 606 mil pesos, se encuentran diariamente en riesgo considerable de regresar a la pobreza, y más, si tenemos en cuenta la incertidumbre que deviene de esta crisis.

Aunque estas cifras siguen siendo preocupantes, es notable el avance que desde 2002 se han realizado en estas materias, ya que anterior a estos años la pobreza circulaba en alrededor de 50%. Corresponde entonces salvaguardar estos avances que pueden ser minados dada la coyuntura.

Mientras todo esto ocurre,  la mezquindad de ciertos sectores políticos ha salido a relucir; búsqueda de protagonismo, protección de intereses individuales, e incluso alcaldesas con tinte progresista que al tiempo que su ciudad decae, su mente se encuentra estimando posibilidades presidenciales para el 22. Por eso siempre salgo a decir, que no existe nada más contrario al progreso que el progresismo; al tiempo que no existe nada más contrario a la virtud que el utilitarismo predominante en estos sectores.

Dicho esto, y regresando al principio de este pequeño texto, el llamado es a cambiar nuestras concepciones; aprovechar nosotros ese ejemplo de los griegos, y que nuestros jóvenes comiencen a concebir el servicio público como un sacrificio heroico en honor de su patria; un abandono a los intereses mezquinos que obstaculizan el camino a la grandeza que el destino ha estipulado para nosotros.

En conclusión, creo que tal vez en lo clásico se encuentran muchas de las respuestas que buscamos: el sentido del honor, la preservación moral, y el areté, podrán constituir piezas fundamentales para ese cambio profundo que requiere la Patria, y que a gritos lo ha estado reclamando. Tal como lo expresa Aristóteles “la más alta entrega a un ideal es la prueba de un amor propio enaltecido”.

Tal vez de esa forma, logremos cerrar esas brechas que han carcomido a nuestra sociedad por años, y el cumplimiento de los fines del Estado (ART 2.CN) pueda llevarse a cabo efectivamente.