Testimonio de Vida (Parte 2)

JUAN MANUEL JARAMILLO

Juan M. Jaramillo

@JuMaJaRa 

Testimonio de Vida (Parte 2) Columna de Juan Manuel Jaramillo Clic para tuitear

Me quedé impresionado con la acogida que tuvo mi columna de la semana, no imaginé que el alcance iba a ser tan grande y me llena de satisfacción que así haya sido, muchas personas me escribieron agradeciendo lo escrito porque les llegaba en el momento correcto, otros lo iban a compartir con familiares y otras personas hasta con pacientes.

Qué alegría que el testimonio de vida de uno pueda ayudar a tantas personas e impactarlas de manera positiva.

Continuando donde había terminado mi columna anterior (acá les dejo el link para quienes no la leyeron (primera Parte ), terminé mi tratamiento y me dispuse a retomar mi vida normal, con grandes retos por supuesto, el miedo a una recaída nunca te abandona y cada que se deben realizar los controles rutinarios es un calvario, incluso al día de hoy, 15 años después, me pongo bastante nervioso cuando se llega la época de controles.

Qué alegría que el testimonio de vida de uno pueda ayudar a tantas personas e impactarlas de manera positiva. Clic para tuitear

Retomé mis estudios y terminé satisfactoriamente mis 2 carreras, incluso estuve de intercambio en Brasil realizando el último semestre de una de ellas. El hecho de irme para Brasil fue un reto, porque dejar la seguridad del hogar, de los hospitales (que ya conocía de memoria) y del idioma, era intimidante, pero me fui y viví un semestre espectacular, compartiendo con personas de todo el mundo y viviendo en una isla; fue un gran año.

Transcurrieron unos 6 o 7 años de tranquilidad, salvo por una apendicitis que no me parece relevante, de resto no se me viene a la mente ningún evento particular.

Posterior a eso, no recuerdo bien el año, entre 2011 y 2012 si no estoy mal, una madrugada me levanté muy alterado.  Tenía el sentimiento profundo de una muerte inminente. Acudí a mis padres y les pedí que me llevaran de urgencia al hospital más cercano, pues algo estaba bastante mal. Me acompañaron a urgencias y después de evaluarme y controlar mis signos vitales, concluyeron que no había nada anormal, así que la conclusión fue que había sufrido un episodio de pánico.

Tenaz, esa sensación es bastante desagradable, la mente se descontrola por completo, el corazón se acelera y lo único que uno quiere es salir corriendo y huir, pero no se sabe exactamente huir de qué o huir a donde.

Aquí entro en un tema en el que quiero hacer un énfasis especial y llamar la atención para que estén siempre alertas. 

Después del evento del pánico entré en una depresión profunda, muy difícil de manejar. Cuando hablo de depresión no estoy hablando que estaba triste o aburrido, no!, estaba profundamente deprimido, mi cuerpo no respondía a estímulos, nada me simpatizaba y se me pasaban por la cabeza pensamientos terribles, que prefiero no recordar. Acudí al psiquiatra, gracias a Dios, y me mandó unos medicamentos que tardarían 15 días en empezar a hacer efecto, toda una eternidad para el infierno que estaba viviendo por dentro. Probé mientras tanto la acupuntura y otros tratamientos de medicina alternativa, que seguramente ayudaron, pero cuyos efectos tampoco fueron inmediatos.

Lo importante de esta experiencia es concientizarlos de algo fundamental. Cuando vean a alguien deprimido búsquenle ayuda inmediata y acompáñenlo en todo momento, porque de ahí a una situación trágica hay una distancia mínima.  No es decirle a la persona que la vida es linda, que mire el amanecer, que mire y valore las cosas que tiene, que escuche música o que vaya a cine o salga con los amigos, no!.

Es muy diferente estar aburrido a estar deprimido, lo primero hace parte de la vida, hay días buenos y otros no tanto y el estado de ánimo cambia según los acontecimientos del día a día, pero la depresión se puede presentar por múltiples factores, entre ellos, la falta de algún elemento en la sangre por una mala alimentación o algo similar, y hay que acudir al especialista y tratarlo rápidamente, porque estar en una depresión profunda debe ser muy similar a estar en el infierno, es terrible.

Cuando vean a alguien que está sumido en sus pensamientos, introvertido y llorando repentinamente sin ningún motivo, préstenle atención y busquen ayuda, es lo mejor que pueden hacer.

Cuando vean a alguien que está sumido en sus pensamientos, introvertido y llorando repentinamente sin ningún motivo, préstenle atención y busquen ayuda, es lo mejor que pueden hacer. Clic para tuitear

Seguí con mis medicamentos, logré salir de esa depresión y todo parecía estar dentro de lo normal, pero había algo que no cuadraba del todo, los “pánicos” siguieron ahí, ya no como la primera vez que literalmente sentía que me estaba muriendo, sino como una sensación de miedo que me atacaba de vez en cuando y se iba.

¿Han sentido ustedes un vacío en el estómago cuando están ansiosos por algo? Cuando tienen que hablar en público, o montarse a una montaña rusa o hacer algo que les produce miedo. La sensación que sentía era algo muy similar a eso.

El psiquiatra me recomendó otras pastillas que debía utilizar solo en caso de ser necesario. Si veía que iba a sufrir un episodio de pánico me la debía tomar, también me enseñó unas técnicas mentales como: imaginar que estaba en la playa, en un bosque o algún recuerdo muy grato que intentara revivir en esos momentos. El asunto es que los “pánicos” me atacaban tan repentinamente que no me daban tiempo de reaccionar.

Yo intentaba con todas las fuerzas pensar  “a mi esto no me va a afectar y yo mismo los puedo detener”, así que cuando arrancaba un episodio yo respiraba y me tranquilizaba, pensaba en las recomendaciones del doctor, pero la sensación en el cuerpo era la de un profundo miedo, que iniciaba en el estómago e iba subiendo hacia la cabeza.

Esas sensaciones iniciaron con apariciones ocasionales, pero cada vez se fueron haciendo más frecuentes e incrementando su potencia.

Ya no era solo el estómago, después la sensación subía hasta la cabeza y se me recalentaba la cara, posteriormente empecé a sentir olores penetrantes cuando eso sucedía, pero seguía en mi cabeza que estaba padeciendo un trastorno de pánico.

Creo que siempre las disimulé bien, podía estar en una reunión o conversando con alguien y si aparecía aquella sensación yo continuaba como si nada sucediera, no se si alguna vez alguien notó algo extraño (es probable que si).

En Noviembre de 2014 con motivo de una celebración familiar, salí con mi cuñada a recoger a mi novia para posteriormente encontrarnos con el resto de la familia, le escribí que ya estábamos yendo por ella y poco tiempo después de haber salido de mi casa, se presentó aquella sensación de pánico mientras conducía, estaba hablando con mi cuñada y ya era habitual para mi ese sentimiento así que continué normal, eso es lo último que recuerdo. Empecé a retomar la conciencia rodeado de paramédicos llevándome a una ambulancia, me dolían las piernas como si hubiera hecho ejercicio por mucho tiempo, no entendía nada, vi a mis padres al lado de la ambulancia y con la ayuda del personal médico me subieron a la ambulancia.

¿Qué dia es hoy?, Que pregunta difícil para ese momento, no tenía ni idea que día era.

¿Cuál es su nombre?, empecé a rebuscar en mi cabeza y no encontraba mi nombre, imagínense eso no más, se despiertan en una ambulancia y no saben cómo se llaman, es escalofriante. Unos segundos después logré recordar cómo me llamaba, y lentamente fui recobrando la conciencia.

Me llevaron al hospital dónde me hicieron todos los chequeos médicos pertinentes, no encontraron nada raro así que podría haber sido un desmayo por cualquier circunstancia.

Me dieron el alta esa misma noche, pero ya me había tirado la reunión familiar. 

Después de eso seguí en lo mismo, tomando mis medicamente para controlar el pánico, sufriendo los “pánicos” de manera habitual y haciendo mi vida normal.

Se llegó diciembre con muchísimo trabajo, estaba organizando el trasteo de mi empresa y estaba muy estresado porque tenía inmensos desafíos con la nueva locación, entre ellos, lograr sostener el arriendo, el emprendimiento es un camino difícil y en ese momento estaba en una situación financiera muy complicada.

Un buen día tuve un incumplimiento con un cliente y me pegó una vaciada tremenda, me dijo hasta de que me iba a morir y por supuesto se retiró de nuestros servicios, así que al estrés que ya tenía por las deudas que había adquirido, se sumaba que se me iba un buen cliente, claramente estaba con niveles altos de estrés. Se llegó la noche e invité a mi novia a que fuéramos a comer en una frutera. La recogí, llegamos al lugar, realizamos el pedido y nuevamente aquella sensación que no me abandonaba me empezó a subir a la cara, la miré fijamente como queriendo comunicarle lo que estaba sintiendo pero solo recuerdo hasta ahí.

Una vez más me desperté en urgencias con preguntas que no era capaz de responder.

Posteriormente me contaron que caí al suelo convulsionando y con la ayuda de varias personas me subieron a un taxi y me llevaron al hospital más cercano.

Cuando una persona convulsiona todos sus músculos se tensionan, el cuerpo queda bastante rígido, así que seguramente en el afán de montarme al taxi me lesionaron un hombro, pero ese también es un asunto menor.

Las convulsiones no son tan peligrosas como aparentan, se ven bastante feas, pero la realidad es que lo que hay que cuidar es que la persona no se golpee la cabeza o se lastime por cualquier otro motivo.

A los exámenes que ya me habían hecho le adicionaron varios más y efectivamente encontraron un tumor en el cerebro.

Difícil asimilar esa noticia porque después de recibirla lo primero que pensé fue: ¿Otra vez?

Ahí se le vienen a la cabeza a uno todos los peores escenarios que se pueda imaginar y obviamente una de las hipótesis mas fuertes que se me pasaban por la mente es que era una recaída, entonces pensaba en todo el proceso que me esperaba por delante.

Acudí a una cita con el especialista y me dijo, usted lo que tiene no es síndrome de pánico sino convulsiones y muy probablemente se deben a ese tumor que tiene en la cabeza.

Ahí se le vienen a la cabeza a uno todos los peores escenarios que se pueda imaginar y obviamente una de las hipótesis mas fuertes que se me pasaban por la mente es que era una recaída, entonces pensaba en todo el… Clic para tuitear

El tumor, según las imágenes, parecía calcificado y descartaron que se tratara de un tumor maligno, sin embargo había que hacerle seguimiento constante para vigilar su tamaño. Fue un gran alivio saber que no estaba conectado con el problema anterior, pero también inquietaba qué podría ser y saber que caminaba por ahí con eso en mi cabeza.

Una vez diagnosticado me mandaron un medicamento para las convulsiones que tuvo un efecto inmediato. De 3 o 4 “pánicos” (convulsiones), que sufría al día, pase a tener uno a la semana, una gran mejora  en la calidad de vida.

Un resumen hasta el momento es que el primer ataque de pánico si fue real y se debió derivar del tumor que empezaba a crecer en el cerebro, en la medida que el tumor crecía fue presionando una zona muy epileptogénica, lo cual desencadenó la convulsiones, y el medicamento que tenía para los pánicos podría estar haciendo un efecto contrario al deseado, pues estaba mal diagnosticado.

Desmontamos gradualmente el medicamento para los pánicos y las pastillas que me habían recetado para las convulsiones surtieron efecto por un par de meses, sin embargo después empezó a perder su efectividad, así que me subieron la dosis. Pocos meses después volvía a lo mismo y me incrementaban la dosis, posterior a eso cambié de medicamente y se repitió la historia, todos tenían un efecto inicial súper positivo que se iba perdiendo en la medida en que pasaba el tiempo. 

Se llama epilepsia refractaria y es que se va volviendo “resistente”, por así decirlo, a los medicamentos.

A pesar de que el especialista era muy bueno, no tenía mucha empatía con él y decidí cambiar de médico.

Acudí a mi primera cita con el nuevo especialista con todos los exámenes y la historia clínica en la mano. Me encontré con un señor de avanzada edad, canoso y barbado, bastante buena gente.

Lo primero que me dijo fue: No me cuente nada de los resultados de los exámenes, cuénteme lo mas detallado posible como son sus convulsiones.

Hice la mejor descripción que pude mientras el me preguntaba, ¿Ve luces?, ¿Ve colores?, ¿Siente olores? (apenas ahí caí en cuenta que los olores estaban ligados a las convulsiones).

Una vez terminada la descripción me dijo: Usted debe tener una lesión en el lóbulo temporal derecho, miremos los exámenes. Efectivamente el tumor estaba en el lóbulo temporal derecho, el análisis fue bastante preciso.

Después de revisar todo lo anterior el doctor me dijo: Ese tumor no es maligno, hay que hacerle seguimiento para ver que no esté creciendo, lo vamos a controlar con medicamentos o también lo podemos extraer, eso es una decisión suya.

Pensar en una cirugía de cerebro no es lo más alentador, ya había pasado por una cirugía de corazón abierto y no quería que me tocaran otro órgano tan delicado, así que me decidí por continuar con los medicamentos.

Las convulsiones nunca desaparecieron en su totalidad, un buen día estando acostado en mi cama, en horas de la tarde, estaba esperando para salir a un cumpleaños cuando de repente me estaba levantando del piso, absolutamente desubicado, ya sabemos que pasó.

Una vez más cambiamos el medicamento e incrementamos las dosis, sin embargo las convulsiones nunca desaparecieron del todo, así que para diciembre del 2015 y aprovechando que mis padres estaban de viaje, le pedí una cita al doctor para poder ir solo y le dije: “programemos la cirugía”, definitivamente me quería quitar ese problema de encima lo antes posible.

Se organizó todo y nuevamente me enfrentaba a una cirugía delicada, en el momento de despedirme de mis familiares, algunos llorando, nos dimos abrazos y me desearon lo mejor. Allí en ese momento es donde mas calma se requiere y lleno de pensamientos positivos me empecé a organizar para la cirugía. Me llevaron en camilla hasta el quirófano y mientras todo el personal se preparaba para iniciar la cirugía les hice un par de comentarios graciosos, todo con el ánimo de bajar la tensión y mantener la calma hasta que me anestesiaran.

Me realizaron la cirugía y la recuperación fue satisfactoria.

Desde que era pequeño siempre me gustó la música y siempre quise cantar bien, nunca tuve el valor para decir que eso me gustaba porque me daba miedo ser objeto de burlas, así que lo mantuve muy en secreto hasta que teniendo esta nueva oportunidad de vida me cuestioné por qué nunca lo había hecho.

Me decidí por tomar clases particulares de técnica vocal en una academia de música y le metí muy buena energía para poder progresar. Ejercicios diarios y clases semanales, todo con una gran disciplina.

Después de un tiempo de clases, la academia organizó un evento, que es como una especie de presentación de trabajo final, dónde cada alumno prepara lo que ha venido estudiando. Con la ayuda de mi profesora nos dedicamos a trabajar una canción, por cierto difícil por sus notas agudas, y le trabajamos por cerca de 3 meses.

Mi gran ídolo en la música es Andrea Bocelli, además porque tengo un vínculo sentimental muy grande con él, pues mientras estaba en tratamientos de quimioterapia, cuando me encontraba indispuesto y no podía conciliar el sueño, me dedicaba a escucharlo. Aún hoy disfruto su primer disco como si lo estuviera escuchando por primera vez, realmente me mueve el alma.

Así que la canción que preparé fue una canción de Andrea Bocelli, que tal vez practiqué en la escuela y en casa más de un centenar de veces, no podía ser inferior al reto que tenía, además el sueño de mi vida estaba por realizarse, iba a tener un público, fuera pequeño o grande, que me iba a escuchar cantar, es decir, no solo me iban a escuchar cantar, que ya de por si era un sueño, además de eso iba a interpretar una hermosa canción de Andrea Bocelli, ¿que más le podía pedir a la vida?, quería moverle las fibras a los asistentes y hacerlos “erizar” con mi presentación.

¿Dónde estoy? Me preguntaba mientras me levantaba del suelo y me subía a la cama, ¿porqué estoy tan borracho?, todo me daba vueltas como si me hubiera pasado de copas, sentía un intenso olor a sangre así que prendí la luz. Sangre en la almohada, sangre en la cobija, y cuando miro al suelo un tremendo charco de sangre. ¿Y aquí que pasó?,  Me levanté como pude y fui al baño por un poco de papel para empezar a secar el piso, me di cuenta que estaba reventado en la boca y en la nariz cuando me miré al espejo, salí del baño y continué limpiando el cuarto. Frené las hemorragias y me recosté nuevamente para que se me pasara el mareo. 

Nuevamente una convulsión, esta vez fue más tenaz porque me caí de la cama y aterricé justamente sobre el cargador del celular con el que me abrí la boca.

A 24 horas del evento, me encontraba yo con la lengua mordida, la boca partida y la cara llena de morados. Algo que no había contado es que cada convulsión lo deja a uno con la lengua destrozada, la mordida es tan fuerte que quedan marcados, por varios días, cada uno de los dientes en la lengua, después de eso llegan las llagas que se quedan por 8 días más o menos.

En el transcurrir del día sábado tenía que tomar una decisión, pues se acercaba la hora del evento. Ya había escogido la ropa que iba a usar, ya tenía planeado lo que iba a decir, incluso como me debía mover por el escenario, pero había sufrido un accidente.

Sin mucho más que agregar, no iba a dejar pasar esa oportunidad que tenía, si era algo que tanto había soñado y a lo que le había invertido tanto tiempo, lo iba a hacer si o si.

Ese día me levanté y me apliqué remedios para las heridas y las llagas, al llegar la tarde le pedí a mi hermana un poco de maquillaje y cubrí los morados que tenía en la cara, obviamente no podía subir al escenario como un mostruo, calenté la voz, me apliqué unas cremas para la herida del labio y omití el dolor que tenía en la lengua. Con las manos sudorosas y la voz un poco temblorosa me subí al escenario y di lo mejor de mi. Podrá haber sido bonito o no, realmente no lo se, pero para mi fue toda una experiencia de superación en todos los aspectos y quedé absolutamente feliz.

Todo esto me lleva a una conclusión, en la vida nos tienen que mover las grandes pasiones y los pensamientos positivos, siempre de la mano de Dios y con una fe enorme.

Todo esto me lleva a una conclusión, en la vida nos tienen que mover las grandes pasiones y los pensamientos positivos, siempre de la mano de Dios y con una fe enorme. Clic para tuitear

Al día de hoy, nuevamente me cambiaron los medicamentos y parecen estar funcionando muy bien, por lo menos hasta ahora han sido los períodos mas largos libres de convulsiones.  Es probable que en el futuro me deban hacer otra cirugía en el cerebro y si es el caso lo haré con la misma actitud que me ha movido hasta ahora.

Continúo estudiando música, es un hobby que amo, de hecho estoy empezando a grabar un disco con el que quiero mostrar lo mejor de la música colombiana con un canto más lírico, ojalá lo pudiéramos exponer a nivel internacional, pues es un trabajo bastante interesante que ya inició y no se cuánto tiempo me va a tomar porque requiere de una inversión grande de tiempo y dinero, sin embargo ya se hizo la primera grabación y el resultado fue bastante satisfactorio. 

También me soñaba algún día grabar en un estudio y ya lo hice, otro sueño más realizado.

Tengo una empresa que lleva 9 años en el mercado y a eso dedico la mayor parte de mi tiempo, también tengo otra empresa en la cual fabrico y desarrollo helados, le maquilo a diferentes marcas y lo mejor de todo es que desarrollo mis propios sabores. He asistido a varios cursos de Gelateria y paletería entonces lo tengo como otro Hobby. En esa empresa he realizado cuanta cosas se imaginen, helados de leche, de agua, de yogurt, de licor, con sabores tradicionales y sabores de frutas exóticas o cosas muy particulares que me piden los clientes y yo personalmente hago las mezclas y se los desarrollo.

Dedico parte de mi tiempo libre a cantar, se que queda muchísimo por aprender, pero si miro atrás también veo progreso y he logrado cosas que ni siquiera imaginé que podía lograr.

Opino sobre política y defiendo con pasión mis posiciones que son las que considero que nos darían un mejor futuro a todos, no pienso solo en mí, pienso en el bienestar de todos y por eso me mantengo atento y vigilante de que las cosas en nuestro país marchen bien.

Escribo columnas para El Parche del Capuchino, como esta que acaban de leer y otras más que encontrarán en mi perfil.

Y mi cabeza no para, siempre estoy atento a que hay en el mercado, siempre me invento un proyecto nuevo, busco nuevos emprendimientos, nuevas sociedades y nuevas amistades y me disfruto la vida, me la gozo!

Así que a pesar de las adversidades, los que me conocen saben que soy una persona alegre, amable y respetuosa, pocos se imaginan las cosas que me ha tocado superar, pero si se dan cuenta de la buena energía que manejo, porque todo lo anterior me ha hecho una mejor persona.

Algunos podrán decir que yo he sido de malas por las que me han pasado. NO! de malas al que se le fue la vida quejándose por lo que no tenía o sintiendo que pequeños problemas eran un mundo y se dejó amargar su existir por ellos. 

Yo por el contrario me siento demasiado afortunado de tener la salud que tengo, la familia que tengo, los amigos que tengo y el trabajo que tengo. 

Me duele la gente que la está pasando mal y rezo por ellos todos los días, porque hay gente que vive situaciones muy complicadas.

A los que sufren por cosas pequeñas, estos dos escritos que he realizado les pueden cambiar la perspectiva, solo si se deciden a que eso suceda, porque nosotros no escogemos los problemas que nos van a llegar, pero si la forma y la actitud con la que los vamos a enfrentar.

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Nuevamente me despido diciéndoles, Ánimo, que si se puede!

Juan Manuel Jaramillo
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Doblemente ingeniero, orgullosamente paisa y enamorado de mi Colombia. Absolutamente agradecido con Álvaro Uribe Vélez por todo lo que hizo por Colombia, que además no me lo contaron, lo viví ! No me envolvía mucho en política hasta que en el 2011 vi que nuestro país se estaba desviando del camino de la prosperidad hacia un modelo fracasado, desde ese entonces columnista ocasional y twittero, defensor de la democracia.