… y ahora que #ElParche, “¡se va de viaje!”, qué mejor que iniciar “pasiando” por nuestro hermoso país, de carnaval en carnaval.

Nota aclaratoria: léanlo de una forma tranquila y sin predisposiciones. Del diablo al que muchas personas temen, inculcado desde varias religiones, dista bastante del que caracteriza esta celebración popular en pleno corazón del eje cafetero. Leyendo y viajando vamos aprendiendo a construir, desde el respeto, claro está.

Y dice:

Presenciar y disfrutar de este declarado Carnaval, desde noviembre de 2014, “Patrimonio oral, cultural, artístico e inmaterial de la nación” (10 años después de haber sido “Bien de interés departamental” y 20 años de ser “Patrimonio municipal”); un Carnaval que, junto al de Negros y Blancos en Pasto, Nariño y al de Barranquilla en el departamento del Atlántico, hace parte de los tres (3) únicos carnavales que tiene este bello terruño llamado Colombia.

Desde principios del siglo XVI ya se hablaba de “indios danzando disfrazados de diablos» y a finales del XVII empieza la caracterización del primer polvorero (aún vigentes y exclusivos para deleitar al pueblo con juegos pirotécnicos controlados y supervisados todo el tiempo por los bomberos del municipio). En la vereda indígena Quiebralomo, lugar con mucho más de 200 años ancestrales, pero, que al disputarse las tierras del Cerro Ingrumá con el poblado de La Montaña por muchos años, siglos atrás, es solo hasta pasado mediados del siglo XIX que los párrocos de dichas comunidades pueden lograr un acuerdo, luego de sobrepasar los enfrentamientos. Por esta razón, Riosucio es el único municipio de Colombia que tiene dos (2) plazas principales, y ninguna es más o menos importante que la otra, pues lograron vivir y convivir en armonía desde aquel entonces, momento desde el cual se da el inicio oficial de celebraciones en medio de máscaras y celebraciones indígenas, africanas y europeas.

Ya para el año 1.912, el año en el que aconteció el hundimiento más famoso en la historia de la humanidad, en ese mismo transcurrir del Titanic, se declara oficialmente Carnaval de Riosucio, celebrándose en pleno “puente de reyes”, iniciando el año, en enero. Tres años después, se empieza a configurar el concepto del diablo del carnaval, se adopta la imagen diablesca como símbolo del mismo, pero es un demonio fiestero, parrandero y querendón, alusivo a la cultura aborigen de la región inmersa en la mezcla de culturas del departamento de Caldas, entre ellas una imagen formada por los cachos del toro, las garras del jaguar y las alas del murciélago, “deidad” a las que muchos veneraban en el pasado para mejorar las cosechas y para que destruyera las “serpientes” que no dejaban que las tierras se fertilizaran para dar sus frutos.

Por todos lados es común encontrarse, nativos y turistas, con la arenga:

“¡Yo soy el diablo, el hijuep&%&$/, y por Riosucio moriréeee!”…

A pesar de la “entrada triunfal de su majestad el diablo del carnaval”, una frase estruendosa que puede atemorizar a más de un fanático creyente, no sobra resaltar que por lo mencionado anteriormente y para disfrutar al 100 % del carnaval hay que liberarse de prejuicios y sacar de la mente la definición religiosa del diablo pues en este contexto nada tiene que ver. No se trata en ningún momento de una fiesta demoníaca ni anticristiana/católica/musulmana pues este diablo no comulga con credo alguno. De hecho, muchos “satánicos” pierden la ida porque Lucifer no se aparece en Riosucio y ellos están en el lugar equivocado cuando llegan a hacer sus rituales alusivos a Belcebú.

Es por todo esto que el mayor aprendizaje de este jolgorio es entender que “No es el carnaval del diablo, ¡ES EL CARNAVAL DE RIOSUCIO!”, una fiesta completamente cargada de buena vibra, de alegría por doquier, que inicia con el alegre despertar del Carnaval de Riosucio, inmersa en calles y casas engalanadas, maratones, verbenas populares, alboradas, desfiles, condecoraciones, chirimías, conjuros (del amanecer, mediodía, atardecer), entrada de colonias, encuentro y homenaje a los paisanos, caravanas, cuadrillas, confraternidades riosuceñas, faroles y encuentro de diablos, bautizos, entierros y testamentos, dejando gratitudes o castigos de una forma burlesque.

Además de comestibles, galerías, juegos pirotécnicos, corridas populares en un circo de Guadua, jugando con toros criollos respetando la vida del animal; disfraces sueltos, máscaras, trajes matachinescos, danzas, calabazos, guarapo y chicha. Rodeado de gente de todas partes del mundo, de cordialidad, de buen recibimiento y todo lo bueno que puede pasar cuando uno va con la misma actitud de disfrute.

“Salve, salve, placer de la vida… salve, salve, sin par carnaval… de Riosucio la tierra querida, eres timbre de gloria inmortal” …

No sobra decir que es un carnaval impresionante y majestuoso; es bienal, cada año impar (no tuvo cabida en el 2021 por la pandemia de CoViD); en cada plaza hay eventos gran parte del día, la tarde, la noche y/o la madrugada. Es importante planear la asistencia con tiempo suficiente pues es complicado conseguir el hospedaje de última hora. Riosucio, Caldas, queda, por tierra, a cuatro (4) horas de Medellín, Antioquia, dos (2) horas de Manizales y nueve (9) horas de la capital del país, Bogotá. Tiene tres pisos térmicos, así que aparte de poder disfrutar de deliciosos cafés artesanales de calidad de exportación, también es importante revisar los atuendos porque hay días soleados o calurosos, nublados o fríos, mas no perdona aguacero en algunas de sus noches. Los eventos son públicos y gratuitos, los precios de la alimentos y bebidas etílicas o no etílicas son más que justos, hay transporte las 24 horas (de 8 pm a 6 am se incrementa un poco la tarifa).

Nos vemos en el 2025, donde espero estar ya participando en alguna de las Cuadrillas y en vísperas de mi bautizo como adoptivo del pueblo.

Para terminar este Periplo, como lo entonaba

la cuadrilla Fantasía Otomana, en este 2023:

¡Qué viva Riosucio y viva el Carnaval!

Que fue galardonado Patrimonio Nacional.

Que canten y bailen todos a reventar,

que Dios está mandando bendiciones sin cesar.

 

Soy Santi Ospina: de sangre colombianamente paisa, espíritu providencianamente raizal, alma chocoanamente capurganalera y sentimiento caldensemente riosuceño. ¡Hasta una próxima, viajeros capuchinos!

 

… y ahora que #ElParche, “¡se va de viaje!”, qué mejor que iniciar “pasiando” por nuestro hermoso país, de carnaval en carnaval. No es el carnaval del diablo, ¡ES EL CARNAVAL DE RIOSUCIO!” Clic para tuitear
Santi Ospina
Médico & Cirujano | + posts

Santiago Ospina Fonnegra – Santi Ospina -, acabadito de subirse a los 40s, Médico & Cirujano de la UdeA y especialista en Salud & Seguridad en el Trabajo del CES; labora en una IPS Ocupacional como galeno en las mañanas de martes a viernes, y los lunes y las tardes restantes de la semana pasa a labores admón./organizacionales en un Grupo Empresarial inmerso en la ingeniería y la infraestructura, a nivel país.

Él encuentra en los memes su hora diaria de salud mental, además de abrir su mente entre la academia, la familia, la amistad, el mindfulness, la meditación, el reiki, el yoga, el combat, el streching, el tenis de campo, el cine, la cocina, el dance, algo de alimentación consciente e higiene del sueño; y una que otra rumbita, el mundo motero, además de VIAJAR.

Esto último, pues “cada que puede arranca”, le ha permitido ir ampliando horizontes, encontrando equilibrios entre los hábitos de estilo de vida y trabajo saludables, buscando la integridad física, mental y espiritual; además de disfrutar, entender, respetar y aprender de las diferentes religiones, políticas, diversidades sexuales e identidad de género, culturas, paisajes, idiomas, gastronomía, entre otras.

¡Este personaje está FELIZ de retomar las columnas en el Parche 2022-2023!