Un mal llamado impunidad

César Augusto Betancourt Restrepo

Columnista
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Continuamente nos enteramos a través de los medios de comunicación cómo muchas veces la Fiscalía pierde casos en los estrados judiciales, esto a raíz de malos procedimientos, falta de contundencia en las evidencias, o fallas en la labor investigativa, por lo que los jueces al final no tienen más alternativa que dejar a los evidentes delincuentes, libres. 

Otro factor de impunidad es obviamente la corrupción, que muchas veces llega directamente a los jueces, y en otras a los entes investigadores, con lo que se prolonga la agonía de la impunidad. 

Esto tiene varios efectos en la sociedad, pero tal vez el más importante sea que ésta pierda la fe en las instituciones encargadas de impartir justicia, de castigar a los delincuentes y de preservar el orden público. 

Cuando esto ocurre, por un lado se pierde la fe en el país (y sus instituciones), y por el otro se alienta a que los criminales sigan cometiendo sus fechorías, pues al final la impunidad estará al alcance. 

Otro factor de impunidad es obviamente la corrupción, que muchas veces llega directamente a los jueces, y en otras a los entes investigadores, con lo que se prolonga la agonía de la impunidad. Clic para tuitear

Dentro de las sociedades el castigo justo es esencial, porque delimita las acciones de quienes hacen parte de la sociedad, crea un marco moral y ético individual, es ejemplarizante para que otros no sigan por malos pasos y resarce a las víctimas. Cuando el castigo no existe o no es proporcional al daño causado, la justicia se convierte en un chiste, en algo sin sentido real, en un elemento decorativo que indigna a la comunidad, y con toda razón. 

Por ejemplo, cuando el Alcalde Federico Gutiérrez recibió Medellín, el esclarecimiento de homicidios en ese entonces era de apenas 10%, es decir, había un 90% de impunidad rampante. Hoy gracias a la articulación entre la Secretaría de Seguridad, la Fiscalía y la Policía, esa cifra ha llegado hasta el 24%. Sigue siendo baja, pero indudablemente es un avance importante, que ojalá el sucesor de Federico refuerce y potencie. 

En igual sentido, desde el día cero la Alcaldía de Federico le planteó la guerra a los Grupos Delincuenciales Organizados y fruto de ello, más de 300 cabecillas de nivel directivo y dinamizador están hoy en prisión. No obstante, muchos de ellos enfrentan penas risibles, por lo que el mismo Alcalde ha pedido extradición exprés contra estos maleantes, sin embargo esta petición no ha tenido eco en la justicia. 

De igual forma, el sistema penitenciario en Colombia es precario, y volviendo nuevamente al caso de Medellín, el Alcalde Gutiérrez ha alertado que desde la cárcel siguen delinquiendo los criminales ya apresados. 

El caso de Medellín se repite sin cesar por todo el territorio colombiano, e incluso es peor en otras partes, pues al menos en la capital de Antioquia existe la decisión política de atacar de frente a la criminalidad, cosa que no ocurre en otros municipios. 

¿Qué alternativas puede haber para corregir este gran malestar que vive nuestro país? Primero debemos tener unos órganos de inteligencia y contrainteligencia que sean altamente efectivos para poder recaudar todas las pruebas contra los criminales y que el resultado final sea un castigo ejemplar. En igual sentido, limpiar las propias instituciones de quienes ya le hayan vendido el alma al diablo. 

Esto implica dotar a la Fuerza Pública, al DNI y a la Fiscalía (CTI) de equipos, incentivos y recursos. Los maleantes deben sentir que la autoridad está respirándoles en la nuca, y la autoridad en efecto tiene que estar un paso delante de ellos. 

Pero para que esto funcione debe haber la decisión política de descentralizar los recursos. Hoy hay que pedir autorización a Bogotá para traer equipos y hacerle los seguimientos a las estructuras criminales. ¿Qué sentido tiene eso? Eso termina siendo un factor entorpecedor en la investigación criminal. Ya es hora de ir superando el centralismo retardatario que vive el país. 

También implica construir relaciones de confianza con la comunidad ¿Por qué? Porque ésta termina siendo la fuente principal de información para que la Fuerza Pública actúe. Es decir, hay que crear una fuerte red ciudadana contra la criminalidad que trabaje de la mano con las autoridades. 

De otro lado, se necesita articulación entre los diferentes organismos y cuerpos élites de la Fuerza Pública para crear sinergia y tener resultados más efectivos, y creo que para esta articulación, se deberían crear seccionales regionales o departamentales de la Dirección Nacional de Inteligencia –DNI-. 

Otra de las acciones concretas que se pueden realizar para avanzar hacia el castigo ejemplar de los criminales es una reforma urgente al sistema penitenciario en Colombia, para evitar que las prisiones sean antros de corrupción y delincuencia, y avancen hacia verdaderos centros determinados a doblegar, y de ser necesario, quebrar el espíritu criminal. 

Leer: Quebrar el espíritu del criminal https://www.elparchedelcapuchino.com/quebrar-el-espiritu-del-criminal/

Adicionalmente, urge avanzar en la descongestión por la que atraviesa el Sistema Judicial en Colombia, y esto implica, desde generar nuevas tecnologías para hacer más eficiente el proceso, hasta aumentar la capacitación y preparación de los jueces, e incluso aumentar el número de jueces para evitar que el cuello de botella que hoy tenemos se siga expandiendo. 

Finalmente, es necesario que el sistema de denuncias sean muchos más amigable y cercana con la población, y para esto nos podemos ayudar de las nuevas tecnologías, pero también en acercar la Fiscalía a la gente, por ejemplo, tener diferentes lugares en la ciudad para que las personas se puedan acercar y entablar sus denuncias, y que éstas sean ágiles. 

Una sociedad que no castiga los crímenes es una sociedad destinada a labrar su destino en tierra muerta, y no acepto ese concepto de que el castigo es sinónimo de venganza. Si equiparamos la justicia con la venganza estaremos generando las condiciones para que la violencia se perpetúe, se expanda y se enquiste aún más en la sociedad colombiana. 

Una sociedad que no castiga los crímenes es una sociedad destinada a labrar su destino en tierra muerta, y no acepto ese concepto de que el castigo es sinónimo de venganza. Clic para tuitear
PD: La justicia también tiene efectos psicológicos en las masas ¿Qué puede pensar el pueblo al ver que a los peores criminales de la historia del país los recompensan con curules en el Congreso, espacio en medios de comunicación, amnistía o indulto, la oportunidad de aspirar a la Presidencia de la República, y demás gabelas?

César Augusto Betancourt Restrepo
Acerca de César Augusto Betancourt Restrepo 72 Articles
Soy Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista hasta los tuétanos, ciclista amateur enamorado de Medellín y admirador de Oscar Wilde, Freddy Mercury y Salvador Dalí. Escribo con alma, vida y sombrero. #DogLover #MejorEnBici