¿Un nuevo Frente Nacional?

Orlando Abello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

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Quienes iniciamos la actividad política durante la vigencia del Frente Nacional, nunca nos sentimos cómodos (así resultáramos “beneficiarios” del mismo), con ese modelo de democracia restringida que autorizaba la participación de los llamados partidos históricos, el Liberal y el Conservador, en la conformación de las tres ramas del poder público, y su alternancia en la cabeza del ejecutivo; y a la vez excluía del ejercicio político por mandato constitucional a los demás partidos.

Se nos enseñó – y optamos por justificarlo- que la novedosa arquitectura constitucional, de carácter transitorio, obedeció a una coyuntura histórica en la que había que detener el baño de sangre producido por la violencia política entre liberales y conservadores, y poner fin a la dictadura militar que se había instalado en el país durante 4 años (1953-1957).

Así fue, como, Laureano Gómez, quien había sido derrocado de la presidencia de la república por el golpe de estado  propiciado por el general Gustavo Rojas Pinilla, se reunió el 20 de julio de 1957 en Sitges (España) para signar con su contradictor político, Alberto Lleras Camargo, el pacto que dio origen a la convocatoria del plebiscito que legitimó la instauración del Frente Nacional.

Se nos enseñó – y optamos por justificarlo- que la novedosa arquitectura constitucional, de carácter transitorio, obedeció a una coyuntura histórica en la que había que detener el baño de sangre Clic para tuitear

Este pacto confirmó y desarrolló lo que poco antes, el 20 de marzo de 1957, habían acordado los mismos signatarios en la ciudad de Benidorm (España).

¿El remedio fue peor que la enfermedad?

Si bien es cierto que el Frente Nacional terminó con la violencia entre liberales y conservadores, no es menos cierto que la constitucionalización del  bipartidismo, la paridad política y la alternancia en el poder durante 16 años, convirtió el ejercicio de la política en una simple y denigrante distribución de puestos y contratos, preludio de lo que hoy se conoce como “mermelada”.

Esa “mermelada”, justo es reconocerlo,  ausente actualmente en el  relacionamiento del ejecutivo con el congreso, pero muy añorada  por la casi totalidad de los partidos representados en el escenario político nacional.

Pareciera que el prolongado consumo del “apetecido dulce” y la suspensión intempestiva del mismo por parte del presidente Duque, hubiese causado un síndrome de abstinencia que impide a los “padres de la patria” pensar con claridad y actuar con sindéresis en momentos en que la historia los conmina a ello, so pena de caer en las garras del populismo de izquierda que nos acecha con la consabida táctica de combinar todas las formas de lucha.

¿Hacia un nuevo relacionamiento político con el Congreso y las Cortes?

Con ocasión del primer año del gobierno del presidente Duque, hemos visto “pasar al tablero”, a través de los medios de comunicación, al propio presidente y a sus ministros.

Sin duda el balance en todos los campos es positivo, pero la comunicación de sus ejecutorias a la opinión nacional muy pobre. Los mismos medios, que ahora pasan al pizarrón a los ministros, han desvirtuado sistemáticamente sus logros y han magnificado sus errores.

De una parte, al parecer, el presidente Duque no es muy receptivo a los concejos de sus verdaderos amigos, y  muy condescendiente con las opiniones de los camuflados del anterior gobierno que lo rondan en su cercana esfera. Su buena fe y su decencia es tomada por sus agresores como un signo de debilidad e inexperiencia, y arrecian contra él abierta o solapadamente.

Tal vez se requiera ministros con el conocimiento técnico de la mayoría de los actuales, pero con el peso político de pocos de ellos.

Sin herir susceptibilidades, y sólo por vía de ejemplo, el canciller Trujillo, la nueva ministra de justicia Cabello y el consejero político Amín, son una muestra del talante que deberían tener todos los ministros.

 Quizá si a éstos se les asigna un rol más determinante en el relacionamiento con las otras ramas del poder, podría rescatarse el principio constitucional que prevé la colaboración armónica entre las ramas del poder público, sin tener que acudir a la indeseable expresión latina: “Do ut des” (doy para que des). 

De otra parte, ¿quien mejor que el ex presidente y actual senador Álvaro Uribe,  -con su demostrado patriotismo- para guiar los pasos de su copartidario y amigo?. Sabemos, claro, que Uribe no va a buscarlo, si no lo buscan. Su respeto por el fuero presidencial se lo impide.

Pero el presidente Duque sí podría servirse de su experiencia y recibir su valioso concejo para conducir el barco en este mar tormentas plagado de tormentas e infectado de tiburones.

Se acercan pruebas de fuego para mantener el debido equilibrio institucional: la elección de Fiscal General de la Nación; la designación de Registrador Nacional del Estado Civil; y las Elecciones Regionales.

La forma como se conduzcan estos procesos y el resultado de los mismos marcará, en grado superlativo, la estabilidad política del resto del período presidencial. Tenemos un excelente estadista en la dirección del estado, pero la tripulación no ayuda mucho. 

Las elecciones a realizarse en Octubre  próximo serán el rasero con que se medirá al presidente Duque. Una derrota del partido de gobierno y de la coalición que lo acompaña, sería desastrosa.

Los dineros provenientes de las 220 mil hectáreas de coca –herencia  maldita de los actores del pacto de la Habana-  podrían inundar, si no lo evitamos, las arcas de los partidos y movimientos afines a esa causa y distorsionar el mapa político regional.

Quienes somos parte de la generación del Frente Nacional, no queremos que se repita esa experiencia fallida, por las razones expuestas.

Pero sí instamos a las fuerzas vivas del país y a la ciudadanía a la construcción de  un gran pacto por la democracia que cierre las puertas del Palacio de Nariño a los invasores del Palacio de Miraflores.

Pero sí instamos a las fuerzas vivas del país y a la ciudadanía a la construcción de un gran pacto por la democracia que cierre las puertas del Palacio de Nariño a los invasores del Palacio de Miraflores. Clic para tuitear
Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 11 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.