La única forma de salvar nuestro sistema acusatorio es abriendo la puerta de manera correcta y completa a los preacuerdos y principios de oportunidad, como la jurisprudencia no lo ha hecho, salvaguardando en exceso el principio de legalidad, convirtiéndolo en casi inamovible, tocará que el Congreso lo haga de una manera en la que sea casi imposible la interpretación contraria.

 

La idea de un sistema acusatorio es que la menor cantidad posible de procesos lleguen a juicio, más en un país como el nuestro, en donde la carga laboral de los fiscales, jueces y magistrados es enorme e imposible de evacuar, en donde los juicios pueden durar años y años y no por dilaciones injustificadas sino precisamente por la gran cantidad de procesos que por imposibilidad de lograr terminaciones anticipadas llegan a juicio.

 

Muchas personas preferirían un arreglo con la justicia siempre y cuando les signifique algo, un beneficio al procesado sin grave daño a la víctima o a la sociedad. Sumado a las limitaciones jurisprudenciales, están las que la misma ley han impuesto, como dejar sin posibilidad de acuerdos o principios de oportunidad en delitos donde son víctimas, por ejemplo, de delitos sexuales los menores de edad.

 

Poner exclusiones generales sin excepciones no es proteger a la víctima, por el contrario, es poner en peligro a otras posibles víctimas. Piense usted el caso de un pedófilo que al momento de ser capturado quiere aceptar su responsabilidad, pero al preguntar se le dice que no tiene ningún beneficio entonces prefiere ir a juicio, dejando oculta información importante de una red de pedofilos, que impediría poder judicializar a más de diez culpables, entonces el estado impide que muchas víctimas sean protegidas por una imposibilidad de preacordar establecida de manera absoluta por la ley.

 

En igual sentido, es inexplicable que se realice un proceso de justicia especial con guerrilleros aplicando los principios de oportunidad denominados amnistías o indultos o con terroristas y narcotraficantes en donde, palabras más, palabras menos, aplican preacuerdos que incluyen incluso el monto mínimo y máximo de la pena como sucede en la Justicia Especial para la Paz – JEP y, por el contrario, a colombianos que cometen un delito una vez o reinciden en delitos menos graves se les prive de un preacuerdo mucho más flexible.

 

Flexibilizar los preacuerdos sin impunidad harían mucho más fácil la aplicación de políticas de criminales, haría más efectiva la justicia, sería menos visible para la ciudadanía la sensación, real o no, de impunidad o demora o de negación de la justicia.

 

Flexibilizar la tipicidad e incluso realizar ficciones es un beneficio para la justicia no un daño.

 

Amanecerá y veremos si se realiza una reforma a la justicia que abra la posibilidad de mejores preacuerdos que abarquen a más acusados.

 

Flexibilizar los preacuerdos sin impunidad harían mucho más fácil la aplicación de políticas de criminales y haría más efectiva la justicia. Clic para tuitear
Iván Cancino G.
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Papá, esposo de la más hermosa mujer, columnista y abogado.