Santos se robó la reelección… con ayuda de la izquierda

Julián Buitrago

Julián Buitrago
Hoy los que se robaron las elecciones del 2014 y perdieron estruendosamente en el 2018 se venden como “la gran alianza por el cambio”. De la Calle, Cristo, Galán, Clara López, Petro, Fajardo. Clic para tuitear

 

El 26 de febrero del 2014 la entonces candidata presidencial del Polo Clara López publicó el siguiente tuit: “El gobierno de Santos está organizando la compra-venta de votos más grande de la historia con la plata de los impuestos”. Sin embargo nada le impidió endosarle sus dos millones de votos para la segunda vuelta ni aceptarle el Ministerio del Trabajo a pesar de firmar en piedra que no la veríamos en su gabinete. La verdad es que no puede extrañarnos esa conducta de quien fuera secretaria de gobierno del alcalde más corrupto de la historia de Bogotá. Claudia López nos avisó que votaría con tapabocas por Santos, no es que fuera una visionaria y se anticipara tanto a la pandemia, era por el hedor de la campaña que pensaba apoyar, pero su odio por el uribismo era superior a su supuesto odio a la corrupción. Por último el alcalde Petro, quien cambió el apoyo a la reelección por la engavetada de su revocatoria. No olvidar que fue elegido gracias a la operación avispa que se inventó Santos, atravesando a su consentida Gina Parodi, al delfín Galán y al liberal Luna para que dividieran la votación de la derecha y le impidieran el triunfo a Peñalosa. Fueron muy bien recompensados por la gestión, a David Luna le dieron el Ministerio de Comunicaciones, a Galán lo nombraron secretario de Transparencia. Capítulo aparte merece Gina: le dieron primero el SENA, después el Ministerio de Educación, a su novia la nombraron ministra de Transporte y de ñapa les hicieron una carretera hasta los puertos de la familia. El famoso otro sí de Odebrecht, que permitió la financiación oscura de la campaña para que Santos se robara la segunda vuelta, después de su humillante derrota en la primera.

Si un gobierno es bueno y tiene aceptación popular gana la primera vuelta sin problemas. Uribe barrió con más del 60% de los votos en el 2006 y Santos sacó diez millones de votos en el 2010 montado en el prestigio de su antecesor, pero fue tan desastroso su primer cuatrenio que en la primera vuelta del 2014 su votación se redujo a la tercera parte, 3 millones cien mil votos contra casi cuatro de Zuluaga. Se encendieron todas las alarmas, se inventaron un hacker, repartieron el presupuesto nacional y para garantizar que no les quitaran el poder negociaron la entrada de recursos ilegales con Odebrecht. Llegó plata a chorros para comprar votos en la costa. Los ñoños, sus senadores consentidos, fueron los responsables de garantizar la operación y por eso hoy están pagando penas en prisión y a Bernardo Elías por fin lo están dejando hablar para que cuente todo lo que sabe. Su gerente de campaña también está detenido, aunque no por esa razón, pero la fiscalía lo va a acusar de lavado de activos para ofrecerle beneficios a cambio de que delate a los autores intelectuales de ese atentado a la democracia.

Para tender una cortina de humo, los perdedores de las elecciones del 2018 se inventaron la fábula del Ñeñe, un costeño aparentador que decía ser íntimo de todo el mundo. Ya se han escuchado las explicaciones del gerente de la campaña de Duque, Luigi Echeverri. El manejo de las cuentas fue riguroso y en la segunda vuelta la única fuente fue un crédito bancario. Pero las declaraciones se deben acompañar con cifras. En el 2014 Santos le ganó a Zuluaga por 912 mil votos, sin embargo en los departamentos de la costa la diferencia fue de 1.037.000 votos. En el 2018 en la segunda vuelta Duque le ganó a Petro por 2.358.000 votos, pero la diferencia en los departamentos de la costa fue de escasos 4.207 votos y lo más llamativo es que en Atlántico, la tierra de Benedetti, el nuevo aliado de la Colombia Humana, Petro fue el vencedor. Si hubiera existido compra de votos para Duque la diferencia sería abismal, como la que sí le dio el triunfo a Santos. Los votos de la costa son tan importantes para la estructura corrupta del poder que recordemos al ya mencionado Benedetti pidiendo que extendieran el horario de votación del plebiscito por la tormenta que se presentó en el norte del país.

Hoy los que se robaron las elecciones del 2014 y perdieron estruendosamente en el 2018 se venden como “la gran alianza por el cambio”. De la Calle, Cristo, Galán, Clara López, Petro, Fajardo, todos esos sexagenarios burócratas que hace más de 30 años viven de la teta estatal, que fueron protagonistas de la Constituyente que los narcos infiltraron para prohibir la extradición, de la compra de la presidencia de Samper con plata del cartel de Cali ,de la “donbernabilidad”, del carrusel de la contratación en Bogotá, del robo al resultado del plebiscito, que inscribieron al inhabilitado Mockus al Senado para arrastrar varias curules, nos pintan pajaritos en el aire, se autoproclaman decentes, impolutos y venden una imagen apocalíptica del país, como si ellos no fueran protagonistas de los males que nos agobian al ser parte de ese establecimiento que dicen querer reformar.

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de Julián Buitrago 33 Articles
Administrador de Negocios, economista.