Sin Dios ni ley

Jaime Hernández

Sin Dios ni ley

@JimHernandezG

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Los acontecimientos parecen desbordar la capacidad de asombro y por supuesto de análisis de quienes opinan sobre los asuntos del país.

A cualquier observador desprevenido le sorprendería La actitud del Jefe máximo de las FARC al momento de Ingresar al recinto donde tendría lugar la audiencia ante El Tribunal de Justicia, la JEP, que por exigencia de los guerrilleros se constituyó para que estos se desmovilizaran. Decía que la presentación del Jefe de las FARC, celebrada por el alto gobierno casi tanto como por el compareciente, releva de cualquier apreciación sobre la imparcialidad de esta institución. Diremos que los gestos del sindicado contrastan con la expresión grave de quien enfrentará un Tribunal de Justicia y se someterá a un juicio por las conductas en las que incurrió.

Diremos que los gestos del sindicado contrastan con la expresión grave de quien enfrentará un Tribunal de Justicia y se someterá a un juicio por las conductas en las que incurrió. Clic para tuitear

Era de esperarse que fuera así. Puesto que los autores de hechos como secuestros, Homicidios, desplazamiento forzoso de población, reclutamiento de menores, violación, esclavitud sexual, entre otros, todas conductas contempladas en el Estatuto de Roma como Crímenes de Lesa Humanidad, se presentarán ante un Tribunal diseñado por ellos mismos, a su medida, y recibirán “sanciones” – que no penas – consistentes en actividades que no cumplen con la función punitiva de la pena, y alas que la periodista Salud Hernández por lo irrisorias llama “sembrar lechugas”.

Pero si conmueve ese episodio del prominente jefe guerrillero con gesto desafiante, ni que decir del sainete en que se ha convertido la detención por pedido de extradición de otro Jefe de las FARC, Jesús Santrich; su reclusión; y la resolución al pedido de Extradición que hiciera el gobierno de Estados Unidos. En este caso la irregularidad parece ser la norma.  Desde el sitio de reclusión, en una Sede Episcopal; continuando con una huelga de hambre del Sindicado; y el amplio debate desatado en el País en torno a la viabilidad de la extradición o la Legalidad de la misma. Todo con un evidente sesgo que debilita la figura de la institución de la extradición.

La Corte Constitucional el más alto Tribunal encargado de la guarda de la Constitución, agrega un ingrediente más con una sentencia en la que curiosamente señala que la JEP podrá pedir Pruebas y determinar si la fecha de comisión del delito fue antes de la firma del Acuerdo o si la comisión del mismo se inició antes de la fatal fecha.

Todos los hechos señalados son sintomáticos de una Sociedad en la que el principio sagrado del respeto a la ley Constantemente está en entredicho, rasgo propio De una sociedad en descomposición, y no de un país que Hace cincuenta años se ufanaba de que su ciudad capital era La “Atenas Suramericana”; en el que hombres eminentes Cultivaban el estudio del Derecho; y en el que muchos de sus gobernantes eran sobresalientes estudiosos de la gramática.

¿Cabe preguntarse qué pasó en una nación cuyos elementos esenciales eran el respeto a la ley, la probidad, el buen nombre, la decencia y el servicio público desinteresado? Tarea para quienes se dedican a desentrañar las causas históricas de los fenómenos sociales, y deber para los que asumen el compromiso de la conducción del país. Las graves responsabilidades de los hombres públicos consisten en elevarse por encima de los agobiantes hechos cotidianos, otear el horizonte y definir no solo el rumbo, como los más avezados capitanes de mar, sino diseñar elementos sicológicos y sociales, signos éticos y morales, que perduren en el alma de la Nación, y que constituyan memoria y referentes culturales que habrán de imprimirle el carácter que distingue a las sociedades desarrolladas de las que están en ese proceso, y de señalarle al país el camino definitivo hacia el progreso. Esa tarea en es un desafío monumental, implica un esfuerzo inmenso.

¿Cabe preguntarse qué pasó en una nación cuyos elementos esenciales eran el respeto a la ley, la probidad, el buen nombre, la decencia y el servicio público desinteresado? Clic para tuitear

Los episodios aquí repasados agotan las reservas de la Nación, y le dan la razón a quienes advertían el daño que se iba a causar con el diseño de una nueva institucionalidad con tantos elementos extraños y contrarios a la que nos había dado estabilidad por un siglo y nos había sido tan útil. Toca recomponer lo que se hizo mal, y encauzar las aguas desbordadas de la institucionalidad que se negoció, para que prevalezca el mandamiento central de una sociedad: El respeto a la Ley y la autoridad.

 

 

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