Se cumplió la primera semana de ejercicio del poder del nuevo presidente de los colombianos, y llamar preocupante al balance es decir poco. Es difícil hasta decidir por dónde empezar.

 

Sin embargo, más allá de enumerar sus gestiones, que ya todos conocen gracias a los medios de comunicación, quisiera hablar sobre los crecientes sentimientos que empiezan a cocinarse en un gran segmento de la población, precisamente en esa mitad que no lo apoyó en las urnas, por considerar que su programa no traería el bienestar que prometía.

 

La sensación es de aprensión. Pero no es gratuita. Resulta que lo que vemos muchos es una agenda calcada de varios de nuestros vecinos, esos donde hoy se come basura porque no les alcanza ni para comer mierda.

 

Y es que el tono conciliador de su campaña, invitando a todos los sectores políticos a una gran reconciliación, una vez conquistó mayorías parlamentarias, se transformó, silenciosa pero radicalmente, en uno autoritario donde el mensaje es claro: Aquí mando yo, no me reten.

 

Desde la orden de desplazar la espada de Bolívar en el acto de posesión, hasta la remoción de los 52 generales de los distintos estamentos de la Fuerza Pública, todo hiede a autoritarismo. Recordemos que el autoritarismo suele derivar en totalitarismo.

 

Lo grave es que sus acciones son a todas luces tomadas del manual. ¿De cuál manual? Pues del que han seguido (y en el que han escrito capítulos nuevos) los desastrosos gobiernos latinoamericanos del mal llamado progresismo. Veamos:

 

Paso 1: Desarme total de la población civil. Desde su discurso de victoria electoral por allá a finales de mayo, fue claro al respecto. No debe haber una sola arma en manos de nadie que no pertenezca al Estado. El problema de esta posición, aparentemente tan noble, es precisamente que, por un lado, es la población que está dentro de la legalidad, esa que acata las normas, la que queda desamparada, mientras la delincuencia, a la que nada le importa si sus armas son o no legales, obtiene la ventaja. Quedamos a merced del bandido. Pero si esto ya es grave por sí solo, resulta ser la consecuencia menos grave, pues por el otro lado, quedamos también a merced de un régimen que a los que menos les genera incertidumbre y temor frente a lo que pueda venir y a los que más nos causa auténtico pesimismo, pues ya tenemos alguna idea de lo que se ha puesto en marcha.

 

Paso 2: La “remodelación” de la fuerza pública. La Policía Nacional, como cuerpo de naturaleza civil, pasa a convertirse en una guardia personal del partido de gobierno, dejando de garantizar la seguridad ciudadana y convirtiéndose en una dependencia del Ministerio del Interior. El Ejército y las demás fuerzas armadas cambian de dirigentes, con un proceso que empieza por excluir a los oficiales de alto rango de más trayectoria, para después empezar con la feria de los ascensos. Si no me creen, pregúntense cuántos generales hay en el Ejército colombiano y cuántos en el venezolano, por ejemplo. Les doy el dato; aquí tenemos menos de 100 y allá más de 2000, cuando nuestro ejército, en miembros efectivos, casi dobla al suyo.

 

Pero además, y mucho más grave: minar la institución desde adentro. O cómo se le puede llamar a la designación de hombres como Casanova y Guarín (puro M-19) en la Dirección Nacional de Inteligencia. Esto, en total concordancia con su sugerencia de incorporar a desmovilizados de las guerrillas al Ejército. El enemigo interno.

 

Paso 3: Reforma del procedimiento electoral. Ya sea por vía constitucional, que de entrada es difícil, pues se antojaría a la gente muy frentera y descarada, bien por el camino que están intentando en este momento con la reforma del Codigo Electoral, lo importante es abrir la puerta, aunque sea unos centímetros, para permitir su continuidad y permanencia en el poder. Pueden estar seguros que se vienen vientos de reelección y aumento del periodo presidencial al menos a 6 añitos.

 

Paso 4: Política exterior – Afianzamiento de la posición en el continente y restablecimiento de relaciones con las ya reconocidas internacionalmente como dictaduras. Claro ejemplo de esto es que en menos de una semana se ha hablado de comprar gas a Venezuela, y que Colombia, casualmente (guiño guiño), se haya ausentado al momento de condenar a Nicaragua como violadora de Derechos Humanos en la OEA. Lo del gas, además, es una jugada de doble vía, pues no solo le da alas al discurso ambientalista de Petro (en otra ocasión me podría extender en por qué es un discurso falaz), sino que también oxigena la economía venezolana, que está en problemas. Pero ahí no termina el problema, pues habrá empresarios que, ingenua u oportunistamente establecerán nuevamente sus empresas en el territorio vecino, creando una falsa sensación de estabilidad entre las dos economías, y tranquilizando transitoriamente al ciudadano de a pie, todo lo cual implosionará cuando el daño ya esté hecho, pues la inflación será creciente en ambos lados de la frontera. Tampoco podemos olvidar que de alguna forma debe pagarse todo el dinero invertido desde por allá a la campaña de nuestro flamante presidente.

 

Por si las dudas, vale recordar también el tour que se jaló nuestra vicepresidenta por todo el cono sur casi hasta el día anterior de su posesión. Curiosamente, visitó solo los países de régimen de izquierdas.

Paso 5: Crecimiento acelerado y desmedido del Estado. Empezó la creación de nuevos ministerios, agencias y en general de cargos. Burocracia a lo que marca. Esto, como el catastro, es multipropósito; i) Generar formas de pagar favores con clientelismo, pues esas mayorías parlamentarias no se pagan solitas, y ii) hacer que el aparato intervenga, se inmiscuya, en la mayoría de los aspectos de la vida de la población. Nunca olvidemos que el nombre de cada entidad pública es sencillamente el Estado inmiscuyendose en ese aspecto de la existencia de las personas, con el pretexto de dar bienestar o de cuidarnos de nosotros mismos, cuando no hace ni lo uno ni lo otro, solo gana más control sobre nestras vidas (pura teoría económica con la que no los quiero aburrir, pero cuando quieran se las explico).

 

Paso 6: Educación de la niñez y reescritura de la historia. Estos dos son de los más execrables y van de la mano. Al mejor estilo de Goebbels en Alemania con su propaganda, de Gramsci en Italia con su hegemonía cultural o de Laclau (y esposa) en Argentina y Venezuela con su razón populista, hay que contar una nueva versión del cuento; una más atractiva, más digerible y más indulgente con sus camaradas. Ya sabemos que son 4332 instituciones educativas que adoptaron esta semana el informe final de la Comisión de la Verdad para impartirlo a sus estudiantes. Pero, ¿de qué forma? Pues con caricaturas y dibujitos animados, “herramientas” que facilitan que se empiece a difundir desde preescolar. Lo malo no es eso, per se, sino el contenido del mensaje, que si no reescribe la historia, cuando menos solo cuenta un pedazo y no muestra las dos caras de la moneda. De hecho, me pregunto (y aquí ya no puedo ocultar mi indignación) ¡Por qué nadie dice nada sobre el esperpento de video propagandístico sobre alias “Tirofijo”, donde lo muestran como un niño que adoraba jugar al trompo, que se volvió un héroe revolucionario para luchar por la niñez de este país, todo por la violencia de los conservadores sobre los liberales! ¡¡Eso es lo que le quieren mostrar a mi hijo en el colegio!!

 

Esta es la estrategia más peligrosa y más eficiente de la que pueden echar mano. Basta con contarle a nuestros jóvenes y a nuestra niñez la versión “oficial” del cuento, y con esperar a que todos los viejos que sí recordamos, porque lo vivimos, nos vayamos al otro mundo, para que sin hacer mayor cosa, el imaginario colectivo cambie por completo a su antojo, en dos generaciones, a lo sumo.

 

Como pueden ver, la estrategia es clara, no tiene nada de nueva y tampoco la están disimulando. El manual tiene más pasos, como el del tan polémico perdón social, sobre el que me faltarían días y demasiadas páginas para poder referirme a fondo, y pueden implementarse en distinto orden, de acuerdo con la conveniencia del momento. Lo llamativo es que en Colombia los están poniendo en marcha todos al mismo tiempo. Parece que tiene afán. Otro síntoma tanto de lo que nos corre pierna arriba, como del talante de nuestro gobernante actual.

 

Así que, a quienes nos llaman fatalistas les digo que no, que no es fatalismo; es que tenemos varias bolas de cristal que nos muestran el futuro; se llaman Cuba, Nicaragua, Venezuela, Argentina, Chile, Bolivia, y hay más de donde salieron esas.

 

Si así es en ocho días…

 

Se cumplió la primera semana de ejercicio del poder del nuevo presidente de los colombianos, y llamar preocupante al balance es decir poco. Es difícil hasta decidir por dónde empezar. Clic para tuitear
Carlos Jorge Collazos A.
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Carlos Jorge Collazos Alarcón, abogado, especialista y magíster en Derecho Administrativo, magíster en Responsabilidad Contractual, Extracontractual, Civil y del Estado, litigante y juez administrativo ad-hoc. Conservador en lo ético y liberal en lo económico.