Si Las Bibliotecas Hablaran

JUAN CAMILO VARGAS

@JuanCVargas98 

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Hace un par de meses tuve la fortuna de pasar unos días en la que antaño fuera casa del filósofo y escritor estadounidense Russell Kirk, una maravillosa construcción de cinco pisos ubicada en el pequeño centro poblado de Mecosta, Míchigan. En la actualidad es la residencia de su esposa, Annette Kirk, quien dirige una especie de centro de pensamiento (el Russell Kirk Center), y que también realiza talleres y seminarios enfocados hacia la preservación del legado de su difunto esposo. Annette es una señora jovial y alegre, nuestra última noche en Mecosta fue una noche de música, guitarras y poesía. Mientras yo tocaba la guitarra y todos cantábamos esa famosa canción irlandesa «The Wild Rover», ella preparaba su libro de poesía alemana para recitarlo mientras que otra amiga desenfundaba su violín. De ese viaje me quedó un interesante recuerdo que Annette narró en cada pregunta que se le hacía en relación con la obra de su esposo. Cuando le inquirían acerca de tal o cual obra, ella siempre hacía énfasis en la imaginación que Russell tenía y en cómo su mente dejaba que las historias se inventaran y fluyeran, escribiendo así sus más famosos cuentos.

En días pasados, mientras organizaba mi biblioteca e inventariaba cada uno de esos preciosos tesoros que son los libros, me preguntaba acerca de sus autores y de lo que cada uno podría decirle a los otros. Organizando cada estantería veía nombres al lado de otros nombres y me imaginaba los diálogos, no como los de Glaucón, Adeimanto y Sócrates, sino como conversaciones amenas en las que se compartieran ideas y germinaran semillas del ingenio. Imaginando conversaciones inexistentes e historias sin sentido, dejé que la imaginación se apropiara de cada pensamiento para darle rienda suelta a ese «caballo desbocado», para ponerlo en palabras de Gustavo Adolfo Bécquer.

En días pasados, mientras organizaba mi biblioteca e inventariaba cada uno de esos preciosos tesoros que son los libros, me preguntaba acerca de sus autores y de lo que cada uno podría decirle a los otros. Clic para tuitear

Empecé por el fallecido Álvaro Gómez Hurtado entablando conversación con el magno y desconocido Nicolás Gómez Dávila. Seguramente tendrían muchos temas que tratar, uno de ellos, el ferviente Catolicismo que ambos profesaron y con el que vivieron hasta sus últimos días. Quizá los «Escolios» le llamaran la atención al Doctor Gómez, un entendimiento inquieto que nunca tenía tiempo para dejar descansar la mente. Al lado de ellos, el padre de Álvaro; Laureano. ¿Qué diría el caudillo conservador? De seguro se regocijaría en una conversación escolástica de esas que tanto practicó en sus años mozos al servicio de la Patria. En un intercambio de ideas consolidarían el ideario más reaccionario que este País hubiese atestiguado. Pero ahora se une a la conversación Manuel Serrano Blanco, ¿y qué aportará? El brillante púgil Santandereano sería el vocero de ese grupo, con su laureada oratoria y esa explosiva chispa que sólo poseen los espíritus moldeados por la geografía del montañoso Departamento comunero lograría que las multitudes se aglomeraran en torno a los cuatro laureados.

Por otro lado, estarían José Antonio Primo de Rivera, mártir español, y el «Leopardo» Silvio Villegas. Esa sería una interesante discusión. El joven conservador que es tan recordado en tierras caldenses hubiera, seguramente, hecho precisiones al fundador de la Falange con ese rico vocabulario casi cervantino que poseía. Me atrevo a decir que Villegas se hubiese hecho una fotografía con el Duque de la Estella. Unamuno estaría allí acompañándolos, curiosamente partidario de las ideas liberales que el mártir Primo de Rivera no compartía. Y, ¿por qué no? Quizá recrearan el discurso del Teatro de la Comedia y buscaran soluciones a los problemas de las personas en Iberoamérica. Al lado de José Antonio también estaban los Generales Molá y Sanjurjo, quienes habrían entablado una fina conversación con el siempre admirable Guillermo Valencia.

Un poco más modernos, Enrique Serrano y Álvaro Pablo Ortiz, faros de la academia en Colombia. A ellos no es necesario imaginarlos conversando, pues tuve la fortuna (y aún la tengo), de pasar largos ratos junto a este par de íconos en el Colegio Mayor del Rosario. Seguramente Enrique haría énfasis en nuestras raíces judías y en el problema del desconocimiento nacional, Álvaro Pablo, sereno y pausado como suele expresarse, contribuiría haciendo mención de la herencia Asturiana y Navarra que existe en los departamentos de Santander y Norte de Santander. Enrique muy probablemente llevaría un libro bajo el brazo y Álvaro Pablo estaría encendiendo un cigarrillo para llevárselo a los labios, dejando relucir en su muñeca una manilla con la inscripción de «Viva España».

«El Negro» Gaitán estaría entretenido con su contraparte José Camacho Carreño: El hijo de Prometeo, que por lo demás estaría maravillado de tener a su lado la Constitución de la Provincia de un municipio de Santander que siempre amó y elogió: El Socorro.

Y es que, en fin, cada biblioteca, si existe la imaginación, es como un baile de autores que se reúnen a danzar al son de las portadas y las letras. Dejándose llevar, es sencillo crear diálogos y fantasear con personajes tan dispares como los que suelen encontrarse aquí. Otto Skorzeny reposa al lado del Mossad, García Márquez está junto a la antología de pensadores conservadores colombianos, y para rematar, Francisco Franco tiene «El Capital» a su izquierda. La sinfonía de conocimiento que tienen los libros no es algo muerto y que reposa allí, esperando que algún lector curioso ojee sus páginas; es un presente vívido que, parafraseando a Gómez Dávila, aparece contemporáneo a quien sepa entenderlo.

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Acerca de Juan Camilo Vargas 48 Articles
Joven santandereano de nacimiento, Huilense por adopción. Estudiante de Política e Historia en Hillsdale College, ubicado en Michigan, Estados Unidos. Ganador de las becas “Hillsdale Merit Scholarship”, “Weber International Private Enterprise Scholarship” y “Gogel Scholarship, Werner J & Mar”. Caballero Andante, poeta inquieto, enemigo de la corrección política y defensor de la tradición moral y las buenas costumbres. Haciendo Patria