Mientras todos ellos van a vivir sabroso gracias a nuestros impuestos, los demás colombianos nos consolaremos unos a otros mientras vemos cómo el precio del dólar crece como espuma | Jorge Eduardo Avila Clic para tuitear

 

La reciente declaración de Francia Márquez en la que afirmaba que ahora sí “vamos a vivir sabroso” la pudimos poner en contexto. ¡Claro que algunos van a vivir sabroso!

Entendimos por fin cómo personajes como Alejandro Gaviria aceptaron que su nombre fuera mancillado y vilipendiado sin misericordia por la campaña de Petro, la misma que dijo llamarse del amor y del cambio; ¡claro, es el nuevo ministro de educación! Seguirá viviendo del estado y ahora con más razón, ya que perdió su salario de rector de Los Andes y el de su esposa Carolina, que fungía como codirectora del Banco de la República. Me temo que a ella, que ha acompañado al comité de empalme a nombre del gobierno entrante, le darán también sus dulces. Es también incoherente ver cómo el nuevo ministro de educación del gobierno de los nadies y las nadies, es exrector de la universidad más selectiva y elitista del país; aquella que bajo su gestión en tiempos de pandemia, decidió ofrecer ingreso automático a los bachilleres de los colegios de calendario B más reconocidos del país, priorizando a aquellos que podrían pagar sus altas matrículas y no a quienes por mérito lo merecían. De aplaudir. ¡Sabroso!

También vimos cómo a otros virulentos miembros del Pacto Histórico, que escondieron durante los últimos días de la campaña por sus numerosos desaguisados, les han ofrecido esta vida y la otra como pago por sus extraordinarias ejecutorias: Roy, presidente del nuevo Congreso, recibirá la mermelada de parte de Alfonso Prada, Ministro del Interior y quien, en los aciagos tiempos de quien manchó los Nóbel de Paz, giraba a diestra y siniestra recursos desde el computador del Palacio de Nariño. ¡Sabroso!

Sebastián Guarumen, el mismo estratega de comunicaciones de Petro, perverso en todo el sentido de la palabra, el de los bigotes tipo Dalí, hace parte del equipo de empalme y su padre, lo mismo en el área de vivienda. Es claro que Petro también ha aplicado aquello de “correr la línea ética” al hacerse representar por estas “almas de Dios”. ¡Sabroso!

Francisco Maltés, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores -CUT- y que junto con Nelson Alarcón de la Federación Colombiana de Educadores -FECODE-, planearon los paros que tanto daño le hicieron al país en momentos en que el excelente manejo de la pandemia por parte del Presidente Duque mostraba altos índices de aceptación en la ciudadanía, al sentirse ésta bien gobernada, suena como Ministro de Trabajo; ahora le tocará lidiar con la primera línea y los sindicatos, por lo menos en las marchas de celebración del día del trabajo, cada primero de mayo. Maltés y Alarcón reciben así el pago a su gestión. Bloquearon a Colombia y generaron desabastecimiento, aumento de la inflación y del costo de vida afectando a los más pobres pero ayudaron a elegir a Petro. ¡Sabroso!

A Armando Benedetti, hampón de hampones, hermano de Angela Benedetti y yerno de Adelina Cobo, le espera una embajada en Suramérica y a ellas otro tanto. No creo que su viaje le dure mucho porque ese auto de detención no debe demorarse, a menos que las siniestras manos de “amigos” como Iván Velásquez hagan de las suyas; ya sabemos cómo funcionará el “todo vale” durante el gobierno del guerrillero. ¡Sabroso!

Piedad Córdoba, lavadora de dinero de las narcoguerrillas y de los carteles de la droga, llegará otra vez al Senado. Ya nos habíamos librado de ella y el Pacto Histórico la reencauchó. ¡Sabroso!

Y no olvidemos que Cecilia López y José Antonio Ocampo, exministros del gobierno liberal elegido por el cartel de Cali por allá en 1994, volverán a la palestra pública. Ojalá a ellos también les toque pagar el impuesto al patrimonio. Regresan, en mala hora, las malditas políticas cepalinas que buscan aumentar el gasto público y que el estado sea el mayor empleador. ¡Sabroso!

Mientras todos ellos van a vivir sabroso gracias a nuestros impuestos, los demás colombianos nos consolaremos unos a otros mientras vemos cómo el precio del dólar crece como espuma, cómo la coca pulula y cómo ECOPETROL termina valiendo menos que un peaje de motocicleta.

¿Sabroso?

Jorge Eduardo Avila
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Jorge Eduardo Avila Urrea
Abogado - Universidad del Rosario, Bogotá. Especialización en Pedagogía Bilingüe - Universidad Colombo Americana, Bogotá. Máster en Dirección de Centros Educativos - Universidad Villanueva, Madrid, España.
Rector | Gerente Educativo | Directivo Docente | Educador | Catedrático | Columnista | Speaker