Seduzca, cautive y convenza | Por Mónica Johanna Pérez Clic para tuitear

La música compartiendo el mismo fin que la política, cautivar y convencer al público, están sedientas por ganar el reconocimiento y respeto de los espectadores, una vez lo alcanzan, tanto el cantante como el político hacen lo posible por perdurar y extender este sentimiento que es su savia, sangre o vida.

Las personas consideran que la música no tiene nada que ver con la religión o la política, siendo la música un tema mayormente permitido, evocado y conocido por cada individuo, a tal punto de preferir escuchar toda una noche música que no es de su agrado a sostener una platica de dos minutos sobre X o Y ideología política o concepción religiosa.

Sin embargo, ¿ha notado usted cómo una situación emocional varia de acuerdo a los música que esté escuchando? Más allá de preferencias musicales, cambia su forma de sentir y por consiguiente de pensar, científicamente se ha establecido que la música en el cerebro “libera dopamina, un neurotransmisor que se produce a manera de recompensa y que da una sensación de bienestar. Generalmente está relacionada con actividades placenteras, como tener sexo, comer, bailar o consumir drogas” (Fernando Mejía. 2019).

Es más, analizando un ejemplo muy común pero que se ha entendido equivocadamente, se cree que las personas en estado de tristeza prefieren una canción que evoque más este sentimiento, no obstante la Asociación Psicológica Americana a través de un estudio demostró que elegir dichas canciones tristes conduce más a un relajamiento de los neuro transmisores, sintiendo calma, que a alentar la tristeza del ser humano.

Lo anterior para resaltar la conexión clave de la música con la política que en toda su evolución y en diferentes etapas del tiempo ha constituido grandes, pequeños y variados procesos políticos.

Cierto es que no hay política sin poder -en el entendido de que se hace imprescindible producir causas sobre ciertas acciones-, como también es verdadero que, en palabras del compositor Debussy, en la música se unen fuerzas dispersas que más allá de melodías producen un lenguaje entendido universalmente por seres racionales e irracionales.

La Fundación Tres Pinos (2014), originaria de Argentina, comparte un maravilloso artículo realizando este “paralelismo y dimensiones de una relación particular” entre la música y la política, describiendo ejemplos muy significativos de la conexión entre la cultura musical y política: el “profundo y melancólico canto de la raza negra y sometida… la vinculación de la música de Wagner con la ideología del nazismo… el movimiento juvenil hippie de los años ’50 y ’60 frente a la descolonización de Asia y África y los nuevos aires de libertad de los pueblos oprimidos”, entre otros.

Es así como los ahora más claros fondos musicales mantienen las campañas políticas estableciendo conexiones especiales con sectores sociales que construyen vida propia y se enlazan de tal forma a sus espectadores que la pasión por un partido o candidato político conduce a alegrar y dar sentido a la existencia de una o varias personas, de la misma forma en la que tal afición en ocasiones nubla los pensamientos por los sentimientos, como se dice popularmente, pasando del amor al odio.

En resumidas cuentas, la música que se entiende como la más bella y pura es el principal actor, no solo de la política, sino de la vida de seres humanos y animales, es causante de las más antiguas y largas “guerras”, que, si de política hablamos, antes de cualquier movimiento es imprescindible empezar por seducir a los votantes con la sublimidad de unos buenos tonos.

Mónica Johanna Pérez López
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Mónica Pérez

Emprendedora y Abogada.

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