Sensatez para el futuro.

Jorge Luis Díaz Martínez

Se necesita todo un paquete de reformas que nos permitan avanzar en los aciertos y dejar de cometer los errores que técnicamente sabemos que cometemos, pero que no hemos querido solucionar por su costo político Clic para tuitear

Cualquier persona medianamente sensata es consciente de que ningún gobierno se va a echar la soga al cuello con una reforma tributaria si no fuera necesaria; el que sea bien técnico lo estudia, el político lo sabe y el politiquero lo aprovecha. La reforma tributaria que presentará próximamente el Gobierno de Iván Duque tendrá un costo importante en materia política, y podría llegar a ser grave si el gobierno decide no escuchar a quienes desde su mismo partido le estamos pidiendo austeridad. Una austeridad que nos asegure que si los colombianos nos metemos la mano al bolsillo, recibiremos como contraprestación mejores bienes y servicios públicos, y  que esa platica no se va a ir  en alimentar las clientelas burocráticas del país.

La necesidad de una reforma tributaria es inherente, ya lo dijo Fedesarrollo y Anif, pero aquí lo que se necesita es una reforma de fondo, que nos saque de la reformitis en la que ha vivido el país durante los últimos años y que lo único que ha hecho es incentivar la inestabilidad en las reglas de juego para quienes decidan emprender o invertir en Colombia. Eso de haber tenido alrededor de 16 reformas en los últimos 15 años es una enfermedad de nuestro fisco que se ha alimentado por el puro y físico miedo de los gobiernos a implementar medidas contundentes que definitivamente se planteen una sostenibilidad de las finanzas públicas en el largo plazo, el problema es que esas políticas son impopulares, pero eficientes. A nuestros políticos les toca dejar de pensar en sus cuatros años y en tener buena favorabilidad porque si siguen así el país seguirá viviendo del diario, con nadadito de perro, como diría Andrés Dávila (en otro contexto) en mi clase de sistema político colombiano.

Ahora bien, lo que se necesita no es solo una reforma tributaria, se necesita todo un paquete de reformas: laboral, pensional, política, electoral e incluso a la justicia, que nos permitan avanzar en los aciertos y dejar de cometer los errores que técnicamente sabemos que cometemos pero que no hemos querido solucionar por el costo político que tiene hacerlo. En un principio se pensó que el gobierno Duque lo haría y se debe decir que lo intentó, pero para nadie es un secreto que faltó contundencia en la agenda de llegada y luego la pandemia sepultó la oportunidad de llevar a cabo estos cambios en 2020. Sin embargo, se debe admitir que este gobierno realizó avances importantes en ese sentido, la mayoría de ellos en materia tributaria y de sostenibilidad presupuestal; ya es muy tarde para hacerlo y sobre todo peligroso teniendo en cuenta los Chávez vestidos de Petro que pretenden aprovechar de manera mentirosa cualquier situación para hacerse réditos políticos con miras al 2022. Esta tarea le quedará a quien  llegue el 7 de agosto del próximo año al Palacio de Nariño y por supuesto a su gabinete.

Frente a la reforma tributaria que tendrá trámite este año en el Congreso solo se puede decir tres cosas, teniendo en cuenta que aun nadie conoce el texto. Lo primero, que si bien tiene un potencial técnico enorme basado en lo establecido por tanques de pensamiento anteriormente mencionados, muchas cosas serán tergiversadas y usadas por el populismo más ramplón y oportunista, lo que hará que el gobierno tenga que ceder en varios puntos como ya pasó con algunas exenciones del IVA; lo segundo, se tendrá que manejar con pinzas para minimizar sus costos políticos no solo para Iván Duque o el Centro Democrático sino para todo el espectro de la centro derecha ; y lo tercero, tendrá que estar acompañada de un plan de austeridad serio donde el Gobierno se ponga la mano en el considere con los Colombianos; que si nos piden plata se invierta en desarrollo y no en cebar el Estado. ¡Ojo, pedir austeridad no es lo mismo que pedir una reforma menos técnica o políticamente correcta!

Sin duda para esta reforma se necesitará un compromiso muy estudioso y sobre todo sensato de nuestros estimados legisladores, la misma sensatez será clave para abordar todas las reformas necesarias que deberá hacer el próximo gobierno. La oposición debe dejar de actuar de manera inquisitiva hacia los planteamientos de Gobierno y pasar a un enfoque propositivo en donde no voten al “No” tan solo porque el proyecto vienen del ejecutivo, tiene su apoyo o, porque sea de iniciativa de determinado partido; esa posición  sumamente irresponsable y sobre todo mezquina es la que hoy tiene a Colombia con soluciones planteadas pero sin oportunidades de implementación por el capricho político de quienes obtienen réditos del odio, malestar y desespero de algunos colombianos. Les tocó ser más técnicos y menos políticos a ver si así aceleramos la llegada al puerto del desarrollo.