Sensatez

Jorge Luis Díaz Martínez

La crisis se presenta como una oportunidad para buscar acuerdos sobre lo fundamental, pero eso incluye pasar del discurso de la búsqueda de consensos a hacerlos reales Clic para tuitearAparte del diálogo y la unión que se debe promover en este escenario coyuntural, hay un llamado que es transversal y pilar fundamental de cualquier posible consenso, el llamado a la sensatez. Esa palabra nos permitiría definitivamente llegar a lo que Alvaro Gomez Hurtado nombraba como acuerdos sobre lo fundamental, lo que en un contrafáctico pudo haber sido la solución a muchos de los problemas de nuestro país hace bastante tiempo de no ser por los inconvenientes que esto generaba en los discursos e intereses de los criminales de Colombia, quienes actúan bajo las líneas del maniqueísmo, el odio de clases, la mentira y la persecución acérrima del oponente político.

En mi pasada columna mencione:  “La reforma tributaria que presentará próximamente el Gobierno de Iván Duque tendrá un costo importante en materia política, y podría llegar a ser grave si el gobierno decide no escuchar a quienes desde su mismo partido le estamos pidiendo austeridad”, hoy lo vuelvo a replicar y definitivamente pienso que me faltó mencionar la necesidad de una estrategia comunicativa agresiva que le explicara al colombiano por qué se necesita una reforma tributaria y qué beneficios tenía la propuesta del gobierno nacional. A lo primero que nos debe llevar la sensatez es a decir que la reforma no era precisamente el “coco” como la quiso vender la oposición, esto reconocido por múltiples economistas y técnicos. Sin embargo, tampoco se debe negar que se planteaban situaciones difíciles que particularmente creo se pudieron subsanar con un debate centrado en el Congreso. En últimas, muchos de los manifestantes resultaban ser al mismo tiempo los principales beneficiados por la propuesta, sin duda una de las reformas más progresivas en los últimos años, pero la peor socializada y concertada.

Más allá de eso, tanto la falta de liderazgo del Gobierno como la irresponsabilidad del Congreso de la República fueron evidentes. Los congresistas en Colombia son los principales representantes del constituyente primario, teniendo las facultades dadas por ley para modificar e incluso tumbar la reforma tributaria, que según algunas cuentas ni siquiera pasaba primer debate, entonces ¿Por qué el ánimo de la oposición por sacar a la gente a las calles en el pico más fuerte de la pandemia por algo que nació muerto? Pero desde luego también ¿Por qué el silencio apabullante de Partidos como Cambio Radical, La U, Mira e incluso los Conservadores? La respuesta es obvia, estan pensando en su curul para el 2022 y no en tomar las mejores decisiones frente a los retos que nos deja la pandemia.  Estimado lector tenga en cuenta que su congresista buscará  una reforma que esté alineada con su reelección no con lo que usted necesita o es mejor para todos.

Ojala ese pensamiento electorero no nos lleve a un escenario en el que decidan decirle NO a cualquier reforma, porque si en algo debemos estar de acuerdo es en la necesidad de sanear las finanzas del Estado, que contrario a lo que dice la oposición no estan mal por culpa de Iván Duque sino por una crisis económica mundial que hoy tiene a muchos países del mundo tomando las mismas medidas. A lo segundo que nos lleva la sensatez es a tener en cuenta que una reforma tributaria es impopular siempre y que tiene un peso político muy grande; si la reforma no fuera necesaria no se haría, si las medidas en materia económica no fueran urgentes el Presidente Duque no se habría  gastado el último capital político que le quedaba intentando presentarla.

El derecho a disentir es uno de los baluartes más grandes de la democracia, la movilización pacífica que se ha dado en los últimos días es prueba de las garantías que existen en colombia para manifestarnos frente a las inconformidades, mal hacen los que se escudan en ese derecho constitucional que tenemos todos los colombianos para generar daño a la los bienes públicos y privados que hemos construido con tanto esmero, mal hacen también aquellos miembros de la fuerza pública que cometen excesos frente a población civil desarmada, mal hacen los promotores de las marchas avivando el fuego que divide y callando frente a la infiltración de la protesta por parte de los grupos armados poniendo en riesgo a manifestantes y a la fuerza pública, mal hacen quienes comparten noticias falsas para generar crisis, mal hacen los que se oponen a escuchar razones y hablan desde el desconocimiento y la ignorancia. Es por eso que a lo tercero que nos debe llevar la sensatez es al reconocimiento de que no todos los miembros de la fuerza pública son asesinos, no todos los protestantes son vándalos, de que hay políticos que hacen réditos de la violencia y finalmente que hay grupos armados ilegales infiltrados en las manifestaciones,  pues ningún colombiano que ame su país es capaz de hacerle tanto daño a su comunidad.

La crisis se presenta como una oportunidad para buscar acuerdos sobre lo fundamental, pero eso incluye pasar del discurso de la búsqueda de consensos a hacerlos reales, es preocupante que desde el gobierno se ceda en las exigencias y desde la oposición se busquen más razones para avivar el fuego, es poco coherente que se inviten oponentes políticos a palacio y no asistan por cálculo electoral.  En este momento más que nunca necesitamos ser propositivos por el bien del país, pero nuestras propuestas deben estar ajustadas a la realidad y las posibilidades porque la sensatez también nos dice que no todo es posible pero que somos una nación resiliente que crece progresivamente en el cumplimiento de las demandas ciudadanas hacia el puerto de la equidad y el desarrollo.