Un Oprobioso Presente – Radiografía de Colombia

Juan Camilo Vargas

@JuanCVargas98 

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Hace un par de semanas recibí una llamada de quien otrora se desempeñara como escritor en este Parche, un amigo al que con aprecio saludé y con quien sostuve una amena conversación acerca del Santo Padre emérito Benedicto XVI. Una vez concluyó el tema eclesiástico, el acusado inquirió acerca de Colombia, de la situación, de los pormenores y detalles que engrandecen o enflaquecen la Patria, recordándome la figura de el irlandés James Napper Tandy, quien a la distancia procuraba siempre mantenerse al tanto de su amada Irlanda. No podía precipitarme a darle una respuesta, hubiese sido algo inapropiado y apresurado, por no decir irresponsable, pues apenas llevaba unos días en Colombia y no consideraba idóneo hacer una radiografía bajo esas limitaciones. Concluimos, entonces, que al cabo de unos días le proporcionaría una completa y juiciosa idea de lo que aquí he experimentado.

Y qué mejor manera de responderle, pensé, que a través de una especie de columna y carta en donde narre mis impresiones acerca de la Patria.

En primer lugar, considero importante abordar la cuestión espiritual, pues, antes que nada, e incluso antes que todo, se encuentra eso precisamente; el espíritu. En Colombia, históricamente un heredero en la defensa de los dogmas Católicos que antaño propagara el Imperio Español, no quedan más que los vestigios y cenizas de esa profunda creencia en la Iglesia Universal. Si bien aún se conserva la esencia del Catolicismo en algunos lugares de la geografía nacional, no son más que reductos muy dados al anonimato a los que sólo acuden quienes no temen ser tachados o tildados, erróneamente, de fundamentalistas y extremistas religiosos. Esto, desafortunadamente, ha generado una crisis, un vacío espiritual, que ha sido reemplazado por el nihilismo y los placeres materiales que nunca dejan de faltar. Me he dado cuenta también, de que, aunque no falten Rosarios en los cuellos, Iglesias llenas en la Misa dominical, e incluso pequeños altares a la Santísima Virgen por doquier, todo se hace más por costumbre y tradición que por una verdadera y auténtica Fe. Esto se explica en las largas jornadas laborales que los colombianos del común deben experimentar, saliendo muy temprano de sus hogares, cuando ni siquiera ha salido el sol, y de igual manera llegando a ellos cuando ya se ha puesto el mismo. Las personas se pierden en el ajetreo que conlleva el día a día, y sus mentes, ensimismadas en misiones personales, no contemplan el ningún momento los importantes temas espirituales que cada hombre debería cuestionar. Incluso dentro de los círculos del protestantismo evangélico que cada vez se nutre más en nuestro País, para detrimento de nuestra pontificia Iglesia que no opone resistencia, no encuentro la convicción y los valores que antes admiraba y destacaba en estos hermanos Cristianos que vivían lo que predicaban.

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Un tema que ha sido una de mis profundas decepciones, aunque a la vez uno de los que me motiva y da esperanza, no es otro que el de la juventud en Colombia. Poseemos una juventud que tiene potencial para hacer cambios, aunque sólo sea cuando verdaderamente se lo proponen y con genuino interés lo hacen de manera positiva. Desafortunadamente, gran parte de sus esfuerzos y proyectos no trascienden las ambiciones personales y el sentido de comunidad no existe entre ellos. Grandes porciones de su tiempo son dedicadas al vacío ocio que tanto mal les hace, enredándolos en protestas sin razón de ser, problemas de alcoholismo, drogadicción y problemas psicológicos que hace veinte años era impensable encontrar. En muchas ocasiones aquellos que posan de conservadores caen en ese mismo camino de los vicios y los placeres que abundan por montones y para los que sólo hacen falta unos cuantos miles de pesos. La oquedad de esta juventud no puede menos que dejarme pasmado, estupefacto ante el profundo adormecimiento que padecen sus espíritus sin ambiciones, entregándose sólo a Baco y viviendo una especie de provincialismo mental que les cercena el deseo de grandeza. Sin embargo, tengo esperanza en unos pocos entendimientos que he tenido la fortuna de conocer y que, seguramente, son una bendición para dar luz a tanta oscuridad rampante en nuestra Patria. Como en todo, hay excepciones, y en este caso hay unas que me proporcionan la necesaria esperanza para no abandonar la causa. He podido conocer brillantes y ejemplares jóvenes que, sin que haya lugar para la duda, estarán encargados de dirigir los designios de Colombia en algunos años. Sus ejemplares y virtuosas vidas serán dignas de emular.

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Como ya lo denunciaran Spengler, Evola, Guénon y otros tantos autores brillantes, Occidente decae y muere. No es para nadie un secreto que aquí en Colombia se plasma esa idea cada día, con una República que tambalea y en donde la «Libertad y Orden» que lleva nuestro escudo se presentan más como libertinaje y caos. La constante y creciente inseguridad en las urbes, en las vías nacional, e incluso en las áreas rurales, la filosofía del hacer lo que venga en gana, el querer aventajar la ley, la ausencia de un fervoroso Patriotismo, el gobierno triunfal de las masas que tanto cuestionó Ortega y Gasset, en fin, como lo puso un buen amigo al darme su opinión acerca de este mismo tema: «un País inviable». Las personas repudian la política, esto genera una crisis de ciudadanía en la que no hay preparación para asumir los retos que demanda nuestra democracia liberal, termina por triunfar una mojigatería con cada nuevo escándalo, con cada nuevo proceso, con cada nueva caída.

Sin embargo, hay esperanza.

Como ya lo dijo el mártir Álvaro Gómez, a pesar de todo esto, aún «¡creo que se puede!». Sin duda hay miles de problemas, pero para cada uno de ellos también existen millones de fórmulas y soluciones. Mientras que haya corazones con convicción, aquí podrán darse las cosas de manera positiva y logrará salir la Patria adelante, eso sí, es tarea titánica y nada sencilla. Y ya lo decía el gran caldense Gilberto Alzate, «los titanes no se producen en serie». Hay mucho por hacer y mucho por enmendar, sólo algunos estarán a la altura de esta tarea.

Mientras que haya corazones con convicción, aquí podrán darse las cosas de manera positiva y logrará salir la Patria adelante, eso sí, es tarea titánica y nada sencilla. Clic para tuitear

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Acerca de Juan Camilo Vargas 38 Articles
Joven santandereano de nacimiento, Huilense por adopción. Estudiante de Política e Historia en Hillsdale College, ubicado en Michigan, Estados Unidos. Ganador de las becas “Hillsdale Merit Scholarship”, “Weber International Private Enterprise Scholarship” y “Gogel Scholarship, Werner J & Mar”. Caballero Andante, poeta inquieto, enemigo de la corrección política y defensor de la tradición moral y las buenas costumbres. Haciendo Patria