Trastornados opositores de la aspersión

Jorge Pérez Solano

Jorge Pérez Solano

Trastornados opositores de la aspersión | Columna de Jorge Pérez Solano Clic para tuitear

No obstante, con la llegada del doblegante acuerdo habanero, retrocedimos a los años de los carteles, con el beneplácito de los hoy y vigentes patrocinadores de la no aspersión y de los intereses personales de… Clic para tuitear

Jorge Mario Pérez

Lo señalado hace algunas semanas por la Comisión Política de Drogas de EE.UU., en cuanto a la inviabilidad del Plan Colombia y su consecuente fracaso en la lucha contra el tráfico de drogas en nuestro país, ha despertado el embriagante festejo entre los defensores de distintas comunidades, como de redomados referentes – no todos -, muy allegados a las organizaciones disidentes y de reincorporados de las Farc, que con artimañas literales, intentan arropar de duda el proceso de participación y de garantías, entre estos y el gobierno, por la aparente falta de discusión presencial en las audiencias del próximo 19 de este mes en la ANLA, y que en efecto, corra la mala suerte de que no se defina la modificación del plan de manejo ambiental del programa de erradicación de cultivos ilícitos mediante aspersión aérea.

La discusión de los acérrimos amparadores de la no aspersión, es la ineficiencia de las fumigaciones, sus efectos perjudiciales y el escaso valor jurídico para su ejecución.

Sin embargo, no hay que olvidar que el Plan Colombia se consolido en 3 fases. Una en el fortalecimiento de la fuerza pública, el cual logró neutralizar, reducir y someter a millares de guerrilleros y estructuras criminales en cuestión de 10 años, pasando de 25 mil miembros subversivos, a tan solo 6000 mil.

Otra, era el fortalecimiento de la democracia y del desarrollo social, que por la escasa seguridad, no se mejoraba la institucionalidad regional, disminuyendo las acciones violentas de los grupos violentos en un 66% entre 2002 y 2015, es decir, de 357, pasamos a sólo 121.

Y por último, la iniciativa de desarrollo estratégico, como forma de consolidar las variables económicas de los municipios sometidos por la delincuencia, creando los programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Empleo en Acción, beneficiando a cerca de dos millones y medio de familias – hoy vigentes -, el cual permitió mitigar los efectos de la crisis económica de las localidades más pobre, con proyectos de subsidios de salud, educación y nutrición, y con notable trascendencia en estos tiempos de pandemia, que igualmente contribuyó frente al enorme faltante en la caja para estos efectos.

De igual manera, del año 2000 al 2010, la siembra en el país de cultivos de coca, pasó de 163.000 a 69.000 hectáreas, mediante la erradicación manual y la aspersión. Asimismo, la incautación de toneladas de cocaína, por los acechados golpes que propinaba la fuerza pública, y que nos permitió estar por fuera de los escenarios de producción y distribución potencial del alcaloide.

No obstante, con la llegada del doblegante acuerdo habanero, retrocedimos a los años de los carteles, con el beneplácito de los hoy y vigentes patrocinadores de la no aspersión y de los intereses personales de quienes entregaron en nombre de la utópica paz, infinidades de razones para sostener el contubernio delictivo de asociaciones políticas ya conocidas con condecoraciones, en perjuicio del desgraciado infortunio de los que si bien se oponen con sobradas razones como verdaderas víctimas, frente a las formas en que los criminales acechan los territorios y los siguen acechando.

El problema no está en los costos de las fumigaciones para reducir los cultivos, ni en los estudios que algunas organizaciones establecen frente a las áreas asperjadas, ni mucho menos en las necesarias materialidades de los que siembran la coca con respecto al valor ancestral de la mata, sino en las aspiraciones superiores que se detentan en contravía de la legalidad, importando ya no la presencia estatal, ni las sanciones, porque los departamentos y municipios cocaleros ostentan su propia disposición, dentro de la mentecata constitución de su contexto tradicional en sus actividades sociales, económicas y culturales.

De la misma forma, ese caballito de que la fumigación con glifosato, está relacionado con el cáncer, es otra de las inhóspitas conclusiones a las que han llegado los que defienden y buscan la licencia de legalización como acción inmediata para resolver el combustible del tráfico de estupefacientes, lo cual, tal como lo ha señalado la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificándolo como un químico que probablemente lo genera, pero no es definitivo a la hora de determinar esa patología.

A este tenor, algunos han sustentado que la posibilidad de la aspersión dentro del marco legal, tal como lo señaló la Corte en decisión T-236/17, debe ceñirse a los estándares y directrices internacionales, bajo el respeto de la vida humana y el medio ambiente, siendo contradictorio defender la no aspersión, en contravía del enorme silencio y la delegación de responsabilidades cuando asesinan líderes sociales, destruyen bosques y contaminan los ríos los ya conocidos agentes de la criminalidad.

Sobran los hechos, de que mientras el gobierno busca detener el aumento indiscriminado de la violencia en las zonas donde existe un control de bandas criminales, los trastornados embajadores de la no aspersión, intentan a toda costa generar en el seno del nuevo gobierno americano y de la justicia colombiana, enrarecer las relaciones y someter el control estatal a vaivén del frustrado pasado de las épocas universitarias de los 70 y 80, donde se creía que todo se resolvía con un porro.

Los trastornados embajadores de la no aspersión, intentan a toda costa generar en el seno del nuevo gobierno americano y de la justicia colombiana, enrarecer las relaciones y someter el control estatal a vaivén del… Clic para tuitear

Más allá de todo este bloqueo que han propendido lo enemigos de éste cuatrienio, olvidan también, la falta de la administración de justicia en esos territorios, sin que hagan presencia cuando los organismos de policía y el ejército intentan capturar a los capos, viéndose expuestos estos últimos, a la oposición que hace la misma gente con los que alimentan el conflicto.

Entonces así, el problema no es coyuntural, ni de las políticas de drogas, ni del desatinado boicot con que en leguleyadas intentan algunos en contra de las fumigaciones, sino de las estructuras poblacionales que llevan décadas haciendo a sus anchas, a sabiendas que el estado no tiene presencia y menos que desea tomar control de la zona por miedo a una tragedia de incalculables proporciones por intentar respetar la independencia de esas franjas autónomas.

El problema no es coyuntural, ni de las políticas de drogas, ni del desatinado boicot con que en leguleyadas intentan algunos en contra de las fumigaciones, sino de las estructuras poblacionales que llevan décadas… Clic para tuitear

Bien decía Mario Vargas Llosa:

“para millones de personas las drogas sirven hoy, como las religiones y la alta cultura, para aplacar las dudas y perplejidades sobre la condición humana, la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia”.

JORGE MARIO PEREZ SOLANO
Acerca de JORGE MARIO PEREZ SOLANO 45 Articles
Abogado,Especialista En Derecho Administrativo, ha sido asesor y consultor en el sector nacional y territorial socio en Safey & Lawyers SAS - Bogota. Fue columnista en el hoy diario del magdalena, bloguero en kienyke,columnista en seguimiento.co. Samario de nacimiento,Barranquillero y Bogotano por adopción;su domicilio y residencia están en Bogotá y Barranquilla