Tasajera: el olvido que siempre fue

Jorge Mario Pérez Solano

Jorge Mario Pérez

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Jorge Mario Pérez

Venía cocinando entre líneas una columna frente a la importancia del e-commerce o también llamado el comercio electrónico en estos tiempos de confinamiento, como gran impulsor de la economía en ausencia de la compra presencial, generando más de 2 billones de pesos en las dos jornadas del día sin IVA, pero la reciente desgracia ocurrida en Tasajera con un camión cisterna, obligó a cambiar la realidad y poner de presente una tragedia que no es nueva en un departamento que hoy es el resultado de un trasnochado debate de pugnacidad política indefinida. 

Para los que no conocen Tasajera, es un corregimiento de Pueblo viejo, ubicado en el corredor de la troncal del caribe, que va de Barranquilla y Ciénega, o viceversa, conocido por la venta de pescado, frutas, camarones e iguanas, con no más de 800 habitantes, que conviven entre la carencia de servicios públicos con la búsqueda del agua potable en carretas, el pozo séptico, la letrina y la notable abundancia de residuos líquidos y sólidos esparcidos en las calles, con numerosos niños barrigones a punto de estallar y con presencia de distintas plagas que acompañan la notable miseria de antaño sin dolientes. 

Asimismo, Aracataca, Fundación, Pivijay, Cerro de San Antonio, Ciénega, Santa Ana, El Banco, Remolino, Algarrobo, El Difícil y otros municipios del departamento del Magdalena, que por más de 50 años siguen esperando de los gobiernos departamentales y municipales, las obras inconclusas en anteproyectos y proyectos de agua y alcantarillado, de carreteras que han sido construidas varias veces en papel, de escuelas sin terminar, de hospitales malversados y entregados a la clase política de turno o de los subsidios en manos de los que no los necesitan como en los carteles del sisben y de vivienda que se han denunciado y ahí han quedado en medio de tanta indiferencia.

La desgracia ha acompañado igualmente a Santa Marta, que en medio de tanta dificultad, la ciudadanía se ha debatido entre los que se disputan la alcaldía y la gobernación cada 4 años, para recibir cada 3 meses contratos, como único sustento laborable en una ciudad de pocas oportunidades, porque solo hay 5 empleadores fijos entre las OPS que da la alcaldesa, el gobernador, la sociedad portuaria, la rama judicial y uno que otro órgano de control, para mitigar tanta desdicha en una ciudad que la siguen manejando como una finca con peones y semovientes. 

Para nadie es un secreto el desafortunado hecho de tener que convivir con grupos armados que comercializan la droga en la zona del parque tayrona, con la inconsecuente anuencia de los pobladores que no pueden denunciar por la inevitable muerte que les acarrearía una denuncia, pese a que se tiene a un batallón y a una división en una zona de confort, cerca de un balneario y que puede ser objeto de gran explotación turística y con grandes dividendos para la capital.

Del mismo modo, concurre la delincuencia de ajenos a la ciudad, invertidos con los propios, extorsionando con bandas por años a los distintos comerciantes, con la amenaza de los estallidos de granadas a las ferreterías y almacenes como en el pasado, o el ultimátum a bala, como suelen hacerlo para seguir en la misma intimidación armada de siempre.

En ese orden, el presupuesto del departamento del Magdalena, está suscrito por más de 970 mil millones de pesos, distribuidos en 30 municipios que difícilmente logran resolver sus precarias condiciones financieras y administrativas, por la limitada participación de empresas de inversión en zonas eminentemente rurales, con poco acceso de ingreso, con mayoritaria formación agrícola y que no se integran con la capital, sino con otros departamentos aledaños como forma de distribuir sus productos y su conexión cultural. 

Igualmente, Santa Marta con un presupuesto 835 mil millones de pesos, en su calidad de distrito turístico, no ha logrado resolver en más de 35 años su problema de agua potable, enfrascándose en una disputa de concesión privada a publica, que en el pasado le mermó recursos y participación a la ciudad, y aun así, tampoco bajo el dominio de la actual y anterior admiración, han resuelto la escasez del fluido, por la inhóspita situación política de delegaciones que no definen las responsabilidades con esos que se llaman los de antes y los del cambio: que desventura.

Hoy el desempleo ronda por el 17.8%, después de haber estado en un 12.5 frente al año anterior, como lo ha establecido el DANE, el cual preocupa que no se verifican planes por parte de la gobernación y la alcaldía de Santa Marta en establecer choques o estímulos a las empresas para enganchar trabajadores, ya que los pocos más de 120 mil establecimientos de comercio que hay, el 30% les tocó cerrar, sin posibilidad que exista un reinicio o reorganización en el sector turístico y demás sectores.

El gobierno nacional debe aprovechar la coyuntura del proyecto de la doble calzada Barranquilla – Ciénega, para desarrollar con la mano de obra de los 8 corregimientos que conforman Pueblo Viejo, el levantamiento de la carretera, así como la de fortalecer la actividad piscícola y agricultora, la instalación de la red de agua y alcantarillado que no fue instalada en la antigua carretera y que limitó el desarrollo de toda esa franja que se debate entre la miseria y el abandono estatal, y por último, la viabilidad de trazar un proyecto de puerto de gran envergadura que facilite el acceso entre los puertos de Santa Marta y Barranquilla, que podría generar mayores oportunidades en esa misma delimitación cenagal y de mar.  

Entonces así, lo único que sobrevive de la ciudad de Bastidas es el recuerdo de las historias de los abuelos, que se diferencian de ese cúmulo de bandos, que solo han empobrecido y ensombrecido a la gente con el eterno ego en que han manejado la política con los borregos y que se ha resumido en esa anécdota de un exalcalde que le gustaba trotar mucho en la bahía todas la mañanas, y que entre la realidad y la ficción, el Rodrigo de Bastidas arrodillado le increpó a ese alcalde, reclamándole por un caballo que no tenía como la estatua del Bolívar que había llegado después y que estaba en frente de él. Y ese alcalde le manifestó que al cabo de unos días le daba una respuesta con su eterno asesor de cabecera. Al regresar el alcalde con la respuesta, junto con su asesor, el Bastidas le frenó en seco, señalándole que su petición era la de un caballo y no la del burro que le acompañaba.

JORGE MARIO PEREZ SOLANO
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Abogado,Especialista En Derecho Administrativo, ha sido asesor y consultor en el sector nacional y territorial socio en Safey & Lawyers SAS - Bogota. Fue columnista en el hoy diario del magdalena, bloguero en kienyke,columnista en seguimiento.co. Samario de nacimiento,Barranquillero y Bogotano por adopción;su domicilio y residencia están en Bogotá y Barranquilla